Sexo y embarazo II

Nos ha llamado la atención leer en uno de tus posts: “pocas cosas me dan tanta grima como ver una embarazada y saber todo lo que el bombo acarrea” (a nivel de efectos físicos). ¿La maternidad no es para ti?”, me pregunta de la periodista de Introversión durante la entrevista que me hace y que se publicará en noviembre. A lo que yo respondo:

Últimamente me han hecho unas mil veces esta pregunta, y a mis amigas, también: ¿acaso por ser mujer has de estar interesada forzosamente en parir? Me gustan los niños y se me dan muy bien, de hecho. Me fascinan casi todos los seres vivos, los cuido y los respeto, pero no me hace falta parir para “realizarme” y me reafirmo en lo que publiqué: personalmente, me da mucha grima la imagen de las embarazadas. Y, amén de lo puramente estético, conociendo los cambios hormonales, así como el proceso que implica el embarazo y el parto, creo que no me interesa en absoluto vivir todo eso. Me he dado cuenta de que las mujeres se dejan llevar por la inercia… Muchas no se plantean realmente si quieren ser madres, ni saben lo que les espera, ni reflexionan seria y conscientemente acerca de la responsabilidad que asumen, tan a la ligera y sin servir para ello. Encuentro que es muy serio el papel de educar, cuidar y traer a este mundo a otro ser humano“.

Y habría seguido con otras reflexiones, como la de que muchas paren porque comprenden, al final, que la vida es una mierda, y que ni irse de viaje, ni comprar, ni trabajar, ni beber, ni el sexo, ni… ni nada las llena eternamente, y creen que el papel ese tan promocionado de “madre” les dará un sentido vital. Otras porque es maravilloso -creen- sentirse necesarias. Sí, ésa es la razón: hacerse cargo de un ser indefenso que se muere como un tamagochi si no lo cuidas las 24 horas, un bebé te mantiene ocupadas las neuronas y evita que te dé un ataque de nihilismo y/o te obliga a no beber delante del nene cuando lo sufras… Algunas lo hacen para asegurarse la manutención en caso de divorcio. O para arreglar digo parchear un matrimonio roto de por sí… Y habría rematado con un comentario letal acerca del espanto que fue ver a una Shakira sobre el escenario, gorda como un obús, y habría explicado lo que pienso que puede estar pensando Piqué, ese chulo entre los chulos, ese guapo entre los guapos, ese tremendo entre los tremendos… Y entonces, la periodista habría cortado la charla y habría buscado una entrevistada más políticamemte correcta.

Dicho lo cual, les hablaré del sexo y del embarazo, conjuntamente, no en plan “causa consecuencia”… o crimen y castigo, como gusten, o como gusto yo.

La forma en que se desarrollan las relaciones sexuales durante la gestación pueden verse alteradas, y no sólo por la falta de deseo o la insaciabilidad sobrevenidas. Por ejemplo, se producen curiosos efectos “paranormales” que pueden ir asociados, como la secreción de leche por los pezones durante el orgasmo.

Algunas posiciones resultan menos convenientes durante la gestación, y los gustos y preferencias de la embarazada serán distintos. Me explico. Los sentidos del olfato y del gusto de la mujer embarazada se alteran, pudiendo volverse extremadamente agudos. Quizá en este período ciertos olores o sabores le resulten insoportables. Le ocurrirá con el cuerpo de su pareja y con los alimentos, los lugares, las colonias… No es personal, pero puede suceder que no soporte practicar una felación, por ejemplo. Por otro lado, lo que va siendo cada vez más grande es su vientre. Ella dejará poco a poco de dormir boca arriba, lo cual se explica para evitar peso del útero en crecimiento oprima vasos sanguíneos importantes, por lo tanto, la posición del misionero se desaconseja a partir del cuarto mes aproximadamente (es importante que él no cargue su peso sobre ella). Se pueden realizar las posiciones de lado –cucharas-, de ella encima y de él desde atrás.

Otros cambios: es importante saber que los labios vulvares y la vagina están más voluminosos y las secreciones vaginales serán más abundantes, lo que incrementa la lubricación, provocando sensaciones distintas.

Notas acerca del sexo durante el embarazo

Practicar relaciones con penetración vaginal ejercita y ayuda a mantener tonificados los músculos que intervendrán en el parto (entre otras cuestiones, por las contracciones que se producen durante el orgasmo). Sin embargo, lo mismo que hay que evitar los ejercicios violentos, deportes de competición o que produzcan fatiga, habrá de realizar “concesiones”, como prescindir prácticas sexuales extremas (sadomasoquismo, por ejemplo) y suprimir las drogas, alcohol o estimulantes químicos, caso de que para el sexo se recurra a ellos. Se aconseja evitar las relaciones sexuales durante el último mes antes del parto por el posible peligro de infección y rotura prematura de la bolsa de aguas.

Cuando una pareja ha buscado el embarazo durante mucho tiempo, habrá atravesado por el calvario de hacerlo siempre en la fecha adecuada, midiendo la temperatura corporal adecuada, colocándose en postura adecuada… Cuando se ha logrado, poder disfrutar de la relación de un modo espontáneo será un alivio.

El hecho de abordar juntos y voluntariamente un proyecto de vida como es traer un hijo al mundo acerca a muchas parejas. A los embarazos se les debe agradecer que muchos hombres presten a sus parejas otro tipo de atención, que se comporten de un modo más romántico, que descubran las caricias, que despierten la sensualidad, la ternura y hasta el amor -¡a estas alturas!-, muchas veces.

En esta fase, como en cada ocasión en que dos personas van a unir sus cuerpos, lo ideal es la comunicación honesta, con enormes dosis de humor y comprensión.

Aunque parece, de nuevo, un atentado contra el sentido común del lector, prefiero insistir en el asunto de la prevención de ETS. No todas las mujeres llevan a término su embarazo con una pareja estable y maravillosa con la que camina de la manita y que asiste feliz y dispuesto a las clases de preparación del parto (no es por desconfiar, ni por crear paranoia, pero ojito con las canas al aire de los maridos). Dicho lo cual, recupero otra idea: evitar la promiscuidad es una de las mejores formas de prevención y, en cualquier caso, siempre que una embarazada mantenga relaciones con alguien “no-de-absoluta-confianza” debe utilizar preservativo.