Sexo y embarazo

Mareos y vómitos, malestar, inflamación de extremidades, dolores articulares, problemas dentales, aumento de peso, diabetes, hinchazón abdominal, hipersensibilidad en los pechos, aversión a ciertos olores, ganas frecuentes de orinar, pérdidas de sangre, agotamiento… además de hemorroides. Podrían ser, perfectamente, los síntomas del ébola, pero no. ¡Son los del embarazo! Y así, descrito por sus efectos secundarios, es como yo lo veo. De verdad lo digo: pocas cosas me dan tanta grima como ver una embarazada y saber todo lo que el bombo acarrea, porque aún no he mencionado la diversión que debe producir que te peguen el tajo en la vagina (episiotomía) y la docena de puntos de sutura que hacen falta, ni la aguja gigante de la anestesia que te clavan en la columna, ni la elegancia del momento ordeñadora, digo sacaleche.

Sinceramente, a mí todo esto me parece una m… aravilla, por supuesto, y por eso, en mi domicilio sólo crío gatos persas y modelos masculinos (cuando vean este vídeo no me den las gracias, y compréndanme: soy más Peter Pan que mala gente). Que yo lo deteste, no significa que durante los 9 meses (u 8 ó 7 que dura) no se den las relaciones sexuales. Hablemos de sexo y embarazo.

Salvo que el médico así lo desaconseje, puedes mantener relaciones durante la gestación. Recuerda: estás embarazada, no muerta.

Que las embarazadas no deben mantener relaciones sexuales constituye una de las grandes mentiras que se han instalado en la conciencia popular. La mentalidad de casi todos está más que empapada de pensamientos de todo tipo -excepto eróticos-, cuando se baraja el concepto “futura mamá”: candor, dadora de vida, responsabilidad, dulzura, educadora, modelo a seguir… Bueno, pues las mamás también tienen relaciones. Salvo complicaciones -en los embarazos de alto riesgo las precauciones habrán de ser especiales, y el médico que siga la gestación las señalará y tendrá en cuenta-, las relaciones sexuales no dañan al bebé, ni provocan abortos. Por otro lado -perdón si alguien encuentra que con esta puntualización insulto su inteligencia- el feto, por supuesto, no “escucha”. ¿Alguien recuerda cómo se lo montaban sus padres durante aquellos meses? Y acerca de si a la embarazada le hará daño o le causará molestias, pues parece que más bien al revés…

Cierto es que muchas mujeres embarazadas pierden el interés de modo radical por el sexo: se debe al agotamiento permanente, a la sensación de tener sueño siempre; y también al rechazo de su nueva figura y a la vergüenza de mostrarse desnudas ante su pareja por los cambios que su cuerpo está experimentando: en semanas se despide de un vientre de aspecto “normal”, delgado o incluso atlético, y contempla atónita que se le pone una barriga como la del Buda Feliz… Sin que sea consuelo (para ellos), esta situación no se prolonga eternamente, sino sólo hasta unos meses después del parto.

¿Y las demás? Pues a las demás, le sucede todo lo contrario. Precisamente esos cambios físicos (tener más pecho, verse más voluptuosas y aceptar que se trata de algo pasajero) las hace sentirse más atractivas que nunca. Esto se suma a las descargas hormonales que se producen durante el embarazo. En algunas, se desencadenan estados de desesperación y de tristeza por los que se deshacen en lágrimas, mientras que a otras, por eso mismo, la libido les estalla. Muchas (y sus parejas) disfrutan durante esos nueve meses –o alguno menos, descontemos los del malestar, vómitos, mareos y el postparto…- del mejor sexo de toda su relación. Eso sí, depende, más que de ella, de la actitud de él. Por la mente de una futura madre pueden atravesar –y de hecho lo hacen- pensamientos fugaces de toda índole: ascéticos (“las madres no hacen estas cosas”), de preocupación (“¿le hará daño al bebé?”, insisto: cualquier manual sobre maternidad o el médico informarán de las posiciones y momentos arriesgados), negativos (como querer asesinar a todas las que pueden meterse en la talla 36, sentir mucha inseguridad ante su pareja y odiarse a sí misma por su nuevo aspecto), de pánico y ansiedad (“esto es demasiada responsabilidad”; “¿será feliz?”, “¿nacerá sano?”, “¿cómo me irá en el parto?”). En esos miles de momentos de flaqueza, es crucial cómo él la haga sentirse, y si logran, juntos, considerar que el hecho de traer un hijo al mundo sea una especie de “fenómeno global”, con un montón de efectos maravillosos asociados –incluido el de su vientre redondeado-.

A muchos hombres les vuelven locos las embarazadas, no en vano hay todo un género pornográfico dedicado a este tipo de prácticas. El lado parafílico, denominado maieusiofilia describe una perversión sexual muy popular que consiste en excitarse viendo mujeres embarazadas, y se conecta con la lactafilia: excitación por los pechos en periodo de amantamiento. Otra parafilia sería la cyesolagnia: la excitación sexual sólo con embarazadas.