Las Mil y Una Noches II

En las islas de India y China, uno de los reyes de Sassán tenía dos hijos, heroicos jinetes, de gran valía. Shariar era el mayor. El otro, llamado Shazamán, reinaba en Samarcanda Al-Ajam. Ambos gobernaron con justicia y procuraron desarrollo y florecimiento para sus reinos. Un día, Shariar sintió deseo de ver a su hermano. Envió a su visir a buscarle con orden de que volviera con él. Shazamán recibió con alegría la invitación de su hermano y dispuso los preparativos para su partida. Iniciada la marcha, se dio cuenta de que se había olvidado el regalo que quería entregarle a Shariar, y retornó a su palacio en mitad de la noche. <<Cuál no fue su sorpresa que halló a su esposa, la reina, en el lecho abrazada a un esclavo negro. Presa de la ira, desenvainó su alfanje y acometiendo a ambos, los dejó muertos sobre el lecho>>. De inmediato, ordenó reanudar la marcha, viajando toda la noche hasta avistar la ciudad de su hermano. A pesar de los festejos y de la acogida que le proporcionaron, Shazamán recordaba la aventura de su esposa y <<una nube de tristeza le velaba el rostro. Su tez había empalidecido y su cuerpo se había debilitado>>. Viéndolo así, el rey Shariar organizó una cacería pensando que le alegraría. Sin embargo, Shariar partió solo porque Shazamán no quiso acompañarle y permaneció en palacio. Asomado a una de las ventanas que daban a los jardines, contempló cómo aparecían veinte esclavas y veinte esclavos junto con la reina, la esposa de su hermano. <<Al llegar al estanque, se desnudaron todos y se mezclaron. La reina, súbitamente gritó: <<¡Oh, Massaud!>>, y enseguida se acercó a ella un robusto esclavo negro, que la abrazó. Ella se abrazó también a él, y entonces <<el negro la echó al suelo, boca arriba y la gozó. A tal señal, los esclavos hicieron lo mismo con las mujeres. Y así siguieron largo tiempo, con sus besos, abrazos y copulaciones>>. Viendo que la calamidad suya no era nada comparada con la de su hermano, Shazamán recuperó el apetito y cuando regresó su hermano de la cacería, lo encontró muy recuperado, tanto, que era evidente que debía haber sucedido algo que obrase tal mejoría. Shazamán le confesó la causa de su pena, pero se negó a referirle el motivo de haber recobrado el estado de ánimo. Shariar no tenía paciencia y conminó a su hermano, quien terminó refiriéndole cuanto había visto. Shazamán, ante la incredulidad de su hermano mayor, le sugirió que fingiera que partía de nuevo a cazar, para que pudiera comprobar con sus propios ojos la infidelidad de su esposa. En efecto, preparó la salida de la ciudad, pero se disfrazó retornando al palacio y quedándose escondido en sus dependencias. <<Asomado a una ventana que daba al jardín, no apenas había pasado una hora de su marcha, salieron las esclavas rodeando a su señora, y tras ellas los esclavos. E hicieron cuanto había contado Shazamán, dedicándose a esos juegos hasta el crepúsculo>>. Shariar, creyendo perder la razón, organizó con su hermano un viaje durante el cual tuvo una experiencia con un genio feroz a quien una bella mujer que tenía raptada engañaba mientras dormía, que le alivió en su dolor. A su regreso, en cuanto entró en palacio, <<mandó degollar a su esposa, así como a los esclavos y esclavas. Después ordenó a su visir que cada noche le llevara a una joven que fuese virgen. Y cada noche le arrebataba a una su virginidad. Y cuando la noche había transcurrido, mandaba que la matasen>>.

Y eso sucedió durante tres años, hasta que entre las muertas y las que huían, no quedaba en la ciudad doncella alguna que pudiese servir a los asaltos del cabalgador. Un buen día, el visir, incapaz de encontrar una joven que entregar al rey, llegó a su casa muy triste. El visir tenía dos hijas de gran hermosura y delicadeza exquisita. La mayor, Sherezade, al conocer la historia, le dijo a su padre: <<Por Alá, padre, cásame con el rey, porque, si no me mata, podré salvar a las hijas de los musulmanes>>. Su padre se resistía, pero ella, insistió. Y así fue que Sherezade pasó con el rey mil noches, contándole historias, relatos cuyo final reservaba para la velada siguiente, salvándose de la muerte. Había leído libros y anales y las leyendas e historias de los reyes y pueblos antiguos. Y era muy elocuente y daba gusto oírla. A la mañana de la noche mil uno, Shariar le perdonó la vida, se casó con ella. Hay que decir que Sherezade, mientras, tuvo con él dos hijos…

Acabo de contarles el argumento principal de Las Mil y Una Noches. Me suelen comparar con Carrie Bradshaw, la protagonista de la serie Sexo en NY; sin embargo, yo en el fondo me veo más como Sherezade: cuento historias para ganarme la vida, para sobrevivir, en definitiva. Gracias por leerme y permitir que siga con vida una semana más.