Bisexualidad II

FÍJENSE…

La mayoría de los humanos mantienen relaciones sexuales reproductoras con individuos del otro sexo y afectivas, emocionales y de identidad con personas de su mismo sexo.

La clave no está en las apariencias. Hay mujeres bisexuales que por su actitud, estética y forma de expresarse, parecerían lesbianas; igual que hay hombres con afeminados (“con pluma”) y muy integrados en el ambiente homosexual, que parecen gays aunque son bisexuales.

En la Grecia del siglo de Pericles la mayoría de los hombres y de las mujeres fueron bisexuales. De Julio César se llegó de decir que era marido de todas las mujeres y mujer de todos los hombres. El emperador Adriano cohabitó con varias mujeres pero amó desesperadamente a Antinoo, un adolescente egipcio.

 

ERRORES

La bisexualidad se asocia con promiscuidad. Eso es falso. La bisexualidad no afecta al número de parejas ni al tiempo que dure cada una sino a que, terminada la relación, la siguiente puede ser indistintamente con un hombre o con una mujer. Cabe ser bisexual monógamo, célibe o promiscuo; va en cada persona.

Se sospecha que en las personas bisexuales que se emparejan siempre anidará cierta insatisfacción, que les faltará “algo”. Es falso. Esto afecta a las parejas de cualquier opción sexual, según lo que hayan acordado respecto del sexo y de la fidelidad.

EL GÉNERO

Según mi biblia Wikipedia, la categorización de la conducta homosexual como acceso sexual entre personas del mismo género, o de distinto si se considera heterosexual, y de la bisexual como el acceso indistinto entre personas de ambos géneros, depende básicamente de la estructura de géneros de cada sociedad. Sin embargo, existen culturas dentro de las que se desdibuja esta clasificación, debido a que se reconoce la existencia de individuos a quienes la noción de género “hombre o mujer” no les es aplicable. Aparece así el “tercer género” y las prácticas sexuales y las relaciones asociadas a estas personas no pueden ser clasificadas en ninguno de los tres grupos (hetero, homo ni bisexuales).

La existencia de un tercer género se demuestra en los hermafroditas y los hijra en la India; las tradiciones berdache (dos-espíritus) de culturas nativas estadounidenses; o el tercer género mahu polinesio; o los nadle de la cultura navajo (pueden ser hermafroditas o con la genitalidad definida, sus roles sexuales comparten rasgos de los varones y las mujeres).