Esta noche no, cariño. II

El desinterés sexual puede producirse por factores tan diversos como problemas físicos, la preocupación, la ignorancia propia o de la pareja (no saber cómo acariciar, penetrar, etcétera). Las causas más frecuentes de disminución o de pérdida del deseo sexual vienen impuestas por el ritmo de vida que llevamos: la presión, las prisas, el estrés, … que se suman a las tensiones laborales (determinados conflictos producen cambios endocrinos y el descenso del nivel de andrógenos, responsables de la apetencia sexual), las enfermedades, los partos recientes, ciertos tipos de medicación (algunos fármacos también actúan sobre el cerebro en este sentido, inhibiendo la respuesta a los estímulos o anulando el apetito sexual) y conflictos personales que surgen con el roce. Si a ello se añade la rutina que se instala gradualmente y de puntillas en la pareja, llega el día en que te haces inmune a ciertas cosas, desde caricias a comentarios, que antes tanto te gustaban, y que ahora te resultan indiferentes o incluso incómodas, y ello provoca que el deseo sexual se retraiga. Otro grave problema sería la falta de diálogo en la intimidad. La falta de comunicación, por puro pudor, es un lastre que también ellos arrastran.

A nivel cultural y religioso, hay quienes sólo reconocen en la sexualidad un medio de reproducción. Las personas que privan al sexo de su merecido (e incuestionable) papel como fuente de placer y modo de comunicación, y por lo tanto no se prestan a experimentar (variar, cumplir fantasías, jugar…) son, precisamente, quienes con más frecuencia caen –aunque sin ser conscientes de ello- en la Apatía Sexual. Muy vinculada a esta causa de desinterés, desde la perspectiva estrictamente femenina, es la ausencia de placer. La propia educación que durante siglos ha recibido la mujer provoca que para salvaguardar la reputación de “casta y señorita”, una chica aborte toda curiosidad. Esa incultura respecto de la propia sexualidad explicaría en parte el fiasco –muchos casos, tanto de anorgasmia como de falta de deseo, podrían deberse a estar recibiendo una “estimulación errónea”-. Cuando una mujer desconoce qué es lo que a ella le da placer, salvo que se líe con un vidente o con un gurú del sexo, resultará bien difícil satisfacerla. No todos los hombres disponen de “formación sexual” y, cabe también que a lo mejor la devoción de su pareja –quizá esporádica- no alcance como para “tomarse la molestia de averiguar” qué necesita cada mujer.

Por último, téngase en cuenta que la sensación orgásmica es adictiva y por ello, se cumple que “si dejas el sexo tres meses, él te dejará tres años” y también que cuanto más se hace más se quiere…

 

Requisitos para diagnosticar la Apatía Sexual

Disminución de la búsqueda de estímulos de contenido sexual.

Ausencia de fantasías sexuales, o de pensamientos sexuales acompañados de sentimientos de deseo y de apetito sexual.

Falta de interés en iniciar actividades sexuales, bien con una pareja o mediante masturbación en solitario.

Mantener relaciones con una frecuencia claramente menor de lo esperado por la edad y el contexto correspondiente, o claramente inferior a etapas anteriores del paciente.

Tipos de apatía sexual

Primaria: el sujeto la presenta desde el inicio de sus relaciones sexuales.

Secundaria: surge después de un período de funcionamiento normal, largo y satisfactorio.

Selectiva: sólo existe con una pareja determinada -la habitual- y no con otras.

General: aparece siempre, con cualquier posible pareja.