Fisting, digo… rescate

Este domingo, para variar, no tengo mal cuerpo por la resaca solamente. Mi mareo se debe al vaivén de las mentiras y a la incertidumbre que nos han hecho vivir los de la clase política para terminar, ayer sábado 9 de junio, rescatados por Europa. Gritaría con las venas del cuello hinchadas, vomitaría de rabia y lloraría como un crío de dos años que no encuentra a sus padres entre la muchedumbre, pero Uds. no me leen buscando contenidos de esta naturaleza… Por ello, hoy voy a hablarles de una práctica sexual que me ha venido a la cabeza casi de modo automático y que encuentro muy equiparable a la intervención financiera de los bancos, por “impactante” y tremenda: el fist-fucking. Fist significa puño. Y fucking se traduce como el acceso vaginal o anal, lo que viene siendo “follar”. (No vayan luego a decir que conmigo no aprenden idiomas…) En shock, ¿verdad? Eso pretendía: trasladarles mi sensación.

Con el anglicismo fisting se describe una práctica la sexual extrema y de alto riesgo que consiste en la introducción de la mano –llegando a veces hasta el antebrazo-, por la vagina o por el ano y, una vez allí, cerrar el puño. Sin duda, algunos encuentran que se trata de verdadera intimidad…

Para practicar el fisting la mano se introduce poco a poco y, una vez dentro, el movimiento de mete-saca se realiza, bien manteniendo los dedos estirados, bien cerrándolos formando un puño. Pueden introducirse poco más que los cuatro dedos (lo permitido por las leyes americanas en la escenas de cine porno), o la mano entera seguida del antebrazo, rebasando la muñeca.

La penetración para el fisting se realiza de diversas formas, según la soltura y la práctica que se tenga. Los principiantes, juntan los cuatro dedos y bajo ellos, apoyan el pulgar (la mano adopta forma de pico de pato). Existen productos específicos para el fisting, como brazos, en las jugueterías eróticas. En fase avanzada, cuando se es capaz de dilatar, se introduce la mano cerrada, formando un puño con el pulgar asomando entre el índice y el dedo medio.

Por favor, sigan determinadas pautas (y aún así, no les garantizo que no terminen en urgencias…). Además de una higiene esmerada, y de usar bastante lubricante con base de agua o de silicona (no de aceite), recuerden que quien vaya a insertar la mano/puño no puede llevar anillos ni pulseras, que ha de limarse las uñas y emplear guantes de látex o de nitrilo (o incluso de los largos que se utilizan para reconocer al ganado). El mayor peligro, sin duda, reside en sufrir desgarros anales. Estos van acompañados de una hemorragia que no se manifiesta de inmediato, y que requieren intervención quirúrgica. Se deben a una falta de dilatación suficiente del segundo esfínter que existe en el ano (el que queda más interno, ya en el intestino). Para lograr esta dilatación, y aunque incrementa el riesgo, no es extraño que se recurra a relajantes musculares y a ciertas drogas (poppers) para lograr la relajación de la zona y facilitar la penetración. Venden además lubricantes con efecto anestésico y dilatador. A veces, se usan slings o hamacas suspendidas y también facilita la postura de ambos colocar almohadas debajo de quien está siendo penetrado. Tengo que advertirles que las contraindicaciones y riesgos de una práctica incorrecta del fisting son múltiples, ocuparían casi una página: desde esterilidad, infecciones de tracto urinario o inflamación pélvica, a desgarros musculares, incontinencia fecal, fístulas y laceraciones en las mucosas. Se han descrito casos de transmisión de hepatitis A y C asociados al fisting realizado sin guantes. En esta parte de “riesgos y contraindicaciones” veo yo el paralelismo entre el fist-fucking y la España rescatada.