Regla

Llevo dos años loca por un publicista, a pesar de que me ignora -creo que es por eso precisamente- y de que ha perpetrado la enésima versión de una campaña de tampones… Me indignan desde siempre los anuncios de productos íntimos femeninos. ¿Recuerdan el de “me encanta ser mujer”? ¿Y qué mola más: el dolor, la inflamación, las migrañas o la hemorragia? Luego vino otra, maquiavélica, que sembraba la acusación de que las mujeres olemos mal; hablo del “¿A qué huelen las nubes?”, copy publicitario que dejó de parecerme un sinsentido el día que conocí y olí a David Beckham. Como él deben de oler las nubes –pensé-; pero la regla no. En fin…

Si una no va a tiro hecho, o decide serle infiel a su marca y modelo de toda la vida, enfrentarse a la variedad que ofrece el expositor de productos íntimos puede provocar cierto mareo. Hay mil tipos de tampones, y de copas menstruales y modalidades de compresas que hacen juego con bebidas energéticas (con alas), extraplanas, súper aborbentes,…; hay productos para las pérdidas de orina y los salvaslip para quien los necesite… Pero, estando con la regla, para poder mantener relaciones, las mujeres hacemos las mil y una. Elijo algunos testimonios de mis sangrantes preferidas; el que mejor resume (factor confianza, trucos y profilaxis) es: “Sólo lo hago si tengo mucha confianza con mi pareja. No uso ninguna parafernalia pero me aseguro de tener una toallita cerca y otra debajo del culo. Son muy útiles los preservativos femeninos por si te van a practicar sexo oral”. Y además: “Lo hago –sexo- pero sí se lo consulto al tipo; no a todos les da igual”. “Normalmente sólo el primer día de la regla no me apetece, por el malestar”. “Durante la regla el pecho y la piel suelen estar más sensibles… Muchas no hacen sexo si tienen reglas dolorosas. Dicen que correrse es el mejor de los ibuprofenos pero claro, hay tíos a los que no les mola nada”. “Yo no he encontrado a ningún tipo al que le eche para atrás el asunto. El problema soy yo, que parezco La Fuente del Avellano (reglas de ocho días asquerosamente abundantes), pero me apetece mucho más que el resto del mes; eso sí, rapidito y el sexo oral ni me lo planteo”. “No es reparo… es dolor; la regla me deja matada y arrastrada. Se impone la abstinencia en esos días”. “No me gusta si estoy con mucho flujo… A mi marido nunca le ha importado”. “Creo que nosotras estamos más tensas y nos da más asco que a ellos…”. “Llevo un DIU hace 2 años, y no tengo regla, sólo lo he hecho con una pareja porque era tal el deseo y la necesidad que a ninguno de los dos nos importó, pero también te digo que no lo he vuelto a hacer…”.

 

En efecto: puede optarse por colocar una toalla oscura sobre la cama y aquí paz y después… También son útiles las sábanas de plástico o látex (las hay rojas y negras). Y ya que salen de compras, aprovisiónese de toallitas higiénicas, condones de colores oscuros… y lo más de lo más en profilaxis: protectores o cuadrantes de látex para el cunnilingus –se pueden utilizar siempre, pero con la regla, pues…-. Otra opción estupenda sería hacerlo en la ducha o aprovechar el instante mismo en que ella sale del baño tras haberse lavado (el agua fría detiene la hemorragia unos minutos); se producirá una falta de lubricación –utilicen la artificial, los lubricantes-; cabe aprovechar ese momento para el sexo oral. Permitan que en este fragmento, me dirija a las lectoras –pero queridos, lean Uds. también-. El truco dejarse el tampón puesto funciona, pero no es la panacea. Sucede que, tanto si se introduce Ud. misma el cordoncito para ocultarlo, como si se mete durante la penetración -el pene lo va empujando hasta arriba-, sacarlo de ahí puede resultar complicado -pero no imposible-; eso sí, requiere no ser escrupulosa, tranquilizarse, y tener cierta flexibilidad (menos que un faquir). Ha habido casos de no poder extraerlo sola, y de necesitar ir a urgencias… Menudo cuadro. Dicho lo cual, los tampones resultan ideales: si se lo coloca tras lavarse a conciencia, no se nota –él, si no se lo cuenta, no lo detectará-, absorbe toda la sangre que se pueda generar en ese rato –conviene ir cada dos o tres horas al baño para lavarse y sustituirlo por uno nuevo-. Sin embargo, lo que las “profesionales” –actrices X, prostitutas, etc.- recomiendan son las esponjas de bañar a los bebés. Se compran en farmacia, se corta un trozo y se introduce. Absorbe, es blandita y tampoco se nota. Según el tamaño que ponga, durará más o menos y se extrae mejor o peor. La solución digna de una sociedad como la nuestra, de primer mundo, son los tampones esponjosos sin cordón (en sexshops), una mezcla implementada de ambas soluciones.

 

Menos lúdico resulta hablar del riesgo que implica mantener relaciones cuando se añade un fluido, la sangre menstrual, a la ecuación. El mayor riesgo de contagio de una ETS o ITS que pueda estar padeciendo cualquiera de los dos existe. Para ella, la presencia de sangre ayuda a extender el patógeno que causa la enfermedad inflamatoria pélvica, entre otras. Ni la marcha atrás, ni la ducha vaginal, ni los espermicidas, ni los anticonceptivos, ni el diafragma protegen de la transmisión del VIH. Según www.ctv.es, la penetración vaginal sin condón es aún más peligrosa durante la menstruación: “Muchas de las parejas donde uno es seronegativo/a no se protegen adecuadamente, bien por una solidaridad mal entendida con el que está infectado, bien como una forma de negar la enfermedad”. Siempre que se tengan relaciones sexuales de penetración debe usarse un preservativo correctamente.

 

Les invito a reflexionar acerca de que, en ocasiones, topamos con personas que vienen cargadas de pensamientos rancios. El rechazo, entonces, no es hacia la sangre ni hacia la menstruación, sino hacia la ausencia de probabilidad reproductiva. Se desestima la relación sexual mantenida como expresión de amor, o como modo de encontrar satisfacción porque no “sirve para nada”. Si sumamos el hecho de que a lo largo de la historia el placer de la mujer no importaba con la mentalidad que considera que no está bien tener relaciones cuya finalidad no esté encaminada a procrear, nos queda una actitud de “¿sexo durante la regla? ¡No, por Dios!”.