Libros II

Otra obra de singular valor teórico, curiosa e instructiva en el ámbito de la sexualidad pese a su antigüedad, es el “Ananga Ranga”, de Kalyana Malla, que ya en su cubierta se define como: “Enciclopedia del amor sexual”. Destinado especialmente a instruir en los secretos amorosos a una joven perteneciente a la casta de los poderosos, fue escrito mil quinientos años después que el Kama Sutra. A diferencia de su famosísimo precursor que se orientaba a los amantes en general, el Ananga Ranga se enfocó al placer conyugal (en esa época se censuraba el sexo pre y extramatrimonial); aunque determinados pasajes denotan obsolescencia de criterios y han sido rebasados por la ciencia y la medicina, algunos de sus planteamientos tienen una enorme actualidad, por ejemplo, el empeño por rechazar cualquier inclinación a la rutina en la intimidad o a considerar que “ya se sabe todo respecto de lo que se puede conseguir con la lingam y el yoni” –que se refieren, respectivamente, al pene y a la vagina, según la nomenclatura hindú-.

Las enseñanzas más antiguas son las del Tao Sexual. Se basan en concebir la práctica del sexo como una experiencia espiritual y como un intercambio de energía. Pecando de simpleza (gravemente y sin redención posible), resumo que el Tao se basa en el Qi, o energía vital presente en todo lo que existe, y el Jing, o sustancia energética que el cuerpo humano contiene y que, una vez se agota, la persona muere. El Jing se gasta a través de los fluidos principalmente. Los taoístas desarrollan técnicas que ayudan al dominio de la mente sobre el cuerpo con métodos naturales, encaminadas a estimular, conservar y preservar los fluidos del organismo, y pretende así, acercarse a la longevidad y, si cabe, a la inmortalidad. El punto neurálgico de esta filosofía es el orgasmo masculino; controlar la emisión de esperma y evitar que se derrame el fluido vital que más Jing contiene. Algo de esto entronca con las técnicas tántricas cuya práctica y dominio las convierte en las más eficaces contra la eyaculación precoz. Estas enseñanzas acometen lo espiritual desde lo físico, se encaminan a prolongar la excitación, a extenderla por todo el cuerpo, a trascender el aquí y el ahora para alcanzar lo eterno.

Makura no Sois, El Libro de la Almohada, de Sei Shonagon, una cortesana de la emperatriz Sadako (976-1001), sirvió a Peter Greenaway de inspiración para su sensual película The Pillow Book. Necesito citar aquí los shungas de Japón, que no eran textos sino representaciones artísticas, ilustraciones y estampas de alto voltaje. La literatura erótica árabe apunta el efecto de los perfumes, fragancias y cosméticos para multiplicar el placer sexual. En el célebre libro “El jardín Perfumado” (s. XVI), cuya primera traducción se atribuye al británico Sir Richard Burton, su autor, Shaykh Umar ibn Muhammad al-Nefzawi, hace particular referencia a los efectos estimulantes de las especias picantes y otras sustancias sobre los órganos sexuales.

Galeno afirmaba que hacer el amor es magnífico para los jóvenes porque suprime la pesadez, enjuga el cuerpo, despeja el cerebro, aclara las ideas y calma la ira. Además, modera la pasión y los ardores sexuales del amante.

El libro del Tao, más antiguo que los ya citados, recopila la sabiduría china. Existe la moda de citar alguna frase o párrafo, a fin de impresionar, de enriquecer un discurso o un artículo. Las sencillas palabras del Tao ocultan un complicado tratado filosófico traducido con más o menos fiabilidad. A partir de las enseñanzas del Tao, que se apoyan en ocho disciplinas (filosofía, revitalización, dieta equilibrada, dieta de los alimentos olvidados, arte de curar, sabiduría sexual, poder y éxito) se ha desarrollado lo que se denomina Tao sexual o Arte de Alcoba.

En su momento, me interesó mucho la obra “Tantra, espritualidad y sexo” de Osho, con la distinción entre Yoga y Tantra. Desde que la leí, digo que soy tántrica (y lo hago con conocimiento de causa… no como tantos vendemotos que sólo entienden de pilas Duracell). Aquí va la explicación:

Osho, ¿cuál es la diferencia entre el Yoga tradicional y el Tantra? ¿Es lo mismo?

El Tantra y el Yoga son básicamente distintos. Te llevan a la misma meta, pero los caminos no son solamente distintos sino contrarios. Esto debe de entenderse muy claramente.

El proceso del Yoga también es metódico; es una técnica, no una filosofía. Al igual que el Tantra, el Yoga también depende de la acción, del método, de la técnica. La acción te conduce al Yoga, pero el proceso es diferente: en el Yoga tienes que luchar, es el camino del guerrero; en el camino del Tantra no hay que luchar sino, por el contrario, hay que ser indulgente, pero con consciencia. El Yoga es una supresión con consciencia; el Tantra es indulgencia con consciencia.

El Tantra dice que seas lo que seas, lo Supremo no se opone a ello. Es un crecimiento; puedes crecer y ser lo Supremo. No hay oposición entre tú y la realidad; tú eres parte de ella. Por eso, la lucha, el conflicto, el oponerse a al naturaleza, no es necesario; debes de aprovecharlo, utilizar lo que quiera que seas para ir más allá. En el Yoga tienes que luchar contigo mismo para ir más allá; en él lo mundano y el moksha —tú, tal como eres, y lo que podrías ser— son dos cosas opuestas. Suprime, lucha, disuelve lo que eres y podrás alcanzar aquello que puedes ser… Ir más allá, en el Yoga, significa morir; debes de morir para que tu ser verdadero nazca, A los ojos del Tantra el Yoga es un profundo suicidio: debes aniquilar tu ser natural —tu cuerpo, tus instintos, tus deseos, todo.

El Tantra dice: acéptate tal como eres. Es una profunda aceptación. No crees distancia entre tú y lo real, entre lo mundano y el nirvana. ¡No crees ninguna separación! Para el Tantra no existe separación. No es necesario morir. No tienes que morir para renacer, sino transcender, y para ello debes de utilizar tu energía. Por ejemplo, la energía sexual está ahí; es la energía básica —a través de la cual has nacido, con la que has venido. Las células de tu ser, de tu cuerpo, son sexuales y por eso la mente humana gira en torno al sexo. El Yoga lucha contra esta energía; a través de la lucha, creas en ti un centro diferente y cuanto más luchas, más te integras en él. Entonces, el sexo deja de ser tu centro.

Luchando contra el sexo —conscientemente por supuesto— crearás un nuevo centro en tu ser, un nuevo énfasis, una nueva cristalización. El sexo dejará de ser tu energía; luchando contra él crearás una energía diferente, un nuevo centro de existencia. El Tantra dice: utiliza tu energía sexual, no luches contra ella, ¡transfórmala! No pienses en términos de antagonismo, sé amigable con ella. Es tu energía; no es maligna ni nociva. Toda energía es neutral; puede ser utilizada contra ti o a tu favor; puedes crear un bloqueo, una barrera, o puedes hacer de ella un escalón. Se puede utilizar: si se hace correctamente se vuelve amistosa; si se usa equivocadamente se vuelve tu enemiga. Pero no es ni una cosa ni la otra; la energía es neutral. De la forma en que se utiliza comúnmente, se convierte en tu enemiga; te destruye. Simplemente disipas tu energía. El Yoga apuesta por una aproximación opuesta a la mente común; ésta ha sido destruida por sus propios deseos. Por eso el Yoga dice: abandona el deseo, sé sin él; lucha contra él y crea en ti una integridad sin deseo.

El Tantra dice: sé consciente del deseo; no crees ningún conflicto. Déjate llevar por el con total consciencia; y cuando hagas esto, lo transcenderás. Eres parte de él y, a la vez, no lo eres. Pasas a través de él, pero permaneces extraño…