Errores masculinos e inhibidores

<<El sexo es como la pizza: ¡hasta la peor es buena!>>, anoté de boca del guapo de la serie Las Vegas la otra noche. A priori suena deplorable, pero no le falta razón… Porque cierto es que nos conformamos y que somos capaces de tener unas tragaderas de Guiness si nos pillan en según qué momento (de falta de autoestima, en plena crisis por una ruptura, carentes de afecto, …), en según qué compañía o a según qué hora de la noche -ésa a la que el listón ha bajado o se ha caído a la basura; ¿cómo era eso de “no hay gente fea, sólo copas de menos”?-, porque el sexo, incluso el más patético, vergonzante y deplorable, al final nos parece preferible a la “nada”. Sin embargo, y por supuesto, nadie quiere “sexo malo” y a partir de estudios y de encuestas podemos identificar algunos errores en la cama. Hoy abordaremos las meteduras de pata amorosas de los caballeros. Pero habrá para nosotras. Y puestos a recibir consejos, que vengan de la única porno-star que ha sabido hacer dinero a espuertas: Jenna Jameson. Todo lo que esta chica ha tocado se ha convertido en oro (todo… o casi todo).

Jenna Jameson habla de los “inhibidores”, aquellos errores masculinos más recurrentes (hay muchos más, me temo) que producen rechazo y desinterés en una mujer. Más que ser perfecto, lo importante es que no concurra un inhibidor, o de lo contrario, ella da por finalizada la velada. Lean: <<Me gustan todos. Pero eso no implica que les permita a todos meterse en mi cama. En definitiva, lo decisivo es la ausencia de un <<ahuyentador>>. Puedo compartir una cena con el más atractivo de los hombres pero si abre la boca y su aliento huele a pescado muerto, la cita ha llegado a su fin. Eso es un ahuyentador>>, explica Jenna Jameson, en su libro Cómo hacer el amor como una estrella del porno, MR Ed.

Y prosigue: <<NO DEBERÁS pronunciar niguna de las frases siguientes: Sólo meteré la puntita. ¿Entonces eso significa que no echaré ninguno? No es necesario que usemos un condón. Nunca antes he tenido problemas. Me he quedado sin dinero, ¿dónde está tu bolso? Tus tetas son casi tan suaves como las de mi hermana. Tenemos que estar en silencio, mi madre duerme. Juro que la cámara no está encendida. Bueno, mi novia solía hacerlo. Si es la policía, diles que no estoy en casa. Ya no es contagioso. NO DEBERÁS ser capaz de meterte un dildo más grande que el mío, ni tener una línea de bronceado con forma de bikini; echarte pedos frente a mí, ni introducirte los dedos en la nariz y juguetear con los mocos, ni llorar en la primera cita; ni aducir que se resbaló (me refiero a los tíos advenedizos que intentan sin preámbulos darte por el culo)>>. Me da que la traducción es muy mejorable…

Sé que me repito mucho pero no se puede descuidar un detalle que es condición sine qua non: asearse. No sé si habrá una regla que sintetice lo crucial que es la higiene para el sexo. Cuando a nosotras nos quieren martirizar con lo de adelgazar, respecto de los bombones nos amenazan: cinco segundos en tu boca y cinco años en tus caderas. Pues aquí, sería: cinco minutos de agua y jabón y una hora entera en la boca. No doy más pistas innecesarias, que somos gente adulta.

Imperdonable resulta cerrarse en banda, no comunicarse, generando una inómoda sensación de bloqueo, una tensión innecesaria. Pero, sobre esto, aunque es de bien nacido ser agradecido, sepan que no hace falta verbalizar un “gracias por la mamada”. Este tipo de reconocimiento no nos enorgullece escuchado de viva voz… Basta que sea lo bastante elocuente con gestos o palabras que evidencian que le agrada. Tampoco nos sube especialmente la moral que nos informen de detalles tipo “te cabe entera”. Muchas mujeres interpretarían este comentario, como que se da por hecho que es promiscua o que en el fondo se está pensando que “te la han metido tantos que se ha dado de sí”, lo cual resulta más que ofensivo. Tras esta “fácil” penetración, las posibilidades son varias: que él la tenga pequeña, que ella esté súper excitada, y que sus paredes vaginales estén dilatadas y la lubricación sea abundante facilitando el acceso.

Dejen que enumere algunas otras “cagadas” masculinas:

– Que grite al oído. Es muy excitante notar que él siente placer, y una dosis de gemidos y jadeos está bien, pero un alarido desconcierta y hasta asusta.

– Que te pegue, insulte o diga guarrerías sin saber si te gusta. Puede resultar ofensivo y deconcentrarte.

– Que descargue sin avisar o sin consultar dónde: eyacular en la boca o sobre el cuerpo sin permiso.

– Que te compare con su última novia o amante. Sólo mencionarla ya es grave.

– Que se quede dormido al minuto de eyacular. Se corre, se gira y ahí te quedas…

– Que deje marcas. Chupetones, arañazos y moretones pueden dar morbo, pero hay que consensuarlos.

– Que siéndole imposible eyacular, siga y siga embistiendo como un ariete.

– Que incapaz de conseguir una erección, se ponga irascible, o que se niegue a dejarlo para mejor ocasión y trate de penetrarte inútil e infructuosamente.

Que pasen un buen fin de semana.