Sexo oral

Sé que aquí me pagan para que escriba de sexo, y lo haré. Pero ya son muchos años, y más posts publicados todavía, como para haberme dado cuenta de que lo que les interesa a Uds., mis queridos lectores y lectoras. Más que una definición de felación o de cunnilingus, lo que todos y todas querríamos es que nos la/lo hicieran a golpe de clic y, como eso no es posible, en segunda instancia, lo que todo el mundo disfruta y agradece son los cotilleos: que les cuente lo que escucho en el baño de una discoteca, lo que me pasa en un evento cultural o sentada en la zona VIP de la fiesta más tremenda que haya habido el fin de semana, … Les adelanto una matización: una cosa es el sexo oral y otra el sexo “verbal”. Nos excita hablar de sexo. Infinidad de relaciones surgen de una charla “caliente” con alguien que a priori no nos atrae. Se genera un morbo concreto charlando con alguien sobre sexo (fantasías, secretos de alcoba, de cómo lo hacemos, de lo que nos gusta…). Por otro lado, la narratofilia describe la fijación de quienes que sólo se excitan y alcanzan el orgasmo al escuchar historias eróticas, leyendo relatos o contando chistes verdes. Son esos que, durante la relación sexual, necesitan que su pareja que vaya explicándoles lo que siente o va a hacer.

Cuando hablamos de sexo oral podemos estar refiriéndonos al cunnilingus, a la fellatio, al annilingus, al mamilingus o a la irrumación (variante de la felación). Ya me doy cuenta que hace rato que parece que hablo otro idioma, en latín concretamente; de donde tomamos esas palabrejas… El sexo oral consiste en emplear la boca (lengua, labios, dientes) para acariciar, succionar, masturbar, etc., los genitales de alguien. Y los nombres que reciben las distintas prácticas se establecen en función de dónde recae la estimulación.

De los dientes, para el buen fin de la experiencia, yo creo que es mejor que nos olvidemos. Está casi bien traído aquí lo de: “dientes, dientes que es lo que les jode” de la Pantoja… Un mordisco es lo peor… Y es que casi nadie sabe utilizarlos en el momento y con la intensidad adecuada. En el sexo oral el protagonismo lo acaparan los labios y la lengua especialmente. Y de ella quiero hablar un poco. Bien empleada, la lengua es invencible (sigo hablando de sexo oral, no de participar en un debate). La lengua es el órgano más poderoso que tenemos. Aplicada al sexo, son todo ventajas: a diferencia de un pene, no resulta pequeña ni grande, ni sufre de impotencia o de eyaculación precoz; siempre está lubricada –y si se tiene la boca seca, es tan sencillo como beber un refresco, algo dulce, mejor que agua-, y caliente –se ha demostrado que las zonas erógenas se excitan más a temperaturas elevadas-; no araña -ojito con algunos piercings…-; es incansable -a diferencia de la pelvis, los abdominales o los brazos, no se va a entumecer, ni provoca sudores aunque alguien se pase moviéndola una hora-. Es flexible, moldeable –se puede colocar “afilada” para “pinchar”, o pasarla extendida para lamer-. Sirve para empujar, para toquetear y para penetrar y, aunque se choque o se tuerza, no duele –no se “troncha”-. Con ella se recorren los pliegues de la piel, siguiendo la anatomía de la pareja. Cabe ejercer mucho mejor dominio sobre ella que sobre el pene y que sobre la vagina e, incluso, que sobre los dedos.