Candado chino

Hagan como que no se preguntan qué habrá desayunado ésta y, por favor, no se preocupen: me he tomado la medicación. Elijo este tema porque me da la gana, ¿o es porque ayer…? Hoy toca autofelación, me refiero a escribir acerca de ella porque, por mucho que me jacto de aplicar el artículo 14 de la Constitución Española referido a la igualdad, aquí sí hay que discriminar. Para las mujeres es imposible. Hay que asumirlo: tu gata puede lamerse los genitales, pero tú no (y pese a ello, vas a seguir dándole de comer…). Sin embargo, ellos, algunos de ellos, sí lo logran. Lo digo de verdad.

Sepan que la autofelación -amén de lo único que saben hacer muchas personas en sentido figurado-, no es una leyenda urbana. Existen referencias de esta “especial” práctica de sexo oral desde el antiguo Egipto. El Informe Kinsey publicaba que menos del 1% de los hombres pueden tener contacto oralmente con su pene, y que sólo 2 ó 3 de cada mil pueden realizar la autofelación. Obviamente es cierto, puesto que vemos que hay tráfico en las calles… Eso significa sólo una cosa: que ya han desistido de intentarlo y vuelven a la vida normal; el que lo consigue, probablemente, no sale nunca más de casa. Porque aunque lo nieguen y pongan cara de asco, todos prueban alguna vez, por si sucede el milagro.

La posibilidad de realizar una autofelación depende no sólo de que tengan un pene larguísimo, sino de su flexibilidad (¿ven para qué sirve el yoga?). La posición más sencilla sería echar la barbilla hacia delante, inclinándose sobre el glande hasta atraparlo con la boca –se denomina “candado chino”-. Recuerdo que, cuando hace miles de años trabajé en la desaparecida Vía Digital, y me ocupé del cine X gay, justo en la primera cinta que tuve que visionar me encontré una escena de este tipo. El actor de la primera escena -explicaba en mi primer libro Mi lado más hardcore todos los detalles – se hacía a sí mismo una tremenda mamada… Pero como esa postura cuesta muchísimo y difícilmente se acercan a la meta, algunos aplican la Ley de la Gravedad a su conveniencia y lo intentan colocándose en la cama, boca arriba, levantando los pies por encima de la cabeza hacia atrás. Así precisamente es como encontraron muerto a uno de los personajes de la inimitable película “Clerks” -la policía forense comentaba: <<el cadáver tenía los huevos en la boca>>, –¡así que lo logró!-.