Madrid me mata

Me temo, queridos lectores, que este blog va a dar un pequeño giro, al menos ahora mismo. Y va a ser porque voy a empezar a contarles lo que me pasa por las noches (una parte, claro). Lo necesito. En serio. Fíjense que soy tremendamente respetuosa con el refranero y, si soy capaz de formular un “más vale psicópata conocido que asesino en serie por conocer”, supongo y espero que se hacen a la idea de las barbaridades que presencio o protagonizo la noche más tonta.

Al grano. Quedo con ocho amigas para cenar. Después, seis de nosotras enfilamos a uno de los sitos más rancios y pijos de la capital del Reino, de esos donde no se liga, aburridos, incómodos, llenos de vejestorios que dan asco pero que se comportan como si estuvieran por encima del bien y del mal y que se fuman sus puñeteros puros dentro de la sala, a pesar de que está prohibido, y van acompañados de putas con vestiditos que no les tapan las bragas y que les espachurran las tetazas rellenas de prótesis baratas y que cobran por horas; un garito donde identificas, acodado en la barra, babeante y muy drogado, a algún juez corrupto que reboza el hocico en el escote de alguna señorita ajada, raptada o simplemente venida del Este, a la que ha sacado un rato antes del Hot o del D’Angelo…; un local atestado de pijos de diecinueve años enfarlopados y de niñatas que se les arrodillan ante la bragueta por una raya… Un sitio donde todo se compra menos el sentido común… Uds. me siguen, ¿no? Eso espero. Hoy sí que les pido perdón porque estoy muy borracha -sepan que he hecho lo que estaba en mi mano, digo en mi nevera, pero por lo que veo, los líquidos en botellita de L-casei no sirven para bajar el pedo de “tequila + varios”, porque hoy llevo en el estómago un resumen de las diez sustancias más destiladas en el hemisferio Norte…-. A ver si me centro. Aparecemos mis seis amigas, reguapas todas -pero reguapas, insisto- y yo en el tugurio palaciego y una de ellas se encuentra con una de sus compañeras de trabajo (= un curro de oficina, de esos con horario, nómina y tal…). Nos acercamos a saludarla. Ella nos presenta a dos tipos, uno de gafas y camisa a cuadros, y otro, más joven, un chulazo moreno de camisa blanca entallada y chaleco. Con ellos, una chica, oriental, reguapa también. Las demás no sé, pero yo hablo con los tres en inglés. En determinado momento, llega un camarero y nos sirve un chupito de tequila a cada una. Agarro mi copa en la izquierda y el vasito en la derecha, y tras brindar con todos, clavo los ojos en un pijito de ojos verdes que me sostiene la mirada desde lejos. Me acerco. Y él se acerca. Me mira las manos y hago la broma de siempre, copiada de uno de los cuadros de Niágara Detroit, una de mis artistas preferidas: “I’m drinking for two”, que les muestro aquí, bromeando acerca de que bebo por dos… Ya, es macabro, y muy malo así explicado, pero en mi planeta resulta maravillosamente ingenioso. El pijo me dice, con demasiada distancia física: “¿Cómo es que un solo hombre invita a nueve mujeres?”. En lugar de decirle: “Envidioso de mierda que te ahogas de calor por no pagar 1€ en el ropero para dejar ese abrigucho falso y barato, ¡nos invita porque puede y le da la gana!”, le contesto, en buen tono y como divertido: “No sé, yo acabo de conocerles. He llegado con mis amigas”. “Bueno, pero ¿es que sois…? Es raro… ¿Vosotras qué sois…?”. “¿Nosotras? Nosotras nada, guapo. A la china acabo de conocerla y no sé si es de pago, pero las demás te garantizo que son mis amigas ¡y los servicios sexuales los hacemos gratis!”. Se ha ido corriendo. Si lo sé, no salgo. Y, a todo esto, Mr Big en NY, acostándose con a saber quién.

Yo también les deseo un feliz sábado.