La boda y sus miserias, digo, misterios

Miren que me estaba yo resisitiéndome a la tentación de dar pábulo a la maledicencia que ha rodeado el enlace de la Duquesa de Alba… Al final, sucumbo y aquí me tienen, comentando la noticia más freak de la actualidad social: la tercera boda de la anciana más rica y con mayor número de títulos nobiliarios del mundo con un señor. Y si termino escribiendo sobre esto es por pura preocupación. Una preocupación compleja, porque tiene diversos módulos, como el cubo mágico. Si van a leer esto, búsquense la antigua canción de Alaska y Dinarama, La Funcionaria Asesina, y relájense, que no pasa nada -bueno, no pasa nada si no se fijan Uds. en cómo se vistió Fran Rivera para acudir al bodorrio…-. Acerca de cómo alguien con todos los posibles es incapaz de encontrar un look, ya hablamos otro día.

La “Gran Duda” flota en el aire desde hace tiempo, como una nube negra. Llevo meses escuchando varias insinuaciones (casi amenazas veladas) de algunos de los periodistas/arribistas/colaboradores en nómina, esos que llenan con gritos los programas de televisión y con barbaridades las hojas de papel couchè, acerca de que, por lo visto, disponen de datos, testimonios e imágenes del ya Duque Consorte de Alba, el ahora según dicen multi inyectado de bótox, ácido hialurónico y vitaminas, el archinombrado Alfonso Díez. Por lo que han insinuado, se cree que ha visitado más la Plaza de Vázquez de Mella que el cuartel de la Legión. Pero, por ahora, todos callan. Y así seguirán un tiempo, hasta que se decida publicar ese material, si se publica. ¿Quién custodia la caja negra? Ahí lo dejo.

A esa cuestión se une otra, bueno, se le superpone. Ahora hablo de la sospecha generalizada y muy comentada de que se trata de un interés más crematístico que romántico por parte del enjuto funcionario, ahora en excedencia. Lo de que el amor no tiene edad, lo firmo y afirmo yo donde haga falta. Lo de que esto sea amor… ya es otro tema. ¿Cuántas abuelitas y bisabuelitas maravillosas, excelentes personas y aún mejores tejedoras de rebecas, se mueren de asco aunque estén compuestas y dispuestas? Todas. Todas solas. ¿Por qué? ¿No será  porque no tienen ni para comer, gracias a este maravilloso sistema de pensiones? ¿Acaso Doña Cayetana es un pibón irresistible de discurso trepidante? Ahí lo dejo.

Y desglosando como estoy la preocupación más preocupante de la realidad sociopolíticaeconómica de España (será que, como no tenemos nada más en lo que pensar…), me veo obligada a hacer alguna reflexión más. Ella ha enterrado ya a dos maridos, ¿será éste el siguiente? Porque aquí todos piensan en que él la va a sobrevivir… Los de Tele 5 les repiten la gran pregunta: “¿Adoptarán algún hijo?” Eso sí que sería el colmo… Ahí lo dejo.

Y ahora, una denuncia del machismo por lo de siempre: la diferencia de edad. Una diferencia que jamás nadie ha denunciado, o siquiera detectado, cuando se trata de un señor que está para el derribo y va acompañado de una veinteañera voluptuosa y jugosita. A mí, puestos a opinarnos encima, no sé qué me da más asco, si imaginarme un cunnilingus de Alfonso Díez a La Duquesa de Alba en ese patio del Palacio de Dueñas, rodeados de azulejos azules y de mil tiestos de geranios, o pensar en la felación que se chupa -qué bien traído, ¿eh?- la secretaria o la modeluqui de turno, amorrada en la entrepierna de esos políticos o empresarios sesentones, setentones y octogenarios.  Ahí lo dejo.

Dentro de la misma denuncia me cabe otra, que constituye el verdadero motivo de este post: la tendencia general que tenemos todos a rechazar y a sentir repugnancia por la actividad sexual de los mayores. En la calle, en las conversaciones que he ido manteniendo estos días y en todos los medios de comunicación, se respira la convicción general de que, por haber cumplido los 85, esta señora no va a demandar sexo ni atenciones de tipo íntimo. Por lo visto, a los cutres que vociferan en determinados platós, les parece que al llegar, digamos… ¿a los sesenta?, a las señoras se nos cierra la vagina y el corazón y el cerebro o algo parecido. No señores: que no se lubrique con la misma facilidad no obsta (para solventar eso, basta con poner en la mesilla de noche un frasco de lubricante). Hay además parches hormonales que elevan los niveles hasta recuperar el deseo. De nuevo, somos víctimas de los prejuicios, que pesan más que los achaques. Pensar que el cuerpo ya no es deseable y pensar que la vejez carece de belleza, causan este rechazo. Por cierto: ¿saben ustedes cuál es el fármaco más vendido en el mundo? La Viagra (o sus colegas en obligaciones: los derivados del Sildenafilo). ¿Y quién es el destinatario natural de la pastillita azul de la felicidad? Los señores a partir de que empiezan a notar que su rendimiento sexual va en declive -quiero especificar: que se la tomen los mamarrachos que veintitantos o los treintañeros, porque saben que no van a empalmar tras haberse bebido diez copas o después haberse metido de casi todo, no significa que el fármaco tenga esa utilidad-. Sí, sí, ya retomo, que me lío. Si la Viagra y asimilados son para los hombres “mayores”, no me parece descabellado pensar que la vida sexual de estos tenga como coprotagonistas a señoras de edades similares. Es decir: los mayores tienen relaciones sexuales, a otro ritmo, con otro tipo de performances, más modestas y sin incluir el salto de tigre con tirabuzón, con las cautelas que la fragilidad ósea, las molestias de determinadas articulaciones, el sobrepeso, la medicación, etcétera, imponen, pero tienen relaciones sexuales completas, no sólo abrazos y besitos. Eso sí, con la tranquilidad de que no habrá embarazos no deseados (ojo, sí que hay riesgo de ETS, ITS, hepatitis y sida). Pensemos todos y todas a una: el débito conyugal de Don Alfonso Díez -y no es ir a visitar a la duquesita que está con varicela y por eso no acudió al bodorrio (¿no habrá sido para no ver a Fran?)-. Ahí lo dejo.

Y concluyo con un pensamiento que, éste sí, les pido que lo lean sin tono de sorna y bajando el volumen de la música : el amor lo puede todo. Y si no, recuerden a la venerable anciana en silla de ruedas, intervenida de un “algo” bien serio que tenía en la cabeza hace un par de años. Muchos dijeron que tenía un pie en la tumba la mujer. Y ahora, véanla en medio de una calle de Sevilla, bailando sevillanas descalza. Sea verdad o mentira, sea amor o interés, sea sildenafilo o un placebo, ¿hay algo tan poderoso como la ilusión?

 

Ilustraciones de PLAYBOY, edición limitada de TASCHEN.