¿Quién necesita un hombre habiendo Squeel?

Compartan por favor mi gozo y alborozo de saber que ya no hay que aguantar a nadie para disfrutar de un cunnilingus de órdago. Por si aún no lo tienen, les presento SQWEEL, el nº 1 en ventas en Reino Unido y no les voy a engañar: es un juguete para chicas.

Se trata de la evolución sofisticada de las lenguas vibratorias, disponibles desde hace tiempo en todo tamaño y textura, ideales para la masturbación femenina y, en concreto, para estimular el clítoris. Este artilugio, no vibra y no penetra; es una rueda de diez lenguas que giran 360º a 3 velocidades. Cuesta £39.9 y funciona con 3 pilas. Se recomienda aplicar lubricante sobre el clítoris y los labios, comenzar con el programa más suave y gradualmente incrementar la potencia. La web del cacharrito promete ¡barra libre de orgasmos! – algo que a mí me suena a Gloria (al final se me ha pegado el espíritu del INMACULATE WORLD TOUR de Ratzinger, como denomina mi amigo Abel Arana a esta especie de gira a lo Lady Gaga que se marcó SuSa Benedicto XVI) considerando que los tíos lo mejor que te ofrecen es una hora feliz, como algunos bares, y a cambio, aguanta tú carros y carretas…-. La lista de ventajas se me hace casi infinita: es incansable; no exige conversación; ni meter tripa; ni suplicar; ni dedicar tiempo a agradecimientos… Y es portátil, fiable y reutilizable (no como muchos…). Les ruego que disculpen que el tono y el enfoque de esta novedad en juguetería sea un tanto kamikaze (culpa todo de Mr Big, que está haciéndose el interesante…). Y es que conforme analizo las prestaciones del protagonista de hoy voy asumiendo que, habiendo estos aparatos, el hombre como suministrador de servicios sexuales se me ha quedado obsoleto -personalizo por no meter la pata… No voy a asumir que puedo generalizar, aunque seguro que podría…-.