Sólo la punta

Cuando se plantea el coito, a muchos les encanta cancanear con el desastre postponiendo la colocación del preservativo, o acometer la penetración parcial cuando no disponen de un profiláctico y proponen la introducción del glande y poco más, como si las ETS, ITS, hepatitis o sida hiceran distingos de centímetros o como si, de producirse una eyaculación, no hubiera riesgo de embarazo…

¿Por qué resulta tan intensa la sensación de “sólo la punta?”, pues porque además de estar experimentando el placer de alto voltaje (el juego de ponerse a prueba, de avanzar-retirarse, es muy excitante), lo que ocurre es que ese contacto afecta a las zonas más sensibles, aquéllas que acumulan mayor número de terminaciones nerviosas. En el hombre se involucra el extremo del pene (que abarca el glande, el frenillo y el prepucio retirado) y en las mujeres, toda la zona de la entrada de la vagina y el principio del canal vaginal, hasta adentrarse unos seis u ocho centímetros, el tramo más receptivo, que además es donde se halla el Punto G. Como gusta tanto, es verdaderamente difícil que, llegados a este momento, nos conformemos con “sólo la puntita”… Obviamente, es perfectamente posible y altamente probable, alcanzar el orgasmo sin llegar a la penetración total. Por una vez, unos y otras, coincidimos.