Interracial

Sitúense, por favor, hace dos jueves en la fiesta privada del post-concierto de los Back Eyed Peas que organizó Marco Aldany en Kudeta (R.I.P.), a la que amablemente me invitó a ir Mr Big, autorizándome a llevar a todas las personas que yo quisiera (eso fue justo antes de morirse para mí. R.I.P. él también). Íbamos a presenciar la sesión de APL.DE.AP., y entre copa y copa y entre tema y tema, de los diez o más que cantaron desde la cabina todos los BEP juntos, estaba yo hablando con un famoso famosísimo (no divulgo su profesión por discreción y porque está casado casadísimo) y, no sé bien a qué vino, que me confesó: “Con negras sí he estado, pero aún no he probado con ninguna oriental”. Tras mi sobredosis de información no solicitada, nos encontramos con un antiguo conocido, un maromo de 1,90m o más, con un cuerpo esculpido a mancuernazos y un pasado más oscuro que su piel, que debe de ser del penúltimo tono de la pantonera. Sin preámbulos, rebobinó veinte años -sí, veinte-, y me confesó que en su día me trataba mal porque yo le gustaba mucho y él era un niñato y no supo afrontarlo y manejar la situación. “Además, tú eras muy chula“, sentenció (y yo pensaba: cómo es la vida, que a base de estocadas rastreras y de banderillazos, he ido desangrándome y perdiendo ese fuelle que, por otro lado, nunca supe que tenía). Estuve hablando con él un buen rato -sí, soy humana y a mí también me encanta, repito: me encanta, que se me declaren, aunque sea con efectos retroactivos-. El megamaromo nos hizo hueco en su mesa, me presentó a sus amigos y yo hice lo propio; compartió sus botellas y brindamos por el tiempo pasado aunque como decía, muy bien dicho, Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre, no por pasado fue siempre mejor. De fondo, una sonata de Fergie en directo. No voy ahora a negarles que a mí el peligro me llama a voces y que me pone berraca un malo malísimo. Tampoco vamos a discutir la evidencia: no se impacta contra cuerpos como el suyo cada día… En determinado momento, me pide el teléfono (el número, no vayan a creer que él necesita afanarme el terminal). Mi amigo Raúl me da codazos y me felicita. Sara, hace lo propio, mientras él va agarrándome de la cintura y comparte algunas anécdotas que quiero recopilar para un guión policiaco y que me ponen los pelos de punta -¿o eso me pasaba porque ya hacía rato que me susurraba al oído y que respiraba su colonia, áspera y adictiva, como él?-. Un brote de sentido común hizo que enfilara los taconazos lejos, a otra parte… Pero cuando quise irme, me aprisonó. Rodeaban su mesa casi quince chicas, a cual más guapa. Y todas de pago, o eso me parecía. Pero él ni las veía. Le daban todas igual; por lo visto, esa noche, sólo me quería a mí, digo, a mi escote.

– ¿Me estás rechazando? -Se inclinaba y me acorralaba. Me sentía como la versión 2.0 de Cata pensando, más acojonada que halagada: “Yo tetas ya tengo ¿dónde está mi paraíso?”

– No. No te he rechazado -no me habría atrevido…-. Escuchas lo que quieres -me obligo a sonreír como Heidi-. Te he dicho “esta noche, no”.

– ¿Qué pasa, no te gustan los negros?

– A ver… No generalices: ni me gustan todos los blancos ni me gustan todos los negros. Soy de más de ir de uno en uno.

– ¿Acaso has estado ya con un negro? -Aquí no me cupo duda: lo que habrá triunfado éste con la tontería de “¿no has probado nunca?”.

– ¿Eh?

– ¿Y?

– Y…

– ¿En tu casa o en la mía?

– Hoy no debería ni siquiera estar aquí. No tendría que haber salido -palabras, palabras, palabras…-, aunque no te voy a negar que me vendría estupendamente que me acompañaras mañana a un sitio al que no quiero ir y menos sola… -Huía alimentando su ego-.

– Responde: ¿te vienes a mi casa?

– ¿Qué parte de la frase “hoy no” no te queda clara? Además, así, tan sin juego, no le veo la gracia…

– Ya no somos niños, no hace falta perder más el tiempo.

En mi rescate acudió un amigo y me arrastró a la terraza antes de que la tercera cobra no me saliera bien.

Con tanto afán de protagonismo se me olvidaba comentarles que se entiende por Sexo Interracial aquellas relaciones que involucran a personas de etnias distintas. Dentro de la pornografía constituye un género en sí mismo e incluye producciones donde aparecen asiáticas (ellas solitas o con occidentales), mujeres blancas con hombres negros y demás, aunque en puridad, aquí se clasifican las cintas de heterosexuales entre personas blancas y negras. Ya el clásico “Tras la puerta verde” incorporó esta especialidad de mostrar personas de distinto tono de piel, a pesar de la controversia que generaba por causa del racismo y del rechazo de los intérpretes de raza blanca a trabajar con personas de raza negra.