Bukkake

Me levanto con agujetas, ya les diré por qué -no, no son de disfrutar mientras un cachas se empotra contra el cabecero de mi cama (lo cual, bien pensado, no deja de ser un planazo…)- y leo un email donde me piden consejo acerca de la práctica del bukkake.

El susodicho, consiste en que varios hombres, por turnos, eyaculen sobre una persona (hombre o mujer) quien, al acabar, se beberá ese esperma que se ha ido recogiendo en un vaso o en un recipiente (Uds. me perdonan si no pongo una foto ilustrativa…).  Se trata de una práctica sexual que se engloba tanto dentro del “sexo en grupo” como de las denominadas “de sumisión” o humillación, dado que suele además incluir la descarga facial. Existe cierta leyenda en torno a su origen. Una teoría afirma que se trataba de un castigo que se imponía en Japón durante la época feudal para humillar a las esposas infieles: se las ataba a un árbol en un lugar público y todos eyaculaban sobre ellas. Otra versión, no sé si más plausible, pero sí basada en cifras de ventas y en la ley de la oferta y la demanda, explica que es el afán de los productores de “ir más lejos” ofreciendo cada vez más morbo al espectador, lo que les hace avanzar hacia la violencia, humillación y prácticas extremas… Hasta ahí, el concepto. Pero me piden que “me moje”. Me consta que la gente hace lo que quiere, con independencia de los consejos que reciban. Yo no lo haría ni muerta; les ahorro cuestiones éticas, morales, de escrúpulos, etcétera, allá cada quien, pero, respecto de los riesgos para la salud inherentes a su práctica, diré que son muy altos. Que nadie olvide que el semen es uno de los fluidos conductores de ETS, ITS, sida y hepatitis, por lo que la ingesta de esperma de diversos sujetos eleva exponencialmente el peligro de contagio.