Perlas falsas

Salí por no quedarme en casa. Una tarde -luego noche- sin pretensiones ni expectativas. Y así estaba, sujetando un biberón verde, con los tacones colgando de un taburete en un balanceo solitario e inquieto, como mirando sin ver, oyendo sin escuchar, besando un gollete de cristal por no tener nada mejor que echarme a la boca. Así, hasta que detecto que un brazo cercano tiene su muñeca adornada con un cinco filas de perlas tan falsas como las promesas que me hace Mr Big. Me apodero de la mano de su dueño, un perfecto extraño. Las estrujo sin permiso; empujando con mi mano van subiendo y bajando por su antebrazo, dándose de sí las gomas que las ensartan.

- Tú sí que sabes… -le digo con complicidad. Pero no. Él no sabía… Y le hago ver que con un poco de lubricante, el recurso de las perlas, sean en collar, en pulsera o en brazalete, son todo un clásico masturbatorio…

- He dejado el sexo. Hace tiempo que lo considero una vulgaridad. Busco algo más exclusivo -asegura con suficiencia, logrando que me sienta muy pasada de moda-. Ahora sólo miro.

- Uhmmm, pues estás vendido: para que tú mires ha de haber alguien que te deje mirar, ¿no? He escrito acerca de las parafilias que van en pack de dos hace poco, y justo me centré en el exhibicionismo y el voyeurismo… Lástima conocerte hoy… ¿Y qué más no haces?

- Desde principios de año me rijo por tres reglas:

  1. No dejo que me calienten la cabeza.
  2. No beso en la boca.
  3. Cobro por adelantado.

Por lo menos le enseñé lo de las perlas… Aúpa maestro.