Hablemos de lo nuestro

Que estén ustedes leyéndome significa que ya “somos algo”. Y, llámenme antigua pero, como acabamos de conocernos, les ruego que vayamos despacito (siempre es preferible que te supliquen “un poco más” a que te rechacen por la brusquedad; y por favor, esto se lo aprenden porque, ya lo verán, aparecerá en más de una ocasión). Yo quiero que lo nuestro sea un flechazo, como un amor a primera vista; de los que me quitan el hambre, me alteran el sueño y me roban la voluntad. Necesito sentir la locura de ahogarme en pura felicidad, que llegue la obsesión contagiada de risa floja. Y flotar en un mundo teñido de rosa donde voy encontrándome todos los vasos llenos. Echo de menos el revolotear de las mariposas en el estómago y que la vida tenga banda sonora de violines. Pero también me pide el cuerpo experimentar taquicardias y golpes de calor, como las resacas de tequila… Y siempre sabiendo que su ausencia me desgarrará por dentro, que su pérdida me dolerá hasta encogerme.

Dejen que les cuente que esto, como en casi todo lo que no proviene de la generación espontánea, tiene un principio. Hace justo una semana que mantuve una reunión en el despacho de Pablo Sebastián, editor de República. Él admitió que no sabía nada de mí y que tampoco había leído una sola frase mía –y yo noté mi ego crujir pensando en los libros que he publicado, y los cientos de entrevistas, reportajes y textos en prensa y online que he firmado-. Y tampoco había visto mis apariciones en televisión ni sabía de mis colaboraciones en radio pero -y ahí estaba la luz al final del túnel- resulta que una persona de su confianza le había hablado maravillas de mí. Nerviosita perdida –¿alguien no sabe quién es este señor o conoce su carrera?-, en mi lado de la mesa permanecí casi una hora, durante la que, amén de reflexionar mentalmente acerca del “más vale que hablen de una aunque sea bien” -porque esta vez la consecuencia era que, quizá realizando un acto de fe de manual, este señor me ofrecía la posibilidad de embarcarme en este proyecto-, se negociaron los extremos crematísticos y operativos y se comentó, creo, mi similitud con Carrie Bradshaw. La comparación últimamente parece inevitable –porque quien dice “ver” las confidencias guionizadas de cuatro mujeres que se lían con alguno de vez en cuando, dice “leer” las confesiones de mis trescientas íntimas amigas solteras interactuando con una cifra indeterminable de sujetos a cuál más desequilibrado y potencialmente dañino; y si ella luce por Manhattan trescientos pares de sandalias de marcas carísimas elegidos por Patricia Field, conste que yo sangro con mis stilettos inmisericordes en los mejores locales de Madrid. Y, por decir, digo que si ella escribe una columna de sexo, yo publico una doble página semanal “Más que sexo” en el suplemento de El Periódico de Catalunya, además de este blog y de un extenso etcétera; y por tener tengo incluso a un Mr Big, por culpa de quien me vuelvo loca de ilusión (cuando él quiere) o (cuando él no quiere) me consumo desvelada o me echo a las calles y trago gintonics del mismo color que unas lágrimas que disimulo muy malamente y, alguna noche tonta, hasta termino abrazando decepciones… En fin…

Termino ya de contarles aquella reunión. Sentadita en posición de firmes –ésta no viene en el Kama Sutra-, midiendo muy mucho cada palabra -porque soy de las que se opina encima sin darse ni cuenta-, también se me informó acerca de quiénes firmarían el resto de blogs y se me mostró el diseño preliminar de “Sexo con Eva”. Aclaro que no es un título que yo haya elegido y prefiero que se sepa –mi egocentrismo desmesurado va por otros derroteros, ya lo comprobarán-. Y bueno, así fue que salí de aquel despacho con el cibervirus inoculado de nuevo, contenta ante el encargo. Y hoy, un poco nerviosa como suele suceder las primeras veces, y terminado de engullir el cuarto Phoskitos en menos de dos horas, a punto de apretar el clic que colgará en la red este saludo a modo de presentación, permítanme que sólo les dé las gracias por estar ahí y les pida que vuelvan. Espero que me acompañen en este blog, que participen, que lo critiquen y que lo disfruten porque, en definitiva, el sexo va fundamentalmente de eso.