Empantanados: la crisis catalana vista por un protagonista lúcido

Tuve la suerte de tratar a Joan Coscubiela durante los años que compartimos en el Congreso de los Diputados. Aunque pertenecíamos a partidos radicalmente enfrentados, fui desarrollando hacia él primero respeto, después aprecio. Le adornan numerosos rasgos individuales valiosos, por encima de las ideologías. Se trata de una persona trabajadora, con afán de coherencia intelectual. Sus intervenciones, aunque muy numerosas, siempre estaban meticulosamente preparadas. La duda metodológica, el reconocer la complejidad de los problemas, el intentar ponerse en el lugar del otro para comprender sus motivaciones, la capacidad de análisis y estratégica… son otras de sus características.

Por todo lo anterior, he leído con avidez su libro de reciente aparición sobre la crisis política catalana (Empantanados, Ediciones Península). La lectura no me ha defraudado. Son muchos los acontecimientos históricos que se han sucedido en los últimos meses. La obra ayuda a ordenarlos y, sobre todo, entenderlos mejor. Proporcionan la visión de un protagonista que los ha vivido en primera persona, como diputado en el Parlament, manteniendo los ojos muy abiertos.

La primera parte del libro se dedica, precisamente, a revisar la enloquecida legislatura catalana, con particular énfasis en sus últimas etapas. La experiencia de poner juntos mentalmente tal cúmulo de atropellos a la razón resulta estremecedora para el lector: ni la Constitución, ni el Estatut, ni el Reglamento de la Cámara, ni los derechos de los grupos minoritarios, ni los letrados, ni el Consejo de Garantías Estatutarias salen indemnes. No ha salido intacta ninguna norma ni institución. La falta de iniciativa, y la torpeza en algunas de las respuestas, por parte de las autoridades del Estado no resulta menos inquietante.

La segunda parte se centra en estudiar el fenómeno del nacionalismo catalán. El ejercicio resulta recomendable. Criticarlo o despreciarlo, sin llegar a preguntarse por los motivos de su crecimiento, es una respuesta demasiado pobre. La complejidad del fenómeno queda puesta de manifiesto en el libro, donde se abordan sus diversos componentes históricos, sociales e identitarios. Resulta poco probable que este movimiento centenario vaya simplemente a evaporarse, como algunos desean creer. Conviene, en consecuencia, comprender las razones de su arraigo, las organizaciones sociales en que se basa y los mecanismos mediante los que ha logrado inculcar ese fervor casi religioso a sus seguidores.

Una tercera parte, la más breve y polémica, se dedica a la búsqueda de posibles soluciones. Partiendo de la dificultad de encontrar una solución sencilla y completa, la idea es más bien apuntar soluciones parciales con un enfoque posibilista. Reducir la crispación y superar la dinámica de bloques son los prerrequisitos para detener el deterioro e iniciar la reconstrucción. A más largo plazo, una posible solución iría en la línea de una reforma constitucional pactada y posteriormente votada en un referéndum. En este apartado, subyacen ciertas tensiones internas, derivadas (a mi modo de ver) de una difícil cuadratura del círculo: el intento de compaginar la igualdad en todo el territorio con el reconocimiento de competencias asimétricas y hechos históricos diferenciales.

Sin ánimo de agotar el contenido del libro, que conviene leer íntegro, querría terminar esta breve recensión resaltando algunas de las ideas que me han resultado más estimulantes. Una clave destacada, que se suele obviar, tiene que ver con la competencia interna entre los partidos pertenecientes al mismo bloque. En las filas nacionalistas, la pugna entre el PDeCAT y ERC les ha llevado a una subasta de propuestas cada vez más radicales, con la expectativa de que fuese el otro el que frenase (y sufriese el correspondiente descrédito frente a unas bases enfervorizadas). Esa competencia interna ha llevado a los protagonistas a minusvalorar los riesgos: la ruptura interna de la sociedad catalana, los costes económicos y la falta de apoyo internacional. En el bloque no nacionalista, la pugna entre PP y Cs no resulta menos fiera.

De forma elegante e inteligente, se menciona otro tema esencial, en general tabú: el negativo papel desempeñado por algunos medios de comunicación. Aunque abunden los periodistas competentes en nuestro país, numerosos medios han dejado de cumplir con su función social. En vez de informar, controlar al poder y contribuir a crear una opinión pública crítica, se dedican a hacer exactamente lo contrario. En el caso catalán, los medios adictos al separatismo han sido (y siguen siendo) un ingrediente fundamental para la creación de la burbuja informativa en la que viven millones de personas.

El libro intenta enmarcar los hechos recientes en marcos conceptuales más amplios, como los conflictos sociales, la globalización y la pérdida de soberanía de los Estados. Al autor le ayudan sus amplias lecturas, desde Gramsci, Lakoff o Marx, a Weber, Azaña y Gracián. Respecto a la forma, pese a ser un texto escrito en tan poco tiempo, está notablemente bien redactado y estructurado. En resumen, se trata de una provechosa lectura. Debatir con Joan Coscubiela siempre te obliga a pensar.