La Unión Europea no se juega tanto en las elecciones italianas

Europa mira con preocupación las elecciones italianas, que se celebrarán el próximo domingo.  La inquietud que se apodera de las instituciones europeas, cada vez que uno de los países miembros acude a las urnas, es un claro indicador de la precaria estabilidad alcanzada. En esta ocasión, además, se trata de un país importante, fundador de la Unión y tercera economía de la eurozona.

La incertidumbre se acentúa porque son los primeros comicios que se rigen por una nueva ley electoral, basada en un sistema mixto: alrededor de dos tercios de los escaños se asignan de forma proporcional y el resto en distritos unipersonales. En conjunto, es un método que respeta la proporcionalidad más que el anterior (que ya producía un paisaje político enormemente fragmentado).

Los diversos partidos se agrupan en tres bloques. La alianza de centro-derecha une a la Forza Italia del renacido Berlusconi, la Liga (que ha dejado de llamarse Norte) y un tercer partido menor (los Hermanos de Italia). El bloque del centro-izquierda está liderado por el Partido Democrático de Renzi. La tercera opción es la de los histriónicos antisistema del Movimiento 5 Estrellas.

Ninguno de los tres bloques parece capaz de lograr una mayoría suficiente en solitario. El que se encuentra más cerca de lograr el 40% de los votos (el umbral que los expertos consideran necesario) es el centro-derecha. Los otros dos permanecen, casi empatados, por debajo del 30%.

La dificultad de realizar predicciones en clave europeísta aumenta porque son varios los partidos populistas (al menos dos). Por otro lado, cuesta distinguir entre las consignas meramente retóricas y las medidas que se tiene voluntad real de poner en práctica.

Berlusconi y la Liga están de acuerdo en acusar a Europa de una mala gestión de la crisis migratoria, así como en la necesidad de bajar impuestos (la propuesta más llamativa es un tipo único del 23% en el impuesto sobre la renta). Sin embargo, Berlusconi ha buscado durante la campaña ganar respetabilidad europea, comprometiéndose a cumplir el límite del déficit público, recorriendo las instituciones en Bruselas y elogiando a Merkel. La Liga, por el contrario, critica a la Unión Europea como gran responsable de los problemas italianos, amenazando (a ratos) con convocar un referéndum para salir del euro.

Otro partido claramente populista y euroescéptico es el Movimiento 5 Estrellas. También en él se observa cierta ambigüedad; su líder actual, Luigi Di Maio, ha intentado moderar la imagen del partido, no incluyendo el referéndum de salida del euro en su programa electoral.

Las posturas más europeístas se concentran en la alianza de centro izquierda. Su problema es el desgaste sufrido como consecuencia de cinco años de ejercicio del poder, primero con Renzi como primer ministro y después como socio mayoritario en la coalición que apoya al gobierno actual de Paolo Gentiloni. Los abandonos y la aparición de un nuevo partido formado por los disidentes (Libres e Iguales) contribuyen a debilitar al Partido Democrático aún más.

Más allá de la improbable convocatoria de un referéndum para abandonar el euro, la situación de las cuentas públicas italianas también preocupa a la Unión Europea. El déficit público se encuentra bajo control, por debajo del 3%, pero los partidos han hecho promesas demagógicas de todo tipo durante la campaña (desde fuertes rebajas de impuestos a rentas universales). Todo ello en un país cuya deuda pública asciende al 132% del PIB.

El resultado final de este proceso electoral resulta impredecible. A menos que finalmente logre el centro-derecha (una coalición no exenta de tensiones) la mayoría en solitario, probablemente volvamos a contemplar escenas típicas de la política italiana.  El presidente de la república desempeñará un importante papel, tal vez intentando encontrar alguna prestigiosa figura de consenso. Suenan ya nombres, como Antonio Tajani (presidente del Parlamento europeo) o el propio Gentiloni. Una insuficiente mayoría del centro-derecha podría intentar subsanarse mediante un acercamiento de Berlusconi a Renzi. El peor escenario sería que el Movimiento 5 Estrellas y la Liga pudieran sumar juntos la mayoría. Incluso en ese caso, quedaría por ver en qué medida pasaban de las palabras a los hechos.

Las elecciones italianas no suponen una amenaza tan grande para el futuro de la Unión Europea como lo fueron las francesas. El mayor riesgo es, si acaso, el de bloqueo de la propia política italiana. Un único principio inamovible guiará las complejas negociaciones, explicitado hace tiempo por el maestro Giulio Andreotti: “El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene”.