La gran coalición alemana: una lectura europea

Transcurridos casi cuatro meses desde las últimas elecciones alemanas, Merkel ha alcanzado un principio de acuerdo para formar una coalición con los socialdemócratas, lo que parece conjurar la amenaza de repetición electoral. El documento, de sólo 28 páginas, se limita a señalar grandes líneas. Sin embargo, resulta bastante clarificador de lo que cabe esperar.

Las concesiones logradas por los socialdemócratas consisten en el aumento de una serie de partidas de gasto público, fundamentalmente pensiones, educación e investigación;  su coste se estima en unos 46.000 millones de euros. Los conservadores del CDU/CSU, por su parte, han logrado que el SPD renuncie a subir los impuestos a las rentas más altas. ¿Cómo se van a financiar, en tal caso, los mayores gastos? Gracias al considerable superávit fiscal de que actualmente disfruta Alemania. Eso sí, los firmantes se comprometen a mantener el presupuesto equilibrado, sin llegar a dejarlo en números rojos.

Aunque, a primera vista, los asuntos anteriores puedan parecer limitados a la política interna alemana, en realidad tienen también una dimensión europea. La Comisión lleva tiempo solicitando a Berlín que aumente el gasto público, para generar un “efecto arrastre” en las demás economías de la Unión. El impulso fiscal previsto es pequeño, pero va en la dirección adecuada.

Las propuestas más directamente relacionadas con la construcción europea tienen un gran protagonismo en el acuerdo, que encabezan (por la insistencia de Schulz). Desde una perspectiva europeísta, la Gran Coalición es la mejor de las opciones posibles. El líder socialdemócrata, ex presidente del Parlamento Europeo, es partidario de la creación de unos Estados Unidos de Europa. La coalición alternativa, previamente fracasada (la llamada coalición Jamaica) mezclaba a los Verdes con los liberales del FDP, opuestos a cualquier reforma de la Unión Europea que supusiese un coste financiero para Alemania. El acuerdo promete abrir una nueva etapa en el proyecto de integración europeo, sumando fuerzas con la Francia de Macron. Sin contar con el eje franco-alemán, era imposible avanzar; si funciona, lo imposible será pararlo.

El contenido del acuerdo va en la línea de las recientes propuestas del presidente francés y las instituciones comunitarias. Se contempla transformar el MEDE, el mecanismo de rescate europeo para casos de extrema emergencia, en un Fondo Monetario Europeo (que extienda ayuda a países en situaciones menos críticas). Esta formulación genérica deja aún importantes detalles por concretar, como las funciones encomendadas al Fondo. En Alemania, algunos enfatizan más lo relacionado con imponer disciplina que el proporcionar asistencia financiera.

“Estamos preparados para realizar mayores contribuciones de Alemania al presupuesto común europeo” afirma, así mismo, el texto. Este compromiso, anatema para otros partidos, resulta esencial. El Brexit va a dejar un hueco de unos 10.000 millones de euros anuales en ese presupuesto, al perder las aportaciones británicas (país contribuyente neto). Si esa brecha no se cubre con mayores aportaciones, deberá compensarse mediante reducciones de los gastos (que benefician especialmente a los países relativamente pobres). Este dilema deberá resolverse pronto, en la inminente negociación del próximo Marco Financiero Plurianual para el período 2021- 2027.

El mayor compromiso financiero alemán podría extenderse a nuevos campos, como un futuro presupuesto de la eurozona diseñado con fines de estabilización macroeconómica, para combatir recesiones. Además, los coaligados defienden la armonización del Impuesto de Sociedades en la Unión Europea para, entre otras cosas, terminar con la baja imposición efectiva de que disfrutan las grandes empresas basadas en  Internet.

El documento deja caer veladamente la amenaza de seguir adelante en aquellas áreas en las que la UE con 27 miembros sea poco operativa, lo que debe entenderse como una apuesta por la Europa a varias velocidades, si no queda otro remedio.

El acuerdo podría haber sido más detallado y ambicioso, pues no se ocupa de asuntos como la mutualización de la deuda, la profundización de la Unión Bancaria, la defensa europea o la creación de un ministro de Economía, pero lo importante es la nueva actitud que pone de manifiesto. La declaración de principios es clara, y resulta necesaria en estos tiempos de Trump: “Estamos unidos en el rechazo claro al proteccionismo, el aislacionismo y el nacionalismo”.

El acuerdo debe aún ser ratificado por las bases del SPD, lo que no es seguro que suceda. En cualquier caso, el sentido de la responsabilidad de Schulz y Merkel constituye un ejemplo para España, cada vez más fragmentada electoralmente. De nuevo, los dirigentes alemanes han sido capaces de poner los intereses nacionales por encima de los partidistas, pese a los malos resultados electorales cosechados tras la anterior coalición. Parecen entender, como Cánovas, que“La política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible”.