¡Cuidado con el empeoramiento del déficit comercial!

El déficit comercial español ha sufrido un fuerte deterioro durante los diez primeros meses de 2017.  En concreto, ha empeorado casi un 40% (hasta los 21.073 millones de euros) respecto al mismo período del año anterior, según los datos recientemente publicados por el Ministerio de Economía.

Esto se ha producido a pesar del buen comportamiento de las exportaciones, que crecieron un 9,3%, alcanzando los 229.801 millones de euros. Además, este impulso exportador se ha ido extendiendo a nuevos sectores (como el material de transporte o los bienes de equipo),  nuevos tipos de empresas (numerosas pequeñas y medianas empresas han comenzado a exportar) y nuevas áreas geográficas (aunque las exportaciones dirigidas a la Unión Europea sigan representando el 65,7% del total, el dinamismo es mayor en las ventas a terceros destinos con gran potencial, como Asia).

No obstante, el alza del precio del petróleo y el crecimiento de la economía española han hecho que el aumento de las importaciones (del 11,3%, hasta los 250.873 millones) sea aún mayor que el de las exportaciones. En términos de volumen, las importaciones subieron un 6% y sus precios ascendieron un 5%.

Lo preocupante de estos datos es que ponen en cuestión el comportamiento excepcional que ha tenido la balanza comercial durante los últimos años, para volver a ajustarse al patrón tradicional, en el que las importaciones crecen más que las exportaciones cuando se recupera la economía, dando lugar a un mayor déficit comercial. De confirmarse esta tendencia, haría peligrar el superávit externo de que disfruta en conjunto la economía española.

En efecto, por cuarto año consecutivo el PIB crece (cerca de un respetable 3%) y esto es compatible con un superávit exterior por cuenta corriente de casi dos puntos del PIB. Sin embargo, una de las bases de este superávit por cuenta corriente ha sido la disminución del déficit comercial, ahora en cuestión. La otra, también en peligro a corto plazo, ha sido el menor déficit en la balanza de rentas (que refleja los pagos de intereses, entre otras partidas). Gracias a los excepcionalmente bajos tipos de interés, consecuencia de la política monetaria del BCE, el coste de nuestra deuda externa se ha reducido espectacularmente (aunque el tamaño de ésta haya aumentado).

El comportamiento excepcional de la balanza comercial y la de rentas, reduciendo sus déficit,  ha permitido que el claro superávit en la balanza de servicios de que disfruta España (gracias al turismo y a otros servicios exportables) los haya más que compensado, traduciéndose en un superávit para el conjunto del sector exterior (medido por la cuenta corriente de la balanza de pagos). Este resultado global puede peligrar en el futuro inmediato.

Un cambio de signo, del superávit al déficit, en el sector exterior resultaría muy preocupante, debido al alto nivel que todavía mantiene nuestra deuda externa. La posición de inversión internacional neta, que se suele usar para medirla, estaba en el 86,2% del PIB a mediados de año. Por su parte, la deuda externa bruta (sin restar lo que el resto del mundo nos debe) era del 168,8% del PIB. Se trata de cifras muy elevadas en comparación con las de otros países.

Éste fuerte endeudamiento exterior es un claro elemento de vulnerabilidad para la economía española, pues provoca cuantio­sas necesidades de refinanciación, que nos expo­nen a sufrir las consecuencias de eventuales cambios ad­versos en los mercados financieros internacionales. Para irlo reduciendo progresivamente, resulta crucial mantener el superávit externo por cuenta corriente que comienza a peligrar.