El precio del petróleo ha subido un 40% desde junio

El precio del petróleo, que llegó a estar por encima de los 100 dólares el barril, colapsó a principios de 2016 hasta menos de 30. Hoy cotiza en torno a los 62 dólares, duplicando la cifra de esos mínimos. Buena parte de esta considerable subida se concentra en los últimos seis meses, en los que se ha encarecido un 40% (cotizaba en junio a 45 dólares).

La inestabilidad geopolítica siempre tiene repercusiones en el precio del oro negro, especialmente si afecta a zonas productoras. Esto explica, en parte, el encarecimiento reciente. Iraq continúa sufriendo un grave conflicto interno, que ha perjudicado recientemente la producción en Kirkuk (una de sus más importantes zonas petrolíferas). Las tensiones dentro de Arabia Saudí (donde han sido detenidos decenas de príncipes) y entre este país e Irán (cuyas repercusiones se extienden por todo Oriente Medio, donde se encuentran los mayores yacimientos del mundo) también han influido. Las crisis de Venezuela y Nigeria, que dificultan a estos países mantener sus niveles de producción, han sido hechos adicionales a tener en cuenta.

Otros factores relacionados con la oferta han reforzado la subida. Hace aproximadamente un año, los países de la OPEP alcanzaron un acuerdo (al que sumaron otros no pertenecientes a la organización, como Rusia) para restringir la producción en 1,8 millones barriles diarios. Pese a las dudas iniciales de los expertos, el acuerdo parece haberse respetado. Recientemente se ha acordado extenderlo desde marzo de 2018 hasta finales de dicho año. Está por ver la capacidad de la producción estadounidenses mediante fracking para contrarrestar este recorte.
El acuerdo de la OPEP no solo afecta a la producción presente, también cambia las expectativas de producción futura, lo que refuerza sus consecuencias. Esto ha ayudado, por ejemplo, al surgimiento de apuestas especulativas basadas en unos precios esperados más altos. Por el lado de la demanda, además, la mejora de la actividad económica a nivel mundial ha favorecido el repunte. A más largo plazo, los anuncios de la muerte del petróleo como fuente de energía resultan prematuros (por desgracia para el medio ambiente del planeta). Tardará en dejar de ser un elemento clave tanto en el transporte como en la producción, con unas necesidades intensificadas por el crecimiento de la clase media en países emergentes muy poblados.

Desde el punto de vista español, lo anterior no son buenas noticias. Nuestro país es uno de los que tiene una mayor dependencia energética del exterior. La subida del precio del petróleo implica una mayor transferencia de rentas al resto del mundo y un menor PIB. Además de este efecto negativo inmediato (o de primera ronda) vía importaciones, hay otros efectos indirectos perjudiciales (de segunda ronda). El consumo de las familias se verá perjudicado, pues lo que gasten de más en gasolina lo gastarán de menos en otros bienes y servicios. Las empresas verán aumentar sus costes de producción y disminuir sus beneficios, lo que repercutirá negativamente en la inversión.

El viento de cola que han supuesto en los últimos años para la economía española los bajos precios del petróleo está dejando de soplar. Se ha estimado que aportaba entre un 0.4% y casi un punto adicional al crecimiento. Esto resulta particularmente inoportuno, pues los demás vientos de cola se están, así mismo, agotando. El BCE está anunciando el final de la época de tipos de interés mínimos y compras masivas de deuda, aunque se proponga ponerlo en práctica de forma pausada. El tipo de cambio del euro puede dejar de ser tan favorable a las exportaciones cuando la nueva política monetaria lo vaya apreciando.

Otro viento de cola ha sido el excepcional momento turístico, ayudado por la inestabilidad que han sufrido destinos competidores. La enorme irresponsabilidad de los separatistas catalanes se ha encargado de debilitarlo en el peor momento. Esperemos que los efectos de la recuperación de la zona del euro, liderada por una Alemania que crece ya al 3%, hagan que nuevos vientos sigan hinchando nuestras velas.