El BCE comienza a retirar los estímulos monetarios

El Banco Central Europeo ha decidido reducir, a partir de principios de 2018, sus compras mensuales de activos (desde los 60 mil millones de euros actuales a la mitad). Se propone  mantener el nuevo ritmo hasta septiembre (o más allá, si fuera necesario). Este programa de compra masiva de deuda pública y privada (Quantitative Easing) lleva funcionando desde 2015. Hasta ahora, ha supuesto compras por un valor superior a los ¡dos billones de euros! Tal política ha permitido eliminar la desconfianza que reinaba en los mercados sobre el futuro de la moneda única, convirtiéndose así en uno de los pilares de la actual recuperación económica.

En ese caso ¿por qué comenzar a revertir una política exitosa? En parte, como consecuencia de su propio éxito. Eurostat acaba de publicar los últimos datos sobre el PIB y el desempleo en la eurozona. El PIB ha crecido en el tercer trimestre de 2017 un respetable 2,5% respecto al mismo período del año anterior. La tasa de paro ha caído en septiembre hasta el 8,9%, la más baja desde enero de 2009. La concesión de créditos también se ha ido recuperando.

Por otro lado, debido a las enormes compras de activos ya acumuladas, el BCE comienza a llegar al límite de las que puede realizar (según sus propias normas) en el caso de la deuda pública de algunos países, como Alemania. Por eso, cabe esperar que el anunciado recorte en las compras afecte más a la deuda soberana que a la privada.

A lo anterior debe añadirse que el programa de compra de activos ha tenido críticos desde el principio. La objeción esencial reside en el peligro de que unas condiciones monetarias tan laxas faciliten la aparición de nuevas burbujas especulativas. Estas posturas tienen especial predicamento en la poderosa Alemania. Así, la reciente decisión de extender el programa en el tiempo no ha sido aprobada por unanimidad en el Consejo de Gobierno del BCE, donde algunos deseaban especificar una fecha concreta de finalización.

Aunque la decisión de reducir las compras de activos sea un paso hacia la retirada de los estímulos monetarios, éstos siguen siendo fuertes todavía. El QE se reduce en cuantía, pero se extiende en el tiempo (sin fecha concreta de finalización). La reducción ha ido unida al anuncio de que, cuando los bonos comprados vayan venciendo, el principal recuperado se reinvertirá en el mismo programa.  Además, el BCE ha decidido mantener el tipo de interés de referencia en el 0% y reiterar que seguirá ahí durante un largo periodo de tiempo. También mantiene la “barra libre” de liquidez a los bancos comerciales: las operaciones de financiación continuarán utilizando el procedimiento de subasta a tipo de interés fijo con adjudicación plena (de nuevo, mientras sea necesario).

Como puede observarse, Draghi planea una retirada de los estímulos monetarios muy cuidadosa y gradual. Diversas razones avalan esta prudencia. Las dificultades de terminar una expansión cuantitativa han sido puestas de manifiesto por la experiencia de la Reserva Federal estadounidense. Los mercados financieros pueden reaccionar con miedo y convulsiones, provocando caídas del precio de los bonos y aumentos de las primas de riesgo. En el caso de las recientes decisiones del BCE, la labor previa de gestión de las expectativas ha funcionado bien: los mercados han reaccionado con moderación, porque lo esencial de las medidas ya se esperaba.

Otra razón para la prudencia es que la economía de la zona del euro, aunque en proceso de recuperación, presenta aún debilidades y riesgos (como el Brexit, el giro proteccionista estadounidense o los activos dañados que siguen en los balances de las entidades financieras). Una mayor apreciación del euro frente al dólar o tipos de interés más altos dificultarían la recuperación.

Por último, pero no menos importante, la tasa de inflación permanece en la eurozona por debajo del objetivo del 2% marcado por el BCE. En septiembre, la tasa interanual fue del 1,5% y la subyacente (que descuenta el efecto de los componentes más volátiles, energía y alimentos) aún menor, del 1%. Este es un motivo adicional para intentar que los tipos de interés no suban, ni el euro se aprecie.

Mario Draghi continúa manejando magistralmente el timón de la política monetaria única. Lo peor de la tormenta ha pasado, aunque naveguemos todavía en aguas peligrosas. Si hubiese que conceder un premio al salvador del euro, él sería el mejor candidato.