El principal mercado de Cataluña es el resto de España

En los convulsos tiempos que nos toca vivir, conviene reflexionar sobre las profundas interrelaciones económicas que unen a Cataluña con el resto de España. La evidente importancia de esos lazos comunes justificaría una muy distinta actitud hacia el resto de España por parte de los enfurecidos separatistas catalanes. Lo lógico sería encontrar respeto mutuo y una colaboración leal en defensa de los intereses compartidos. Es decir, justo lo contrario de lo que hoy predomina: atizar odios irracionales, enfatizar falsos agravios, desplantes y provocaciones permanentes. Pese a todo, lo cierto es que Cataluña navega económicamente en el mismo barco que el resto de España.

En efecto, los datos demuestran que la economía catalana está plenamente integrada en el mercado español y estrechamente vinculada a él. Esto resulta diáfano en el caso de las relaciones comerciales. Veamos algunas cifras sobre el comercio interregional, elaboradas por CEPREDE y utilizadas por Convivencia Cívica Catalana en su Análisis del comercio entre las Autonomías.

Las exportaciones catalanas al resto de España suponen unos 40 000 millones de euros anuales, lo que equivale aproximadamente a una quinta parte del PIB regional. Es decir, una quinta parte de lo producido en Cataluña son bienes que tienen su clientela en el resto de España. La cifra de exportaciones catalanas al resto de España es parecida a la de lo que esa Comunidad exporta al conjunto de la Unión Europea de los 28 (donde se concentran dos terceras partes de sus exportaciones al extranjero, que suman en total 65 000 millones). Por tanto, un 80% de los intercambios de Cataluña con el exterior se dirigen al resto de España y a la Unión Europea. La inmensa mayor parte del comercio exterior catalán se vería así gravado con aranceles y tendría dificultades de acceso a sus mercados, en el caso de una salida de la Unión (que la independencia inexorablemente conllevaría).

La propaganda separatista da mucha importancia al hecho de que la concentración del comercio catalán en el resto de España haya ido disminuyendo con el paso del tiempo.  Ya no es, desde 2010, el principal destino (si se compara con la suma de todos los demás). Sin embargo, el grado de concentración sigue siendo notable. Algunos ejemplos concretos pueden poner esto aún más de manifiesto. Un mercado exterior de enorme importancia para Cataluña es Aragón: vende allí bienes por valor de más de 10.000 millones de euros al año, cantidad solo ligeramente inferior a las exportaciones a Francia y superior a los 7.700 millones vendidos en Alemania. Los 5.000 millones de exportaciones catalanas a la Comunidad Valenciana son equiparables a las ventas en Italia. Los más de 4.000 millones de ventas a la Comunidad de Madrid superan lo exportado al Reino Unido. Los casi 3.000 millones de exportaciones a Andalucía hacen palidecer los 2.000 a Estados Unidos. Parecen ejemplos elocuentes.

En términos de los saldos comerciales (la diferencia entre las exportaciones e importaciones de bienes) se da un fenómeno interesante.  Cataluña tiene un elevado superávit (de casi 18.000 millones de euros) con el resto de España, equivalente al 9% del PIB catalán. Esto le permite más que compensar su déficit de 13.000 millones (6% del PIB) en sus intercambios con el extranjero.

En realidad, la integración de la economía catalana en el conjunto de España es aún mayor de lo que reflejan las cifras anteriores, centradas únicamente en el intercambio de bienes. Si incluyésemos los intercambios de servicios (como el turismo) los resultados serían todavía más altos. Lo mismo puede decirse respecto a la inversión. La mejor prueba de la total integración de la economía catalana en el conjunto español la proporciona la casi perfecta sincronía en el comportamiento tanto del PIB como de la inflación en ambos territorios.

Los radicalizados separatistas catalanes, ciegos ante las realidades que no encajan en sus esquemas preconcebidos, suelen centrar su discurso de agravios en el déficit fiscal (interpretándolo como un expolio, en vez de como el resultado del normal funcionamiento del Estado del Bienestar). Lo mismo hicieron los eurófobos ingleses durante la campaña del Brexit. Sin embargo, no es ese el único saldo existente, ni el único aspecto de las relaciones económicas. ¿Por qué ha de ser más relevante el déficit fiscal que el superávit comercial?

La prosperidad de Cataluña debe mucho a la energía y espíritu empresarial de sus creativos habitantes, cuyo mérito no se pretende escatimar; pero también se ha construido gracias a los  trabajadores, ahorros y mercados del resto de España (fuertemente protegidos arancelariamente a favor de Cataluña durante décadas).

Nos resultaría más provechoso a todos fijarnos en lo que nos une. Económicamente, navegamos en el mismo barco (nos guste o no). Cualquier tendero catalán sabe lo que parecen ignorar sus dirigentes actuales: despreciar a tus mejores clientes no es una buena estrategia.