Emmanuel Macron tiene un sueño

El presidente francés presentó el 27 de septiembre, ante un grupo de estudiantes de la Sorbona, su visión del futuro de Europa. El discurso, brillante y apasionado en la forma, con amplitud de miras en el fondo, le confirma como un líder político excepcional. La Iniciativa por Europa macronista entiende la zona del euro como el núcleo duro del proceso de integración europea. Pretende dar pasos adicionales en ella, con la esperanza de que el resto de socios se una más adelante y, mientras tanto, al menos no obstaculice.

La Unión Monetaria necesita, según el presidente francés, cambios institucionales. Propone crear un nuevo puesto de Ministro de Economía y Finanzas de la zona del euro. El Parlamento ante el que ese ministro rinda cuentas sería el de la eurozona (conformado como una subdivisión del Parlamento Europeo) al que también quiere revigorizar, permitiendo la presentación de listas transnacionales con candidatos de varios países en las elecciones. Las instituciones citadas administrarían un nuevo presupuesto común de la eurozona, mayor que el actual de toda la Unión, que financiaría proyectos de inversión y tendría una función de estabilización macroeconómica para combatir las recesiones. Obtendría sus recursos de una parte de la recaudación de los Impuestos de Sociedades nacionales (una vez armonizados) y de nuevos impuestos medioambientales o sobre la economía digital.

Entre las actividades que promueva ese presupuesto, según el plan de Macron se ha de dar un mayor peso a la innovación y la educación. Europa debe ser un lugar que atraiga talento tecnológico y genere innovaciones disruptivas (con la ayuda de una nueva Agencia). Las universidades deben volverse más europeas, reconocer mutuamente sus títulos e incrementar las estancias de los estudiantes en otros países de la Unión.

Una mayor convergencia social y fiscal entre los países miembros ayudaría a reforzar el pilar social de la Unión Europea y dificultaría la competencia desleal dentro de ella; por ejemplo, instaurando salarios mínimos similares y homogeneizando los tipos del impuesto de sociedades. Las multinacionales pasarían a tributar donde ejercen su actividad, no donde estén domiciliadas.

El ámbito de la Defensa resulta especialmente adecuado para ejercer el liderazgo francés. Tras la salida del Reino Unido, Francia será el único socio con armamento nuclear y un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. Macron desea unas fuerzas de intervención y un presupuesto de Defensa compartidos, así como la admisión de ciudadanos de los demás países europeos en los ejércitos nacionales.

Otro de los pilares de la doctrina del presidente francés busca proteger a los ciudadanos europeos de los excesos de la globalización: sí al liberalismo comercial, pero con reciprocidad y mínimos estándares sociales y medioambientales; sí a la inversión extranjera, pero con precauciones en los sectores estratégicos.

Como puede verse, se trata de un estimulante programa de reformas, que comparten en lo esencial la filosofía del Discurso sobre el estado de la Unión que Juncker pronunció hace unas semanas. Las principales diferencias se deben a que el presidente de la Comisión intenta dar una última oportunidad a la posibilidad de avanzar todos juntos, antes de pasar a la Europa de varias velocidades. Por otro lado, opta por reformas que no obliguen a cambios en los Tratados (difíciles de acordar por unanimidad) y prefiere utilizar las instituciones y programas existentes, en lugar de crear otros nuevos.

Desafortunadamente, las probabilidades de que estos proyectos europeístas se materialicen han disminuido debido al resultado de las recientes elecciones alemanas. Merkel, ya de por sí cauta, se verá condicionada por haber perdido electorado a su derecha frente a la xenófoba Alternativa para Alemania. Además, la negativa del SPD a renovar la gran coalición dará paso a los liberales del FDP, tradicionalmente euroescépticos.

Pese a todo, sería un error histórico por parte de Alemania desaprovechar esta oportunidad única de liderar, junto a Francia, las reformas que resultan imprescindibles para garantizar el futuro de la Unión Europea. Los populistas han sido derrotados, pero no están todavía definitivamente vencidos.