La reciente fortaleza del euro: causas y consecuencias

La cotización del euro en el mercado de divisas acaba de superar la barrera de los 1.20 dólares. Esto sitúa el tipo de cambio de la moneda única en máximos de dos años y medio. Desde finales de 2016, cuando inició esta remontada, el euro se ha apreciado algo más de un 16% respecto a la divisa estadounidense. También ha ganado valor frente a otras divisas, como la libra esterlina. La moneda británica cotiza respecto al euro en mínimos que no se veían desde hace ocho años. Algunos servicios de estudios apuestan porque ambas monedas lleguen a alcanzar la paridad hacia principios de 2018.

¿A qué causas obedece la reciente fortaleza del euro? Algunas tienen que ver con la incertidumbre, que ha disminuido en la zona del euro, mientras se disparaba en Estados Unidos y el Reino Unido. En efecto, tras las derrotas populistas en las elecciones de Holanda y Francia, el escenario apocalíptico de desintegración de la Unión Europea se ha desvanecido. Esto ha coincidido con la llegada al poder en Estados Unidos de un presidente enloquecido e imprevisible. En el Reino Unido, la herida autoinfligida del Brexit, la pérdida de poder de Theresa May tras las últimas elecciones, el escaso éxito inicial de las negociaciones con la Unión Europea y los malos datos económicos se han ido sumando, hasta dibujar un cuadro muy poco alentador de cara al futuro. Paradójicamente, ahora es la eurozona la que se considera un modelo de estabilidad (y su moneda un refugio ante crisis como la de Corea del Norte) en comparación con Estados Unidos y el Reino Unido. ¡Las vueltas que da la vida!

Existen otras causas de la apreciación del euro, relacionadas con diferencias en los fundamentos macroeconómicos de las economías. En Estados Unidos, el fracaso de la presidencia de Trump hace cada vez más difícil la puesta en marcha de sus proyectos de reducción de impuestos y aumento del gasto en infraestructuras. Esto es importante para el dólar, pues implica que la Reserva Federal no tendrá necesidad de ir aumentando los tipos de interés tan deprisa como se anticipaba (para contrarrestar los potenciales efectos inflacionarios de esas medidas).

En la zona del euro, por su parte, los datos recientes muestran un panorama de creciente fortaleza. La recuperación económica se consolida y se extiende geográficamente. La tasa de crecimiento del PIB se aceleró hasta el 0.6% en el segundo trimestre, dejando el crecimiento interanual en el 2.1%. Los índices de confianza de consumidores y empresarios están en valores máximos de una década, lo que apunta hacia la continuidad del crecimiento. Esto favorecerá que el Banco Central Europeo vaya abandonando paulatinamente su política monetaria ultraexpansiva y reduciendo el importe mensual de las compras de activos en los mercados secundarios. Este cambio de expectativas, hacia una política monetaria menos contractiva en Estados Unidos y más restrictiva en Europa, favorece la apreciación del euro.

En cuanto a los efectos, el más inmediato es la repercusión sobre la competitividad de las exportaciones de los países que utilizan la moneda única hacia el exterior de la eurozona. Los precios de esas exportaciones están subiendo en las monedas extranjeras, lo que dificulta su venta. Esto puede restar algunas décimas al crecimiento futuro de la producción en la zona del euro.

Un segundo efecto consiste en que las compañías multinacionales europeas que tienen sucursales fuera de la zona del euro ven penalizados sus ingresos y beneficios exteriores al convertirlos a euros. Aunque, en la coyuntura actual, el efecto más importante de la apreciación es el relacionado con la tasa de inflación. Las importaciones europeas provenientes de fuera de la zona del euro se están abaratando en nuestra moneda, lo que contribuye a que la inflación disminuya. Esto dificulta alcanzar el objetivo del Banco Central Europeo (el 2%), lo que resulta preocupante cuando las tasas negativas no están todavía lejos en el tiempo. La inflación en el conjunto de la zona del euro fue del 1.3% en julio.

Los efectos anteriores no se distribuirán de forma similar entre los distintos países de la eurozona. En el caso de España, nos favorece que dos tercios de nuestras exportaciones se dirijan al resto de la eurozona; nos perjudica, por el contrario, la composición de las exportaciones al resto del mundo, ya que (en general) dependen de la competitividad-precio, en vez de la sofisticación tecnológica o la alta calidad. Si se acelera una normalización de la política monetaria del BCE, que se traduzca en subidas de los tipos de interés, España (debido a su alta deuda) estará entre los países más perjudicados.