El presupuesto de Trump pone cifras a su brutal ideología

El presupuesto es la ley que mejor revela las verdaderas preferencias de cualquier gobierno. Pone en cifras, negro sobre blanco, cuáles son sus prioridades (que refuerza con más recursos) y cuáles las políticas que está dispuesto a debilitar. El nuevo presidente americano no se expresa esta vez mediante discursos, vulgaridades o tweets: lo hace de forma más contundente, en millones de dólares.

Es cierto que el documento presentado no constituye un presupuesto completo. Se trata solo de un primer borrador, que el Congreso puede modificar sustancialmente. Además, la propuesta se ocupa solo del gasto discrecional (alrededor de un tercio del total) sin decir nada del gasto obligatorio (como el pago de intereses de la deuda, las pensiones o la sanidad). Tampoco incluye previsiones de ingresos o de déficit. No obstante, es precisamente en el gasto discrecional donde un presidente puede expresar más libremente su política. Veamos cuál es la agenda de Trump, intentando traducir sus propósitos al castellano para no perdernos en tecnicismos.

Ante el dilema presupuestario clásico entre “cañones o mantequilla”, Trump tiene pocas dudas. Las dos grandes partidas ganadoras en su presupuesto son Defensa y Seguridad nacional. El gasto en Defensa de Estados Unidos ya es, con diferencia, el mayor del mundo. Su arsenal nuclear puede destruir el planeta no una, sino muchas veces. Sin embargo, la nueva administración considera que esto no es suficiente y debe corregirse con urgencia. Dedica a ello 52.000 millones de dólares adicionales, para elevar el gasto total hasta ¡522.000 millones! Para ponerla en perspectiva, la cifra equivale aproximadamente a la mitad del PIB total de España. Se necesitan, por lo visto, más tanques, más aviones, más buques de guerra, más drones e incluso incrementar el arsenal nuclear.

Las justificaciones dadas han sido dos. Primera, es necesario combatir al ISIS. Cierto, pero al terrorismo no se le puede derrotar luchando una guerra convencional, por eso no ha sido todavía derrotado. No es posible matar mosquitos a cañonazos. Segunda: “tenemos que comenzar a ganar guerras otra vez”. Esto es aún más preocupante. Manifiesta de forma abierta la opción por una política militarista y agresiva. Da la sensación de que Trump está deseando encontrar cualquier pretexto, o fabricarlo, para usar cuanto antes ese armamento. Mejor no pensar en los posibles escenarios.

El presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional es el otro gran ganador. En este caso, lo que se necesitan son más agentes para impedir la entrada, detener o deportar a los inmigrantes ilegales, a los que se culpabiliza de un supuesto incremento de la inseguridad en Estados Unidos (que las estadísticas no reflejan). Por lo visto, la culpa de la inseguridad la tienen unas madres mexicanas que llevan veinte años residiendo en Estados Unidos, a las que se detiene y deporta cuando llevan a sus hijos al colegio. Nada tienen que ver las facilidades para comprar armas de fuego, incluso en el caso de personas con problemas mentales. También se asignan recursos para la construcción del famoso muro con México, es de suponer que a la espera de lograr que los propios mexicanos lo paguen. Por lo menos en este tema Trump nos ha tranquilizado recientemente, aclarando que quiere que el muro sea “bonito” (eso sí, solo en el lado que dé a Estados Unidos). El tipo parece un villano sacado de alguna película mala de superhéroes.

Frente a esta urgente necesidad de armas y agentes de seguridad, todo lo demás resulta prescindible. Entre los mayores recortes están los sufridos por la protección del medio ambiente. El presupuesto de la Agencia de Protección Medioambiental se reduce un 31%. El Ártico se derrite, cada año es más caluroso que el anterior, los riesgos de sequías, desertización y fenómenos naturales extremos aumentan, los científicos tienen claro el origen del problema y cómo combatirlo… ¡Da igual! En la visión del mundo de Trump, la salud del planeta importa mucho menos que la capacidad de destruirlo. ¡Sólo los débiles y los perdedores necesitan aire y agua sin contaminar!

Justo cuando las Naciones Unidas acaban de alertar de una grave hambruna en África, Estados Unidos recorta también drásticamente (en torno al 29%) el gasto en ayuda al desarrollo y cooperación internacional, incluyendo sus aportaciones al presupuesto de la propia ONU. De nuevo esto se puede poner en palabras y la traducción vuelve a ser brutal. “Si mueren de hambre millones de mujeres y niños no es mi problema, pues no son norteamericanos. Solo debo preocuparme de que no huyan de allí y entren en mi país a molestar. Si lo logran, les devolveré al lugar de partida”.

Su compasión tampoco es mucho mayor cuando piensa en sus conciudadanos estadounidenses en apuros. Propone recortar el gasto para la formación de los parados. Quiere eliminar el reparto de alimentos a domicilio para personas en situación de necesidad, las ayudas para asistencia legal a ciudadanos sin recursos o los programas para suplementar la alimentación de niños pobres en las escuelas. Esto se suma a la reforma del Obamacare, que dejará sin cobertura sanitaria a 24 millones de personas. De nuevo, ideología reaccionaria pura: subyace la presunción de culpabilidad del que cae en esas situaciones de necesidad, así como la sospecha de que están abusando del sistema (y la xenofobia racista, ya que muchos son inmigrantes recientes o personas de color).

De la enloquecida poda con motosierra de Trump no podían salvarse la cultura, la educación y la ciencia. Al fin y al cabo, nada dificulta más el triunfo de la postverdad que tener ciudadanos educados y críticos. En esta línea de “muerte a la inteligencia” destacan medidas como el recorte de la investigación en salud y del gasto en educación, junto a la eliminación de partidas destinadas a promover las artes y las Humanidades, o financiar la televisión y radio públicas.

El documento presupuestario de Trump se titula: América Primero. Un borrador del presupuesto para hacer que América sea grande de nuevo.Habría sido más adecuado titularlo: “Algunos americanos primero y nadie más después”. En cuanto al ideal de grandeza, no difiere demasiado del que tenía Gengis Kan.