Kenneth Arrow: el Nobel de Economía que demostró la imposibilidad de evitar a Trump

El martes 21 de febrero de 2017 falleció, a los 95 años, Kenneth Arrow. Su nombre probablemente no resulte familiar al gran público, pero se trata de una de las mentes económicas más brillantes del siglo XX. En 1972 recibió el premio Nobel, como reconocimiento a su pionera obra teórica. Hasta ahora, ha sido el economista que lo ha logrado más joven, a los 51 años. El trabajo de Arrow se expresa en un lenguaje matemático complejo, pero está lleno de implicaciones prácticas.

La primera de sus grandes aportaciones revolucionó, o más bien creó, la Teoría de la elección social. En su clásico libro de 1951 Elección social y valores individuales, Arrow se planteó cómo traducir un conjunto de preferencias individuales dispares en decisiones colectivas que cumplan unos requisitos lógicos mínimos. En el famoso Teorema de Imposibilidad que lleva su nombre, demostró que no existe ningún mecanismo democrático de decisión colectiva perfecto, capaz de cumplirlos. La votación por mayoría puede dar lugar a resultados arbitrarios, que ni siquiera respeten la transitividad (si A es preferido a B y B es preferido a C, A debe ser preferido a C).

Uno de los ejemplos clásicos muestra cómo el orden en que se realizan las votaciones puede decidir el triunfo de uno u otro resultado. Si lo electores tienen que elegir primero entre Hillary Clinton y Sanders, y después entre el ganador y Trump, el resultado puede ser distinto del que arrojaría otro orden en los emparejamientos. Esto tiene mucho que ver con la victoria de Trump. De hecho, resulta difícil encontrar mejor ejemplo de la dificultad de traducir preferencias individuales en decisiones colectivas racionales que su triunfo. Arrow nos enseña otra cosa importante en el contexto actual: como los resultados de una elección dependen en gran medida de las reglas bajo las que se celebran, el ganador no tiene derecho a pensar que él representa en solitario la voluntad colectiva.

La segunda gran aportación teórica de Arrow tuvo lugar en el núcleo mismo de la ciencia económica. Tal vez la intuición esencial en Economía sea la que tuvo Adam Smith de que existe una “mano invisible” que lleva a los mercados a alcanzar el equilibrio por sí solos. Arrow formalizó matemáticamente esta idea mediante un modelo de equilibrio general, demostrando que existe un conjunto de precios capaz de lograr el equilibrio simultáneo de todos los mercados. Esta parte de su obra combina la dificultad intrínseca con la belleza matemática. Sus resultados también aclaran qué condiciones ideales deben darse (qué supuestos restrictivos deben cumplirse) para que el equilibrio sea posible. La ausencia de tales requisitos, por ejemplo cuando existen efectos externos negativos como la contaminación, justifica la intervención pública para corregir los fallos del mercado.

Las anteriores aportaciones básicas hacen que cualquier economista moderno esté en deuda intelectual con Arrow. Otras huellas más especializadas de su trabajo han dejado una profunda marca en campos tan diversos como la teoría del crecimiento económico, la economía de la salud y la economía financiera.

Desde un punto de vista humano, Kenneth Arrow representa lo mejor de Estados Unidos, un brillo hoy oscurecido por el negro nubarrón de Trump. Nacido en Nueva York, pero miembro de una familia de judíos rumanos inmigrantes, el nuevo presidente habría impedido su presencia y sus estudios en el país que ha ayudado a engrandecer. Habiendo crecido en medio de la Gran Depresión, este economista académico de Stanford siempre se caracterizó por el compromiso social. La alerta frente a los peligros del cambio climático, que Trump niega en contra de la abrumadora evidencia científica, fue su última gran cruzada.

La misma tradición de excelencia intelectual y compromiso social caracteriza a otros miembros de su círculo familiar: Paul Samuelson (el primer premio Nobel de Economía estadounidense, otro referente en la profesión) y Lawrence Summers (que ha sido Secretario del Tesoro, presidente de Harvard y consejero de Obama). Kenneth Arrow nunca utilizó las ecuaciones como un escudo detrás del que esconderse. Su trayectoria puede servir de modelo para cualquier economista joven. Hoy sirve también para recordarnos la existencia de esa otra América, ilustrada y filantrópica, que esperemos termine triunfando pronto sobre los nuevos bárbaros.