La recuperación del empleo en España tras la crisis: un camino a medio recorrer

La Encuesta de Población Activa correspondiente al tercer trimestre de 2016 ha arrojado unos resultados razonablemente buenos. El número de ocupados se ha incrementado en 226.500 personas respecto al trimestre anterior. En los últimos doce meses, el aumento del empleo ha sido de casi medio millón de personas (478.800 es la cifra exacta). El número de parados desciende aún más que el empleo creado, debido a la disminución de la población activa: en el tercer trimestre se contabilizan en 253.900 parados menos, 530.000 si se toman como referencia temporal los últimos doce meses. Gracias a estos resultados, la tasa de paro se sitúa en el 18,91%, su valor más bajo desde finales de 2009; en el último año ha descendido en 2,27 puntos.

Para poner los datos anteriores en perspectiva, puede resultar interesante comparar esta última EPA con la del primer trimestre de 2014 (cuando la recuperación estaba comenzando y el mercado de trabajo se encontraba todavía en su peor momento) y la del primer trimestre de 2008 (al inicio de la crisis, antes de que surgiesen los problemas). Esto nos ayudará a visualizar, de forma aproximada, cuánto hemos subido ya desde el punto más bajo del hoyo en el que habíamos caído y cuánto falta todavía para volver a la superficie.

Tomando las referencias citadas, en términos de empleo antes de la crisis España contaba con 20.402.300 ocupados. En la actualidad, el número de empleados es de 18.527.500. Durante los peores momentos de la crisis, el empleo descendió por debajo de los 17 millones (16.950.600). Dicho de otra forma: España ha visto como se destruían unos 3,5 millones de empleos por la crisis, de los cuales se han recuperado ya 1,5 millones y quedan por recuperar aproximadamente 2 millones.

En lo que se refiere al número de parados, antes de la crisis eran poco más de 2 millones (2.174.200). En los peores momentos, llegaron a ser 6 millones (5.933.300); hoy son 4.320.800. Es decir, del incremento del paro de unos 4 millones de personas provocado por la crisis, se han absorbido de momento (mediante la variación del empleo y de la población activa) alrededor de 1,7 millones.

Respecto a la tasa de paro, iniciamos la crisis con un nivel inferior al 10% (9,63%), llegó a cerca del 26% en los peores momentos (25,93%) y actualmente está en el 18,91%. Por tanto, del aumento de 16 puntos en la tasa de paro, se ha logrado hasta ahora una reducción de 7 puntos.

Evidentemente, los datos anteriores no reflejan cuestiones como la calidad del empleo. España inició la crisis con una elevadísima tasa de temporalidad, superior al 30%. Al comenzar la recesión, ese porcentaje de trabajadores con contratos temporales en vez de fijos cayó casi 10 puntos (hasta el 23%), pues los despidos recayeron con más fuerzas sobre ellos. Con la recuperación, las nuevas contrataciones han sido otra vez mayoritariamente temporales, de forma que la tasa ha vuelto a repuntar (hasta el 26,96%).

De esos trabajadores ocupados, lo estén con contratos indefinidos o temporales, hay un porcentaje que trabaja jornadas a tiempo parcial, de duración inferior a la completa. Esa tasa de parcialidad era del 12,01% al inicio de la crisis. Fue aumentando durante ella (con frecuencia en contra de los deseos del trabajador contratado, que se veía obligado a aceptar la parcialidad como única alternativa al paro) hasta el 16,2%. Con la recuperación, se ha reducido hasta el 14,56%.

Como puede verse, los distintos indicadores laborales muestran una imagen muy consistente. Desde que el mercado de trabajo español tocó fondo, ha logrado recuperar algo menos de la mitad del deterioro provocado por la crisis. Esperemos que la sensatez predomine entre los partidos políticos, de forma que el nuevo gobierno pueda favorecer la recuperación, pese a carecer de una mayoría parlamentaria estable. Sería preciso seguir creando empleo al ritmo actual durante los cuatro años de la Legislatura para recuperar el nivel de empleo anterior a la crisis. Difícil, incluso improbable, pero no imposible. ¡Manos a la obra!