La economía española va reduciendo ligeramente el ritmo

Cada tres meses, la Encuesta de Población Activa del INE proporciona la mejor radiografía disponible de la situación del mercado laboral español. Recientemente se han publicado los datos del segundo trimestre de 2016. Entre abril y junio, el número de ocupados se ha incrementado en nuestro país en 271.400 personas. Durante los 12 últimos meses, el empleo ha aumentado en 434.000. En este mismo período, el número de parados ha disminuido en 574.000 (lo que deja el total en 4.574.700 y la tasa de paro en el 20%), como consecuencia de la creación de empleo y de una caída de la población activa de 140.000 personas.

Los datos de la EPA reflejan indirectamente la estructura productiva española. El aumento de la ocupación se centra fuertemente en el sector servicios. El empleo en este sector ha aumentado en 439.100 personas (y en la agricultura en 19.800) mientras que bajaba en la construcción (15.700 ocupados menos) y en la industria (8.800). La industria y la construcción no acaban de remontar con fuerza, aunque sí hayan detenido la sangría de la destrucción masiva de empleo. En los meses de temporada turística, las actividades relacionadas con esta actividad (como hostelería o comercio) concentran buena parte de la creación de empleo. Actualmente el motor turístico empuja con especial fuerza, debido al momento de inestabilidad por el que atraviesan muchos de nuestros potenciales competidores (el último, Turquía).

Por encima de mejoras coyunturales en el comportamiento del empleo indefinido y a tiempo completo, los datos siguen reflejando en conjunto la fuerte precariedad y dualidad que caracterizan al mercado laboral. La tasa de temporalidad sube 68 centésimas (hasta el 25,72%) y el porcentaje de personas que trabajan a tiempo parcial se reduce 39 centésimas (hasta el 15,31%).

Otro numeroso colectivo, en situación aún peor que el de los trabajadores precarios, es el formado por los parados de larga duración. Aunque su número se vaya lentamente reduciendo, las cifras siguen siendo preocupantes. El porcentaje que representan los desempleados durante más de dos años sobre el total alcanza el 42,8%. Por su parte, los hogares con todos los miembros en paro disminuyen este trimestre en 117.100, pero siguen siendo 1.493.800.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los datos agregados encubren fuertes diferencias regionales. Poco se parece la situación del País Vasco (que disfruta de la menor tasa de desempleo, un 12,5%), a la de Andalucía (con la tasa más alta, del 29%) Extremadura o Canarias (que superan el 27%).

¿Qué nos dicen estos datos de la EPA sobre la marcha del conjunto de la economía española y sus perspectivas para el futuro inmediato? El balance de creación de empleo es globalmente positivo, como cabía esperar en un trimestre en el que la estacionalidad desempeña un papel importante. Corrigiendo esa estacionalidad, el incremento del empleo fue de 53.600, una cifra relativamente baja (comparada con los datos del mismo trimestre desde el inicio de la recuperación) y claramente inferior a la que se esperaba. En términos desestacionalizados, la variación trimestral es del 0.29%, frente al 1.13% en el mismo trimestre el año anterior o el 0.75% del trimestre anterior. Se detecta así una ralentización en la creación de empleo, que los datos anuales corroboran. En el último año, el número de ocupados ha crecido un 2.43%, frente al crecimiento del 3% anual en el segundo trimestre del 2015.

Otros indicadores aparecidos estos días corroboran este diagnóstico de leve desaceleración. Según la estimación publicada por el INE, el PIB creció un 0.7% entre abril y junio, una décima menos que en el trimestre anterior. En tasa interanual, el PIB avanzó un 3.2%, dos décimas por debajo de lo logrado entre enero y marzo.

Por su parte, el propio Gobierno (en su Escenario Macroeconómico para 2016 y 2017) acaba de pronosticar cierta desaceleración: ha revisado al alza en dos décimas el crecimiento previsto para este año, estimándolo en el 2.9% y, al mismo tiempo, ha rebajado una décima la previsión para el año que viene, hasta el 2.3%.

Frente a toda esta batería de indicadores, que apuntan hacia una progresiva desaceleración, se alzan los buenos datos de cotizantes a la Seguridad Social en el mes de julio. El número de afiliados ha aumentado en 84.721, el mejor dato en ese mes desde el inicio de la crisis. En este incremento ha tenido un papel protagonista, de nuevo, la excepcional campaña turística, con efectos en la hostelería y el comercio.

La diferencia entre el crecimiento del empleo que estima la EPA y el que ofrece la afiliación es últimamente muy cuantiosa, como pudo verse con los datos de ambas fuentes para el segundo trimestre. La afiliación creció considerablemente más que el empleo de la EPA (430.000 frente a 270.000). Ambas fuentes miden cosas distintas y de diferente forma. Por ejemplo, puede haber ocupados que no estén afiliados a la Seguridad Social, así como afiliados que no estén ocupados (si cotizan con el fin de percibir en el futuro una pensión). No obstante, los datos de la EPA se suelen considerar los más completos y fiables.

El panorama es de suave desaceleración, por tanto. Se trata, aún así, de un logro no despreciable, dado que la economía española continúa avanzando a ritmos que prácticamente duplican los de la media de la zona euro. Para continuar lográndolo, en un contexto plagado de riesgos internacionales (Brexit, situación de la banca italiana, agotamiento de los estímulos monetarios, crisis de los países emergentes…) resulta cada vez más urgente formar un nuevo Gobierno sólido. Los riesgos internos, como el desafío explícito a la legalidad de los separatistas catalanes o la necesidad imperiosa de cumplir esta vez los acuerdos presupuestarios con la Unión Europea, tampoco son menores ¡Hace falta un Gobierno fuerte, con capacidad para tomar decisiones de calado, ya! En caso contrario, la suave desaceleración económica puede acabar convirtiéndose en un brusco frenazo, incluso en un choque.