La políticas británica tras el Brexit: un gran homenaje a Shakespeare

Se celebra en 2016 el cuarto centenario de la muerte de Shakespeare, coincidiendo con el de Cervantes. Ha solido comentarse la mayor calidad de la conmemoración oficial del genial escritor inglés, comparada con la del español. Para reafirmar esta impresión, parece que la clase política británica, en buena parte formada en Oxford y Cambridge, bien versada en los clásicos, ha decidido sumarse al homenaje con su comportamiento tras el Brexit. Todo se asemeja a una gran interpretación posmoderna basada en sus textos.

La obra comenzó hace algún tiempo, cuando David Cameron decidió convocar un referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea, no en base al interés nacional, sino para apaciguar al ala euroescéptica de su propio partido y competir por el electorado del rabiosamente antieuropeista UKIP. Lo que logró unir al partido Conservador a corto plazo, sólo sirvió para agudizar las divisiones a la larga, y “cuando la envidia engendra amarga división, viene la ruina, comienza la confusión” (Enrique VI).

Los políticos conservadores más ambiciosos se dieron cuenta de que el Primer Ministro había unido su suerte a la permanencia en la Unión Europea, por lo que la salida supondría su muerte política y la oportunidad de ocupar el trono. “Los hombres cierran sus puertas al Sol que empieza a ponerse” (Timón de Atenas). Los cuchillos pronto salieron a relucir y, como en el Julio César de Shakespeare, especialmente entre los más cercanos al emperador. Michael Gove, el ministro de Justicia, amigo de la familia Cameron, con la que compartía bautizos y celebraciones, asestó una de las puñaladas más dolorosas; Boris Johnson, otro amigo, éste de los tiempos universitarios, una de las más mortales (“Et tu, Boris”).

Los conjurados, blandiendo los puñales del Brexit, no dudaron en utilizar todo tipo de mentiras durante la campaña: falsas cifras sobre la contribución británica el presupuesto comunitario, sobre los ahorros que podrían lograrse con la salida, sobre posibles mejoras en el Servicio Nacional de Salud… Sobre todo, atizaron los temores de la población respecto a los inmigrantes, pues “para engañar al mundo, hay que parecer como el mundo” (Macbeth). Su campaña fue “una historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa” (Macbeth), pero funcionó.
Consumado el asesinato político de Cameron, los conjurados, de nuevo siguiendo fielmente el guión del Julio Cesar como parte de su homenaje a Shakespeare, huyeron asustados de las consecuencias de sus propios actos, pues no habían planeado nada para el caso de tener éxito. Boris se fue a jugar al cricket. Los ganadores del referéndum no querían ni sabían gestionar el resultado. Ellos sólo habían querido matar a César. Con razón “yace intranquila la cabeza que lleva una corona” (Enrique IV).

Al anunciar Cameron, siguiendo los encomiables usos de la política británica, su dimisión al día siguiente del referéndum, una nueva guerra civil, esta vez por su herencia, se desató dentro del partido conservador. Theresa May, la fría y eficiente ministra del Interior, fue adoptada en el testamento de Cameron como la heredera, como su Octavio. Se había opuesto al Brexit, pero con cautela, pues conocía su Hamlet (“A todos presta oídos, tu voz a pocos; escucha el juicio de todos y guarda el tuyo”). Por suerte para ella, los asesinos de Cameron pronto se traicionaron entre ellos, pensando que “las cosas que comienzan con el mal, sólo se afianzan con el mal” (Macbeth). La mujer de Michel Gove, cual moderna lady Macbeth, le espoleaba, incluso mediante correos electrónicos que terminaron siendo filtrados a la prensa. “Tú quieres ser grande y no te falta ambición, pero sí la maldad que debe acompañarla”, le susurraba al oído noche y día. Persuadido, si es que necesitaba persuasión, su marido traicionó a Boris Johnson, hasta ese instante estrecho aliado, presentando su propia candidatura por sorpresa. “Puedo asesinar y sonreír mientras asesino” (Enrique VI). Con los apoyos así mermados, Johnson se vio obligado a retirarse. Finalmente, las fuerzas debilitadas y divididas de los conservadores que habían apoyado el Brexit se concentraron en torno a una candidata poco preparada, la ministra de Energía Andrea Leadsom, incapaz de seguir el consejo de “ten más de lo que enseñas, di menos de lo que sabes” (El Rey Lear), dada la escasez de sus conocimientos. De esta forma, el manto del poder cayó por si solo sobre los hombros de Theresa May. “Algunos nacen grandes, algunos logran la grandeza y a algunos la grandeza les cae encima” (Noche de Reyes).

El resto de partidos políticos británicos no ha querido estar ausente de este gran homenaje a Shakespeare con motivo de su centenario. El irresponsable líder del UKIP, Nigel Farage, un gran ganador en términos políticos tras el resultado del referéndum, también decidió huir de sus responsabilidades y dimitir. De su discurso siempre pudo decirse “entiendo la ira en tus palabras, pero no tus palabras” (Otelo). En el partido laborista, los puñales relucen, así mismo. Jeremy Corbyn, su demasiado izquierdista líder, tras participar con poca convicción en la fracasada campaña a favor de la permanencia en la Unión Europea, ha sido rechazado por 172 de los 230 diputados laboristas en una moción de desconfianza. No obstante, se aferra a su puesto, con el apoyo de los sindicatos y las bases del partido. Los Liberales de Nick Clegg han quedado sumidos en la irrelevancia, como castigo a haber tenido razón antes de tiempo en sus vaticinios sobre los inconvenientes del Brexit. Mientras tanto, los nacionalistas escoceses y norirlandeses empiezan a seguir su propio camino. También ellos quieren abandonar una Unión, pero en este caso se trata de la británica, no de la europea.

La economía británica está siendo la última en sumarse al homenaje a Shakespeare. Parece que se propone, entrando en recesión, demostrar la honda verdad de otra de sus brillantes frases: “La discordia social es como una venenosa serpiente, que va royendo las entrañas de la riqueza común”. Ciertamente, nadie como los ingleses sabe celebrar este tipo de conmemoraciones por todo lo alto.