La incertidumbre política siempre perjudica a la economía

A los economistas nos gusta vernos como una especie de físicos de las Ciencias Sociales, bien pertrechados con un arsenal de instrumentos matemáticos. Sin embargo, en último término nuestra disciplina tiene importantes áreas de intersección con otra ciencia menos exacta: la Psicología. Al fin y al cabo, se trata de explicar comportamientos humanos, aunque estén limitados a ámbitos materiales como la producción o el consumo. Esto hace que las expectativas desempeñen un importante papel en el análisis económico moderno, ya que cómo actúan las personas en el presente se ve muy condicionado por su visión de lo que el futuro les deparará.

Lo anterior ayuda a intuir los importantes efectos económicos que un período de gran incertidumbre política, como el que España atraviesa, puede tener. Han transcurrido ya más de dos meses desde las elecciones generales y sigue sin vislumbrarse el final del proceso de formación de un nuevo gobierno. A esta fuente de enorme incertidumbre política se suma otra previa, no menor: la situación existente en Cataluña. No son riesgos despreciables. Pese a ello, como la economía crece a una tasa ligeramente superior al 3%, parece como si no importasen demasiado. Es cierto que la economía española disfruta del impulso de fuertes vientos de cola, como la caída del precio del petróleo o las políticas de apoyo del BCE, con sus corolarios en forma de bajos tipos de interés y depreciación del euro. Aún así, constituiría un grave error desdeñar los costes potenciales de esta gran incertidumbre política para la economía. Las vías por las que sus efectos se transmiten son numerosas.

El consumo es el componente más grande de la demanda agregada; equivale en España a aproximadamente el 60% del PIB. Las familias consumen en función de la renta de que disponen: de la cuantía de su salario, de su pensión o de su prestación por desempleo. También la renta disponible que esperan en el futuro inmediato condiciona su consumo presente. Por ejemplo, si esperásemos una subida enorme de sueldo el año próximo, empezaríamos ya a consumir más, pidiendo dinero prestado. Cuando las familias no saben cuál va a ser esa renta disponible futura, pues desconocen si los impuestos van a subir o bajar, si las prestaciones van a aumentar o disminuir... no se animarán precisamente a consumir más.

La inversión de los empresarios, tanto españoles como extranjeros que se planteen invertir en nuestro país, depende aún más evidentemente de las expectativas de rentabilidad futura de esos proyectos de inversión. Las dudas sobre si el gobierno de una importante Comunidad Autónoma va a respetar la legalidad, sobre cuándo el futuro gobierno va a constituirse, sobre qué color político tendrá (es decir, sobre lo que hará con el gasto público, los impuestos, la legislación laboral, las pensiones...) afectan al cálculo de esas rentabilidades futuras. Como consecuencia, pueden no llegar a materializarse proyectos de inversión, así como deshacerse o cambiar de localización inversiones existentes.

Otra vía de transmisión mediante la que la incertidumbre afecta a la economía, en este caso de forma rápida y en casos extremos devastadora, es a través de los mercados financieros. Si la confianza en la economía española se deteriora, las primas de riesgo que tienen que pagar las emisiones de deuda (pública o corporativa) se incrementan. Las Bolsas pueden reflejar en minutos una pérdida de confianza, traduciéndola en un menor precio de las acciones de las grandes empresas españolas.

Los indicadores recientes (encuestas de confianza de consumidores y empresarios, ratings de las agencias de calificación, primas de riesgo, cotización de las acciones...) apuntan a que los efectos negativos todavía no son graves, pero existen. Eso no debe llevar a la complacencia, pues pueden manifestarse en cualquier momento de forma brusca en las Bolsas o las primas de riesgo. Conviene por ello reducir cuanto antes la incertidumbre política en España. El deterioro del entorno económico internacional (desaceleración global, crisis China, volatilidad del precio del petróleo, dudas sobre algunos bancos europeos y amenaza de Brexit) acentúa la urgencia. Woody Allen lo expresó mejor que pueden hacerlo los fríos razonamientos económicos: a todos nos interesa el futuro, porque es el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestras vidas.