El "Plan Restoy": cómo mejorar la supervisión financiera en España

Hace unos días, Fernando Restoy (subgobernador del Banco de España y brillante economista) pronunció un importante discurso, en el que detallaba una propuesta de reforma de la supervisión financiera española, con el fin de homologarla a la vigente en la mayoría de países europeos. En el Reino Unido, Francia, Italia, Holanda o Bélgica, funciona el modelo llamado twin peaks o de “pilares gemelos”.

En tal modelo, la supervisión se organiza alrededor de dos instituciones. Una, creada en torno al banco central, tiene como misión velar por la solvencia de todas las entidades con riesgos sistémicos (se trate de bancos, compañías de seguros o fondos de inversión). La segunda, tiene como tarea supervisar las conductas de todo tipo de instituciones financieras, protegiendo a los usuarios de cualquier tipo de servicio financiero.

La supervisión financiera en España aún padece serias carencias, que una modernización en la línea enunciada ayudaría a subsanar. Las funciones supervisoras tradicionales (solvencia, conducta y protección del inversor), se encaran todavía en España con un enfoque decididamente sectorial. El Banco de España supervisa la solvencia de las entidades de crédito y, a la vez, su conducta en la comercialización de productos (lo que puede provocar conflictos de intereses, como el pasado reciente atestigua). La CNMV, vigila el funcionamiento de los mercados y, simultáneamente, supervisa la solvencia y conducta de las empresas de servicios de inversión. Por último, la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, supervisa tanto la solvencia como la conducta de las aseguradoras.

El modelo vigente presenta numerosos inconvenientes. Fija regímenes de supervisión sectorial distintos; también una protección de los inversores diferente en la comercialización de productos bancarios, acciones o seguros (una distinción cada vez más convencional). No se toman todas las precauciones necesarias para prevenir los posibles conflictos de interés entre las distintas funciones atribuidas a un mismo supervisor. Además, hace que las compañías de seguros estén supervisadas por un organismo sin la mínima independencia.

Otros problemas tienen que ver con los servicios de reclamaciones de los distintos organismos supervisores. Desempeñan hoy un papel meramente testimonial, pues los informes que emiten ¡no son vinculantes! En 2014, el servicio de reclamaciones del Banco de España dio la razón a 6.028 clientes de entidades financieras en las quejas que formularon. Los bancos afectados solo se molestaron en rectificar en el 16,8% de los casos. En cuanto al servicio de reclamaciones de la CNMV, de 2.700 reclamaciones resueltas en 2014 a favor de los clientes, sólo el 6% conllevaron una rectificaron (en el 70% de los casos, las entidades ni siquiera respondieron a la CNMV, ya que no tienen la obligación de hacerlo).

El momento político por el que atraviesa nuestro país, de renovación y cuestionamiento de lo existente (aunque a menudo sea en un plano simbólico, carente de aportaciones constructivas viables) puede resultar el adecuado para completar la necesaria reforma de la supervisión financiera. En el nuevo modelo, las competencias sobre la solvencia de todo tipo de intermediarios financieros (sean entidades bancarias, empresas de servicios de inversión o compañías de seguros) se concentrarían en una única autoridad, nucleada en torno al Banco de España. La vigilancia de las conductas correspondería a una segunda institución, creada en torno a la actual CNMV. Esto, unido al refuerzo de la independencia de los organismos supervisores y a la creación de un método de resolución de conflictos que incluya la existencia de dictámenes vinculantes, ayudaría a proteger mejor a los usuarios de todo tipo de servicios financieros.

Bienvenida sea, por tanto, la oportuna propuesta del subgobernador Restoy. Anima ver a un responsable público cualificado, reflexionando sobre su ámbito de competencias con altura de miras y realizando propuestas constructivas. Ojalá su discurso sirva para iniciar el necesario debate que plantea y para que cunda el ejemplo.