Economía del terrorismo: una breve guía

El terrorismo, junto a su irracional furia asesina, tiene también aspectos económicos que es necesario analizar, si se quiere comprender (y combatir) tan odioso fenómeno adecuadamente. Los atentados tienen consecuencias económicas y las organizaciones terroristas necesitan recursos para financiar sus estructuras.

Los efectos económicos más evidentes del terrorismo se derivan de los daños directos, de la destrucción material que causa un atentado. No obstante, sus repercusiones económicas son mucho más amplias. Hay toda una lista de sectores que suelen verse particularmente afectados: el turismo, la hostelería, el ocio (espectáculos de masas) y el transporte (especialmente el aéreo y el público).

Las dificultades de transporte y otras limitaciones a la movilidad de las personas tienen efectos difícil de medir, pero amplios, pues se extienden al conjunto de la economía. Se está viendo ahora en el ámbito europeo, donde se cuestiona la propia supervivencia del espacio libre de pasaportes Schengen.

El sector del seguro suele ser otro de los más claramente afectados, al tener en principio que hacer frente a las indemnizaciones relacionadas con los atentados. Si deja de cubrirlos, el Estado tendrá que tomar el relevo total o parcialmente.

La demanda social de mayor seguridad se manifestará de forma privada (compañías de seguridad) y pública (mayor gasto en defensa, policía e inteligencia). Lo primero supone mayores cifras de negocio para las compañías de ese sector, pero también costes más altos para los clientes que contratan sus servicios. El mayor peso en los presupuestos públicos del gasto en seguridad se logrará a costa de no emplear esos recursos en otros fines más productivos.

Por último, pero no menos importante, el terrorismo provoca un aumento en el nivel general de incertidumbre que sufre una economía. La incertidumbre es aún peor que el riesgo para la actividad económica, pues éste se puede estimar en términos de probabilidades y aquélla no, es por naturaleza impredecible. El aumento de la incertidumbre provoca un deterioro de la confianza en consumidores e inversores, modificando a la baja sus decisiones de gasto y reduciendo así el crecimiento económico. En los mercados financieros, la mayor incertidumbre se manifestará en forma de huída de los capitales hacia los activos-refugio, considerados más seguros (oro, dólar, deuda pública…). El petróleo se encarecerá si los suministros se consideran amenazados, bien por daños en las instalaciones productivas o por dificultades de transporte.

La intensidad de los efectos anteriores dependerá del grado de pánico que los atentados provoquen en la ciudadanía y las autoridades. Conviene evitar las reacciones excesivas, tanto a nivel individual como colectivo, para frustrar los propósitos de los terroristas.

Otro aspecto económico del terrorismo tiene que ver con sus fuentes de financiación. Realizar un atentado puntual no requiere recursos cuantiosos, pero mantener unas estructuras organizativas estables sí. Algunos grupos, además, desarrollan simulacros de políticas sociales locales, que les permiten ganar apoyo en las zonas que controlan, o garantizan ingresos vitalicios a los familiares de los terroristas muertos.

En el caso de los grupos islamistas, una parte considerable de sus rentas proviene de los campos petrolíferos que controlan en Siria e Iraq. Hasta ahora, los países occidentales han hecho la vista gorda ante este tráfico, sin dañar demasiado ni la capacidad productiva ni la de transporte (mediante camiones cisterna).

El comercio ilegal de antigüedades (estatuas, restos arqueológicos, libros...) provenientes de museos y yacimientos saqueados, ha sido otra fuente de ingresos relevante. Parte se vende, más o menos clandestinamente, en los países occidentales. Otros grupos terroristas se han involucrado en el comercio ilegal de drogas, marfil, diamantes... ¿Adivinan dónde suelen venderse?

En los territorios que controlan, los grupos terroristas saquean las cajas fuertes de los bancos y recaudan mediante la extorsión “impuestos”. Los rescates que cobran gracias a los secuestros son otra de sus fuentes de financiación. Reciben también donaciones, a menudo camufladas con fines supuestamente humanitarios, de países aliados de Occidente, como Arabia Saudí y las monarquías del Golfo. Existen incluso sospechas de que algunos grupos puedan haberse beneficiado de especulaciones en Bolsa, basadas en los movimientos en los precios de las acciones que provocan sus propios atentados, un caso especialmente macabro del uso de información privilegiada.

Como puede verse, Europa, Estados Unidos y sus aliados deben hacer mucho más para debilitar a los grupos terroristas, cerrando sus fuentes de financiación.