Balance laboral de la Legislatura: ni tanto, ni tan calvo

La reciente publicación de la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre permite hacer ya un balance de la Legislatura en lo que se refiere al mercado de trabajo, comparando sus datos con los de la EPA del cuarto trimestre de 2011. Llama la atención la virulenta polémica desatada estos días sobre si se ha creado algo de empleo o no estos años. Los creadores de opinión, casi siempre cegados por sus simpatías partidistas, debaten acaloradamente sobre la cuestión. El que la propia polémica sea posible demuestra que el número de ocupados no ha variado sustancialmente a lo largo de la Legislatura. La leve reducción en el número de parados se ha visto impulsada por un preocupante fenómeno: la disminución de la población activa. Se trata de personas que dejan de buscar empleo, despareciendo en consecuencia de las estadísticas de paro, porque se desaniman o emigran a otros países.

¿Han sido, por tanto, cuatro años perdidos en términos de empleo? En mi opinión, sería injusto interpretarlo estrictamente así. Es cierto que la Legislatura acaba, en términos de ocupación, en niveles parecidos a los iniciales. Sin embargo, no se debe obviar el claro cambio de tendencia que se ha producido. En la EPA del cuarto trimestre de 2011, se destruían 348.700 empleos; en la del tercer trimestre de 2015, se crean 182.200 (que son 544.700 tomando como referencia los últimos doce meses). Se pueden discutir las causas (en qué medida esto se debe a factores externos, como el precio del petróleo, la política monetaria del BCE o el tipo de cambio del euro), pero conviene no negar la realidad.

Lo anterior no justifica, en modo alguno, el exagerado triunfalismo del gobierno. Las cifras de la EPA ponen también de manifiesto numerosas cuestiones preocupantes:

  • El problema del paro afecta de forma desigual a los distintos territorios y grupos de edad. La tasa de paro nacional sigue en un dramático 21.18%, pero es un insoportable 31.73% en Andalucía o un espantoso 46.6% entre los jóvenes.
  • La última reforma laboral no ha terminado con la precariedad, por mucho que lo jure la ministra. Todo lo contrario. El mercado de trabajo sigue siendo claramente dual. En la última EPA, el número de empleos indefinidos cae en 18.900, mientras que el de temporales aumenta en 205.500. La tasa de temporalidad era del 32% antes de la crisis. Cayó hasta un mínimo del 21.9% en el primer trimestre de 2013, como consecuencia de los más de 2 millones de empleos temporales destruidos. Desde entonces, ha vuelto a repuntar, hasta el actual 25%.
  • Una parte muy considerable del paro es de larga duración y tiene carácter estructural. Del total de 4.8 millones de parados, casi 3 millones llevan más de un año en paro; alrededor de 2 millones llevan más de dos años; cerca de 1 millón llevan ¡más de cuatro años en paro! Esto ha provocado el agotamiento de las prestaciones y la consiguiente caída en la tasa de cobertura. Se trata de una emergencia social, a la que habría que responder con medidas urgentes de activación y de apoyo, antes de que el problema se enquiste aún más. Los parados de larga duración van perdiendo motivación, sus conocimientos se van quedando obsoletos y sufren cierto estigma de cara a los empleadores, de forma que cada vez les resulta más difícil salir de su situación. Otro dato relacionado con los anteriores: las familias con todos sus miembros en paro siguen siendo 1.572.900 en nuestro país.

Si se desea tener una mayor perspectiva temporal y espacial, téngase en cuenta que, desde el inicio de la crisis, se han perdido unos 2.3 millones de empleos aún no recuperados, y que en la Unión Europea la tasa de paro media es la mitad que en España.

En conclusión, la verdadera nota que merece el Gobierno por cómo ha evolucionado el mercado de trabajo durante esta Legislatura está en algún lugar claramente por debajo del sobresaliente que reclama, pero bastante por encima del muy deficiente que le otorgan casi todos sus críticos.