El asma: consecuencias y remedios

El asma es una de las enfermedades más comunes en España y una también de las que crece a mayor ritmo. La contaminación, el tabaquismo o la vida sedentaria son factores que afectan considerablemente al desarrollo de esta enfermedad. Los últimos datos oficiales, publicados por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) demuestran que la padece el 10,3% de la población, siendo Cádiz la provincia más afectada (15,4%) y Navarra, la que menos (5,5%). Además, afecta más a los niños y adolescentes que a los adultos, si bien la enfermedad se puede desarrollar con el paso de los años.

De hecho, en muchos casos la enfermedad aparece como respuesta a determinados estímulos que producen alergia, como el polen, los ácaros de polvo, las partículas de la piel de gatos y perros (no el pelo, como mucha gente cree), el humo, el aire frío y ciertos alimentos o aditivos alimenticios. Quienes hemos padecido la enfermedad podemos afirmar que no hay nada peor que sentir que el aire no llega a los pulmones. Especialmente, si no se tiene a mano un inhalador. Y es que el asma se caracteriza por la aparición de episodios de dificultad respiratoria (crisis o ataques), generalmente asociados a otros síntomas como la tos, los pitidos al respirar y la sensación de ahogo.

asma

Así mismo, el SEPAR calcula que hasta un 50% de los pacientes con asma no están bien controlados, aun siguiendo un tratamiento adecuado. Como decíamos, en muchas ocasiones esta falta de “control” se debe a la existencia de factores agravantes y a la coexistencia de otras enfermedades, tales como tabaquismo, las alergias o la obesidad. En otros casos, se debe a la gravedad intrínseca del asma. De hecho, de los más 300 millones de personas que padecen asma en todo el mundo, un 5% sufre asma grave resistente a los medicamentos actuales.

En este sentido, dentro de los nuevos tratamientos desarrollados para combatir el asma, las opciones más eficaces y prometedoras son las terapias biológicas. “Estas alternativas constan en tratamientos derivados de organismos vivos que están dirigidos a dianas moleculares específicas. Las terapias biológicas emergen como una solución relevante para los casos de resistencia a los fármacos actuales”, explica la Dra. Eva Martínez Moragón, neumóloga y miembro del área de asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

El asma y la alimentación

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La alimentación siempre es un factor básico para controlar casi cualquier enfermedad. Por ende, es fundamental que la persona asmática tenga una dieta adecuada y que le ayude a reparar y reequilibrar todo su organismo.

Entre los alimentos más contraproducentes para el asma se encuentra la azúcar refinada y sus derivados. Crean mucosidades y exceso de toxinas nocivas, además de que degenera e irrita el sistema nervioso. A estos, hay que sumar los fritos, los embutidos de origen animal, las carnes rojas o la leche de vaca y sus derivados, ya que generan también toxinas que producen moco. Esto es, deberíamos reducir de nuestra dieta el consumo de queso y jamón, pero también de pescados en conserva y aceites con ácidos grasos omega-6 como el de girasol.

En el otro lado de la balanza, encontramos como muy favorables para el control de la enfermedad, alimentos ricos en magnesio como el jengibre, el ajo, el cacao en polvo, las pipas de girasol, las almendras, anacardos o avellanas. Además, verduras como las espinacas o futas como los plátanos, manzanas y uvas son también muy beneficiosas. Tampoco podemos olvidar a los alimentos antioxidantes y ricos en Vitamina C como las naranjas, limones, mandarinas, perejil o kiwis. Entre los pescados, favorece a los enfermos de asma el azul, como pueden ser anchoas, sardinas o salmón.

En definitiva, el asma es una enfermedad peligrosa y bastante agobiante, especialmente cuando se producen ataques y no tenemos forma de controlarlos. Por tanto, mantener una dieta equilibrada, evitando los alimentos que más daño hacen a nuestros pulmones, así como dar con el tratamiento adecuado, es vital para tener una calidad de vida óptima.

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