Diez consejos para ser más feliz con una enfermedad crónica

cefalea migrana enfermedad cronicaEl estrés crea ansiedad, la ansiedad aumenta el dolor y el dolor, a su vez, aumenta el estrés. Y así la felicidad disminuye. “Es el círculo en el que vivimos muchas personas con alguna enfermedad crónica, pero ha llegado el momento de superarlo”. Julie Ryan es psicóloga y periodista freelance en Estados Unidos. Sufre fibromialgia, endometriosis, hipotiroidismo, migraña y cefalea. Todas de manera crónica. Pero no por ello se ha dado por vencida, sino que plasma sus vivencias en el blog CountingMySpoons, para intentar así ayudar a otras personas que pasen por su misma situación.

“El estrés es la pesadilla de mi existencia. Me cuesta mucho controlarlo y por ello me estreso con facilidad”, reconoce. Por eso, ha resumido brevemente en diez puntos qué le viene a la mente cada vez que el estrés empieza a apoderarse de ella. “Tener esto en cuenta es importante cuando se vive con dolor crónico, pero también cuando el dolor no forma parte de tu vida diaria”, añade. Aun así, es sincera: “Estas verdades mentales no siempre ayudan, pero seguro que te ayudarán a reubicarte y a calmar tu ansiedad”, explica.

  1. No es necesario complacer a nadie: Nada me hace sentir peor que saber que alguien se siente defraudado por mis acciones. Puedo defraudarme a mí misma varias veces al día, pero me cuesta asumir que puedo frustrar a alguien. Sin embargo, cuando tengo este sentimiento de culpa, pienso que no tengo por qué complacer a nadie, especialmente, porque la mayoría de las veces las personas que me rodean son muy comprensivas y seguro que la mayoría de las veces exagero en cuanto a lo que sienten.
  2. Todo no tiene que ser fácil: Las mejores cosas de la vida son las que cuesta conseguir. Se necesita trabajar mucho para sentirse bien con uno mismo, aun teniendo fuertes dolores. Todavía no existe esa píldora mágica que nos haga sentir bien todo el tiempo, es vital esforzarse e incluso apostar por los cambios. Lo mismo ocurre con las relaciones que tenemos con los demás. Es muy raro que sentándonos a esperar, sin hacer nada, las relaciones se mantengan estables. Hay que esforzarse más.
  3. Nada está garantizado: Sin duda, esto es lo más difícil de asumir, especialmente para llevar a cabo el punto dos. Nos cuesta mucho esforzarnos si no estamos seguros de que va a funcionar. Sin embargo, nada está garantizado en esta vida. Aunque tomemos el camino fácil, muchas veces nos encontraremos con obstáculos inesperados que requerirán de más esfuerzo. Eso sí: quien no se arriesga, no gana.
  4. Deja de compararte con los demás: “¡Cuánto tiempo he desperdiciado en mi vida comparándome con los demás!”, reconoce Julie. Admito que hay momentos en que la comparación puede ser buena, pues ayuda a ver lo que se puede conseguir y nos obliga a trabajar más duro para conseguirlo, pero la mayoría de las veces no importa lo que la otra persona esté haciendo o haya hecho. Lo importante es saber qué es lo correcto para mí y hacerlo independientemente de lo que haga el resto a mi alrededor.
  5. No te obsesiones con el orden y el control: Soy un poco fanática con el control. No mucho, pero sí lo suficiente para tener algunos problemas. Estoy a prendiendo a reírme de esta necesidad de tenerlo todo bajo control y ya no me importan que las toallas no estén dobladas o que no haya papel higiénico. La necesidad de control es, sin duda, la raíz del estrés y la ansiedad. Por tanto, estoy aprendiendo a tolerar que las cosas no se hagan a mi manera.
  6. Celebra los pequeños momentos: ¿Es tu cumpleaños? Celébralo. ¿Te has sacado el carné de conducir? Celébralo. ¿Vas a cenar a un restaurante? Celébralo. Disfruta cada momento de tu vida, pues tu felicidad se construye en cada uno de esos pequeños acontecimientos. La felicidad se basa en los ratos que pasas con la familia y los amigos, en las sonrisas que te dedican e incluso en la charla distendida que mantienes con la panadera por la mañana. ¡Disfrútalos todos y cada uno de ellos!
  7. Sé feliz por ti mismo: Muchas veces creemos que son otros quienes nos dan la felicidad. Pero a lo mejor, poner todas las expectativas en la otra persona puede ser un fracaso, sobre todo si esa persona no ha tenido su mejor día. Por tanto, lo más importante es que generes tu propia felicidad, sin necesidad de depender de los demás.
  8. Sé sincero: Con demasiada frecuencia tratamos de ocultar lo que realmente nos ocurre. No contamos la verdad porque no queremos que se compadezcan de nosotros y para evitar la confrontación, pero al final eso acaba perjudicándonos. Si hubiéramos sido sinceros desde el principio, habríamos ahorrado muchas horas de estrés y el problema ya estaría resuelto. Cuando respondes con el típico “estoy bien”, sin que sea verdad, la ansiedad aumenta. Detener el aumento de la ansiedad y el estrés empieza por ser sincero.
  9. Nadie es feliz todo el tiempo: Podemos sentirnos bien con nosotros mismos, pero nadie es verdaderamente feliz todo el tiempo. Incluso las personas más positivas y motivadas tienen días malos. Por tanto, no tengas miedo a llorar ni a ponerte triste, siempre y cuando después tengas las herramientas suficientes para volver a sonreír y tirar hacia adelante. Los días buenos y los días malos son parte intrínseca de la vida.
  10. Vive el momento (Carpe Diem): Deja de recordar cómo eras antes. No rememores constantemente momentos felices del pasado. Seguro que si pudieras viajar en el tiempo, te darías cuenta de que ese momento no fue tan mágico como ahora recuerdas. En vez de centrarte en lo mejor del pasado, céntrate en vivir un presente apasionante. Julie aconseja escribir diariamente tres cosas buenas que te hayan pasado. Así, al final de mes, podrás comprobar que vives muchas más cosas buenas de las que crees.
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