Cómo preparar el kéfir en casa

kéfirSeguro que habéis escuchado hablar del kéfir. ¿Es un yogur? ¿Es leche? ¿Es un lácteo? También os habrán dicho que es muy saludable, pero no sabréis por qué. En primer lugar, es importante destacar que el kéfir es un producto lácteo fermentado mediante hongos y bacterias, procedente de la región del Cáucaso, es decir, de la región que separa Europa Occidental de Asia.

Los gránulos de kéfir, muy similares en aspecto a los granos de una coliflor -aunque más blandos y gelatinosos-, son una masa biótica que combina bacterias, levaduras, lípidos y proteínas, entre otros microorganismos. Esta masa, en contacto con la leche y transcurrido el tiempo necesario, ‘fabrica’ una bebida espesa similar al yogur, de sabor agrio, pero de reconocidas propiedades probióticas.

¿Cómo conseguirlo?

Obtener el hongo del kéfir no es tarea sencilla. Aunque sí es factible encontrar yogures de kéfir en algunos supermercados como Mercadona o Carrefour, puede que tengan ingredientes que vayan más allá del kéfir natural. Otro lugar donde poder comprar kéfir de primera calidad ya listo para comer es en El Cantero de Letur, una pequeña empresa agrícola y ganadera de alimentos ecológicos, situada en Letur (Albacete), pero que vende y envía a toda España.

Sin embargo, encontrar el nódulo,  es decir, el hongo que te permitirá fabricar tu propio kéfir en casa no es nada fácil, puesto que no es un alimento que esté todavía expandido por nuestro país. La solución más factible es que preguntes en los herbolarios de tu barrio o ciudad y en grupos de consumo vegetarianos, pues es un producto muy valorado por estos colectivos y seguro que os pueden ayudar. Además, tanto unos como otros lo suelen regalar para que puedas prepararte el kéfir por tu cuenta.

¿Cómo prepararlo?

Una vez que hayas conseguido el hongo del kéfir, colócalo en un recipiente de cristal (con tapadera) y añade la leche. Siempre mejor leche fresca y entera que desnatada o semidesnatada, pues cuanta menos grasa tiene, más diluido es el kéfir que se genera. También puede hacerse con leche de soja, aunque el sabor no es igual al que produce la leche de vaca, cabra u oveja. Hecho esto, cierra el tarro y guárdalo en un armario donde no le dé la luz durante unas 24 horas. Cuanto más tiempo lo dejes, más espeso y fuerte se hará, aunque no es necesario sobrepasar ese tiempo. Eso sí, hay que tener en cuenta en verano, por el calor, trabaja más rápido que en invierno.

Pasado ese tiempo, cuela la bebida obtenida y salva el hongo para ponerlo de nuevo a producir kéfir. La bebida resultante aguanta dos o tres días en la nevera y gana mucho en frío. No es necesario que laves el tarro donde prepares el kéfir, ni, mucho menos, el hongo, que no puede tener contacto con el agua. Por eso, en caso de que laves el tarro, asegúrate de secarlo muy bien.

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¿Cómo conservarlo?

Los gránulos o nódulos de kéfir, es decir, el hongo, ha de conservarse fuera del frigorífico. Pueden estar juntos como una coliflor o separados. Como verás, los granos no dejan nunca de crecer y siempre van formando un microorganismo mayor. El tamaño perfecto para que trabaje sin problemas es el de una pelota del tamaño de una albóndiga. Si ves que el hongo crece con mucha rapidez y que no tienes a quién regalarlo ni lo quieres tirar, puedes congelarlo con un poco de leche.

Para revivirlo, ponlo en la nevera, en la parte menos fría hasta que se descongele. Una vez descongelado, sácalo del frigorífico y ponlo en leche. Pero no te bebas ese kéfir. Tíralo y vuelve a dejarlo en leche. Esta segunda “producción” tras el proceso de congelado sí es apta para tomar. Lo bueno es que puedes congelar y descongelar el hongo tantas veces como quieras. Eso sí, si algún día compruebas que ya no fermenta la leche o que su olor ha cambiado, tíralo. Tu kéfir ha muerto. Aun así, si lo cuidas es muy raro que esto ocurra.

¿Y qué beneficios tiene?

Se ha escrito mucho sobre los beneficios del kéfir. No cabe duda de que los tiene. Ahora, cuáles sí o cuáles no es un debate difícil de abarcar. Parece demostrado que como antioxidante natural, aporta beneficios a la piel e incluso mejora algunas afecciones cutáneas. Asimismo, ayuda a limpiar los vasos sanguíenos, por lo que favorece la salud cardiovascular, y mejora las funciones cerebrales, pues mejora la concentración, la memoria y los reflejos. Además, como alimento probiótico, mejora la flora intestinal y la estimulación del sistema inmunológico. Igualmente, destaca también por aportar importantes mejoras en la intolerancia a la lactosa e incluso en el estreñimiento, la diabetes y el insomnio.

En definitiva, si navegáis un poco por Internet podréis encontrar multitud de artículos donde analizan los diversos beneficios de tomar kéfir, pues varía también según el tipo de leche que se utilice. Por último, en cuanto a las contraindicaciones, conviene avisar de que debido a su alto contenido en vitamina K, las personas que tomen anticoagulantes deben reducir su consumo a un vaso diario como máximo.  Así que, no lo dudes: pon el kéfir en tu vida.

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