¿Es cierto que todos padecemos trastornos mentales?

trastornos mentalesHace unos días, el Hospital de Bellvitge de L’Hospitalet de Llobregat hizo público un completo informe en el que aseguraba que los trabajadores autónomos son los que mayor probabilidad de sufrir una incapacidad laboral de larga duración por trastorno mental. Le seguían los trabajadores mayores de 50 años. Este análisis, que es el mayor realizado en España sobre bajas médicas y salud mental, demuestra cómo la precariedad laboral y la explotación -o autoexplotación en el caso de los trabajadores autónomos- puede dañar gravemente nuestra salud. Pero, ¿tantas enfermedades mentales existen?

Decía el filósofo y líder espiritual hindú Jiddu Krishnamurti que no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. Y razón no le faltaba. En una sociedad tan individualista y competitiva como la nuestra, el estrés y la ansiedad son síntomas cada vez más frecuentes en la ciudadanía. Decía Margaret Thatcher, la gran impulsora del liberalismo económico que hoy rige el mundo occidental, que la felicidad consiste en estar sobrecargado. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Estamos acostumbrados a vivir bajo presión. Una presión que antes o después nos pasa factura. En la escuela ya nos enseñan a que hemos de ser los mejores, algo que se extrapola después a todos los ámbitos de nuestra vida, principalmente en el trabajo, donde la presión por no perder el empleo, unido a la precariedad reinante, obliga a muchas personas a ir al tajo incluso estando enferma. Estas altas dosis de presión, acompañada de los bajos ingresos, las deudas y el aumento del desempleo han disparado el número de enfermedades mentales.

Otro estudio publicado el pasado año en la revista Journal of Epidemiology & Community Health encontraba relación entre las preocupaciones económicas y el padecimiento de trastornos depresivos y ansiedad. Este estrés de origen económico es un trastorno relativamente nuevo, pero que cada vez afecta a más personas. Quizá este tipo de problemas ha existido siempre, sin embargo, nunca se han considerado enfermedad. Y aquí está el quid de la cuestión.

Trastornos ‘modernos’

En las últimas décadas, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales -conocido por sus siglas en inglés DSM-, ha crecido considerablemente. Este manual, publicado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, contiene una clasificación de los trastornos mentales. Pues bien, si hace apenas 30 años ese listado englobaba a unas 170 enfermedades mentales, en la actualidad está cerca de superar las 400. ¿Somos todos enfermos mentales?

Esta última pregunta, con la que también titulo este artículo, se la hace también el doctor Allen Frances, ex director del IV DSM. Concretamente, se la formuló al leer la quinta edición, publicada en 2013. Para este prestigioso doctor, la edición que coordinó en 2001 fue todo un éxito porque no sucumbió a las presiones de la empresa farmacéutica: “Fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar nos felicitamos convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo”, rememoraba en una entrevista concedida al diario El País en 2014. “Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas”, reconoce Frances. “El resultado es una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil”, añade.

No podemos obviar, por ejemplo, que desde que se impulsó el DSM V se generalizó el hecho de recetar anfetaminas para tratar el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Aunque hay muy pocos estudios sobre el tema, en 2009, Holanda publicó un estudio en el que aseguraba que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo? Lógicamente, no. Todo un negocio para la todopoderosa industria farmacéutica.

Pero hay más. Las patologías que recoge el DSM como supuestos trastornos mentales afectan, seguro, a la mayoría de la población. Si frecuentemente olvidas cosas, no es que seas despistado, es que tienes una predemencia. Si a veces te pegas un atracón de comida, no es que disfrutes con la gastronomía, es que tienes el síndrome de comedor compulsivo. Y si cuando muere algún ser querido te sientes triste durante más de siete días, no es que estés compungido, es que has caído inevitablemente en una depresión. “Es absurdo”, reconoce Frances. “Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales”. Trastornos mentales que son medicados y, en muchos casos, cronificados. Desgraciadamente, los antidepresivos están a la orden del día, pues el sufrimiento genera negocio. Tanto es así que, a pesar de que la Medicina es una ciencia que siempre ha acompañado al ser humano, el primer antidepresivo no vio la luz hasta el año 1955. ¿No había antes de esa fecha personas deprimidas?

Desde entonces, la industria no ha dejado de crecer. Tanto es así que algunos antidepresivos como el Prozac han pasado a formar parte del acervo cultural de la sociedad occidental. ¿Es todo una mentira? “Las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras”, decía esta misma semana el prestigioso psiquiatra Enrique González Duro en una conferencia en Madrid sobre esta temática. “Cuantos más antidepresivos salen al mercado, más personas depresivas hay”, aseguraba.  No cabe duda de que los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos, pero no ayudan a los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. Por tanto, solo nuestra responsabilidad podrá poner freno a tanto descontrol.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *