El sueño de Marilyn Monroe: cuando el insomnio es tu peor pesadilla

El sueño de Marilyn Monroe“A veces me pregunto para qué sirve la noche. Apenas existe para mí – toda ella me parece como un día largo, largo y horribleescribió Marilyn Monroe a su psiquiatra Dr. Greenson[i]. Se aproxima el aniversario de la muerte de Marilyn Monroe, el 4 de agosto de 1962, quien padecía insomnio crónico y cuya evolución e ineficaz tratamiento propició el  trágico desenlace, aun sin aclarar del todo.

Según la Organización Mundial de Salud los problemas relacionados con el sueño son una pandemia mundial que afecta al 50% de la población y en España afectan a un tercio de la población. Es un grave problema de salud pública que amenaza la salud y la calidad de vida y las relaciones familiares, sociales y profesionales.

El profesor Manuel de Entrambasaguas miembro de la Unidad de Sueño y el Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital Clínico Universitario de Valencia, ha publicado un interesante artículo en la Revista Vigilia y Sueño de la Sociedad Española del Sueño titulado “Insomnio y muerte de Marilyn Monroe” que nos ilustran sobre aciertos y errores a la hora de abordar el insomnio, que puede llegar a convertirse en la peor pesadilla si no se acierta con las causas, diagnóstico, hábitos y tratamientos.

Norma Jean, entonces niña, soñó con ser una estrella de cine y creó a Marilyn Monroe. La caracterización de este personaje se basaba en la apariencia (maquillaje, peinado, vestuario), una forma premeditada de moverse, posar y hablar, y el privilegio de una fotogenia intrínseca acompañada de una absoluta comprensión del arte de la fotografía.

Marilyn Monroe desarrolló insomnio crónico durante su ascenso a la fama a raíz  de un problema de pánico escénico y la posterior adicción a barbitúricos en los que se inició por la facilidad para obtenerlos. En ese periodo daba una gran importancia al sueño nocturno para presentar un buen aspecto en su trabajo. “Necesito dormir. Mis admiradores me quieren glamourosa. No les decepcionaré” declaró. Situación compleja de manejar para una personalidad insegura, que provenía de una familia desestructurada, sin saber con certeza quién era su padre, pero con un gran deseo de superación personal y autoexigencia.

Tomó medidas de higiene del sueño. La primera y más obvia: evitar la luz para seguir el ritmo circadiano.  Según nos cuenta el profesor Entrambasguas, “su amigo Ralph Roberts, cuyos masajes terapéuticos la relajaban, colocó forros opacos detrás de las cortinas de su dormitorio para bloquear la luz del día. En la foto tomada por la policía en su dormitorio tras su muerte parece distinguirse un antifaz en su mesilla de noche. En esa misma fotografía se ve un pañuelito colocado encima de la pantalla de la lamparita, lo que sugiere que buscó atenuar la luz la noche en que falleció”. La segunda: evitar ruidos. “En su última vivienda contaba con dos líneas telefónicas, una de uso general y otra personal. Cuando decidía que era el momento de dormir, llevaba ambos teléfonos al vestidor, situado detrás de su dormitorio, y los tapaba con cojines para evitar que alguna llamada pudiera despertarla”. Sin embargo había otros hábitos que podían perjudicar su hábito de sueño. Por ejemplo, tenía tocadiscos, teléfono y televisión  en su cuarto, para las noches de insomnio poder hablar con sus amigos o escuchar música. En la foto tomada por la policía la noche de su muerte muestra que tenía un reloj despertador en su mesilla, con manillas que parecen fluorescentes, y “podemos imaginarla viendo pasar las horas nocturnas en angustiada vigilia.”

Necesitada de solucionar su problema de insomnio buscó terapia psicológica de apoyo, en concreto del psicoanálisis como vía de autoconocimiento personal y mejora interpretativa, muy extendido en esos momentos en EEUU. Sus psiquiatras basaron su tratamiento en el psicoanálisis freudiano y en un uso intensivo de fármacos, sobre todo barbitúricos.  El círculo vicioso de insomnio y ansiedad, contaminado por la dependencia de fármacos sedantes y de sucesivos psicoanalistas fue empeorando, complicado por la aparición de episodios de depresión en relación con problemas de salud, personales o laborales.

El inicio de su adicción pudiera ser que a la vuelta del viaje de exhibición con Joe DiMaggio a Japón y Corea, donde actuó para las tropas, presentó problemas para dormir por el jet lag, y un amigo, Sidney Skolsky, que poseía una oficina en la farmacia Schwab’s de Sunset Boulevard, le habría proporcionado muestras gratuitas de barbitúricos para ayudarla a conciliar el sueño. Es después del rodaje de ‘La tentación vive arriba’ cuando se hace evidente el pánico escénico que la bloquea y que arrastrará durante toda su carrera, el cual le causa insomnio la víspera del rodaje de escenas particularmente difíciles, y contribuye a que llegue tarde al estudio, motivo por el que fue finalmente despedida.

La relación médico-paciente con los psiquiatras y psicoanalistas freudianos –Greenson y Engelberg – que la trataron fue anómala. Nos cuenta Entrambasguas que éstos compartieron los siguientes rasgos, siempre a evitar por un terapeuta: la interferencia absoluta en la toma decisiones de su vida privada y profesional, el enorme beneficio económico recibido por sus tratamientos basados en el psicoanálisis, y el uso intensivo de fármacos. El Dr. Engelberg la sedaba con barbitúricos y a continuación la espabilaba con anfetaminas. A su regreso a Los Ángeles desde la costa Este, visitó al Dr. Greenson por primera vez tras un mes sin tomar medicinas; “al parecer entró contenta en la consulta y salió de la sesión llorosa y deprimida. Cuando al día siguiente recogió el ‘globo de oro’ a la estrella femenina favorita del mundo, lo hizo bajo los evidentes efectos del alcohol y de fármacos psicótropos. La atribución a Marilyn Monroe por parte de sus médicos de diagnósticos psiquiátricos simultáneos y dispares (bipolar, borderline, paranoide, adictiva y esquizofrénica) obvia el efecto y las consecuencias de la medicación que de ellos recibía de manera crónica. Resulta difícil aceptar que una persona que procedía de una familia desestructurada, criada en hogares de acogida y un orfanato, y que no tuvo acceso a una educación formal hubiera conseguido lo que ella logró si hubiera padecido algo tan limitante como un trastorno psiquiátrico. Pero, sobre todo, uno se pregunta qué cerebro o qué organismo puede ser capaz de resistir tal cantidad de fármacos durante tanto tiempo sin que aparezca una grave complicación. De esta manera, una tormenta perfecta comenzó a gestarse.

Marilyn Monroe era una excelente actriz de comedia, espontánea e intuitiva, y cabe preguntarse si era necesario para su carrera profesional y su bienestar personal, una aproximación a la interpretación basada en planteamientos psicoanalíticos, como se hizo desde el Actors Studio, cuyo entorno, a través del coaching interpretativo, también obtuvo importantes beneficios económicos de la actriz atrapada en el insomnio, la ansiedad y la falta de seguridad en sí misma.

En los últimos meses de vida, Marilyn Monroe fue tratada con cerca de una docena de psicofármacos, sobre todo barbitúricos, pero también hipnóticos y, ocasionalmente, anfetaminas. Los fármacos complicaron la evolución del insomnio y ejercieron un efecto negativo sobre su salud general y su comportamiento, situación que suelen ignorar los diversos diagnósticos psiquiátricos que se le otorgan. Dada la falta de control médico, la presencia de intereses económicos y políticos, por la conocida relación con los hermanos Kennedy, y ser una paciente que creía tener un control razonable sobre su consumo de fármacos, la aparición de una complicación grave sólo era cuestión de tiempo, y finalmente aconteció la noche del 4 de agosto de 1962.


[i] MONROE M.: Carta al Dr. Greenson, con fecha de 1 de marzo de 1961. En: Fragmentos. Poemas, notas personales, cartas. Seix Barral.,2010: 234.

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