¿Se puede tener cáncer y ser feliz? Sí

¿Sé puede tener cáncer y ser feliz? sí.

Mariquita de la suerte

“No hay evidencia de enfermedad”, es lo que me dijo el médico hace menos de un mes después de haber realizado un PET de control tras la última sesión de quimioterapia. Me dio la impresión de que no se lo creía mucho, o quizás tenía un mal día. No lo sé. Y es que era para no creérselo.

Había tenido una grave recidiva de un tumor anterior, sufrí una operación de la que tardé varios meses en recuperarme y recibí el posterior tratamiento de quimioterapia.

Os pongo en antecedentes. Hace siete años me diagnosticaron un cáncer muy avanzado. Fue silente hasta el último momento, para ir mostrando maneras. “Tienes un cáncer” me anunció el doctor inmediatamente después de subirme del quirófano tras once horas de operación. Yo no le dí mucha importancia porque estaba totalmente “colocada” por la morfina, alucinaba y hacía bromas con mi hermana. Quizá fue la primera escaramuza, y la vencí con buen humor. A los dos días me levanté porque decidí irme de ahí cuanto antes; daba paseos totalmente doblada y agarrada al palo del gotero. Cuando vino el oncólogo le hice dos preguntas para pasar página cuanto antes: “¿Podré tomar el sol?, porque es final de curso y estoy muy cansada” y “¿Cuánto tiempo tardaré en trabajar? ¿Podré trabajar durante el tratamiento? porque puede que me echen”. Creo que el médico pensó: ésta no se entera. Llevaba razón porque había decidido que, ya que la enfermedad no tiene cura, había que vivir la vida con intensidad. Dios solo te la da una vez.

“¿Por qué no escribes lo que estás viviendo?, le puede ayudar a mucha gente” me han dicho con frecuencia. Y es que son muchas las personas y sus familias a las que, sin preaviso, el cáncer interrumpe sus vidas: alterando planes, trabajos, rutinas y relaciones. Me he decidido a hacerlo. Poner en negro sobre blanco te reafirma en tus decisiones y convicciones. Y contra el cáncer no vale sólo contar con un buen médico, necesitas el apoyo de tu familia y amigos, una gran decisión de vivir y apoyarte en profundas convicciones.

Después de siete años de estrecha convivencia con el enemigo, he de  admitir que hay muchas cosas que no sé, por lo que sirve de poco ser reactivo: llegas tarde. Sin embargo, se puede ir ganando terreno en calidad de vida: cuidando la dieta, el sueño, la estabilidad emocional y el ejercicio, y no ceder ni un milímetro en lo esencial: que el cáncer no te robe la alegría ni inunde de pesimismo tu hogar.

Puedo decir que soy una experta. Unos días hablaré para los que comienzan y otros para los avanzados. Sé que le cáncer no se cura, por ahora, pero ¿se puede tener cáncer y ser feliz? Sí.

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