Calviño lo tiene crudo en España

Difícil tarea la que tiene Nadia Calviño, la vicepresidenta económica del Gobierno, para  sacar adelante el temario de cuestiones que le exige a España la Unión Europea para acceder a los fondos comunitarios del Fondo de Recuperación.

La dificultad tiene dos frentes, uno interno (la división del Gobierno en relación con algunos de los asuntos que demanda Bruselas para reformar la economía española) y el otro externo, es decir, convencer a Europa de que seremos capaces de aplicar un programa (30 puntos centran el eje de las  conversaciones reformistas) con el que obtendremos los 140.000 millones que nos tocan en el reparto  millonario de recursos destinados a sacar a Europa de la crisis y de los efectos de la  pandemia.

El temario que Calviño ha presentado a sus colegas europeos, aunque incompleto (dos puntos están todavía por definir) ha logrado una excelente acogida. Realmente, pocas personas habrá en España, y desde luego en la Administración socialista, que gocen de tanto predicamento profesional y político como la vicepresidenta económica española. Pedro Sánchez ha acertado de plano en su elección como responsable de la conducción de la economía, aunque por desgracia el Gobierno está muy lejos de mostrar una posición unánime en algunas cuestiones que resultan vitales para la gestión de la economía.

Dos de esos puntos delicados son la reforma laboral y la reforma de las pensiones. Bruselas exige pragmatismo y eficacia en la forma de afrontar estos dos asuntos capitales para el impulso de la economía, en particular para el desarrollo de la inversión, del empleo  y de la supervivencia del sistema de la Seguridad Social.  Son los dos capítulos más importantes en donde Calviño tendrá que  trabajar con denuedo para convencer a los dirigentes comunitarios, pero no son ni de lejos los únicos, ya que hay otros relacionados con la educación, la formación profesional o el enfoque del servicio sanitario, en donde España y el Gobierno habrán de desplegar sus mejores artes para convencer a la UE de que habrá reformas y de que estas  contarán con plazos exigentes.

La reforma de las pensiones se está encontrando con notables obstáculos, ya que los sectores  más radicales del Gobierno rechazan las últimas propuestas que se habían planteado con vistas a asegurar  la supervivencia del sistema de pensiones. Ese debate se centra sobre todo en la fijación del periodo de cómputo para el cálculo de la pensión. Elevar el periodo de tiempo para ese cómputo implica una disciplina más exigente y a corto plazo un descenso en las percepciones de los pensionistas, aunque con dos ventajas importantes: la seguridad de que el sistema seguirá con vida tal y como  lo conocemos ahora durante más tiempo y además a corto plazo será menos gravoso para las generaciones jóvenes.

Estos son los  puntos en los que se centran ahora mismo las discrepancias  entre los sectores políticos más representados en el Gobierno. Y es el hándicap con el que Nadia Calviño está negociando en estos momentos un programa de reforma que España deberá afrontar para optar en condiciones adecuadas  e  idóneas  al apoyo del conjunto de la UE.