La Deuda Pública acelera

La Deuda Pública que España ha ido acumulando en los últimos años ha dado un importante salto en los últimos meses y se ha situado ya por encima de los 1,3 billones de euros, es decir, algo más del PIB anual. O sea que para pagar todas las deudas acumuladas hasta el presente, España tendría que destinar a este menester la totalidad del producto nacional, o sea, la suma de todas las tareas que realizamos los españoles en un año, valoradas a precios de mercado.

Aun así no habría bastante dinero, ya que el endeudamiento rondará en la actualidad el 118% del PIB, es decir, faltaría alrededor de un 18% adicional para amortizar todos los créditos y préstamos del sector público. Una tarea ingente que a nadie se le ocurre que pueda cumplirse en una generación y menos aún con el nivel de crecimiento en el que estamos inmersos ahora mismo.

La suma de las deudas que ha asumido el país en estos doce últimos meses (noviembre del año 2020 frente a noviembre del año 2019, ya que los datos más actualizados corresponden al penúltimo mes del pasado ejercicio) ha crecido en cerca de 125.000 millones de euros. Esta es la diferencia entre lo que España, como país, ha gastado y lo que ha ingresado. Más o menos, un 10%. Es el mayor importe de aumento del déficit de nuestras cuentas públicas, es decir, nunca las cuentas de la nación habían registrado en un solo ejercicio un aumento tan acusado de la diferencia entre desfase de ingresos y gastos.

La particularidad de las cifras actuales radica en la situación de anormalidad financiera en la que nos encontramos, ya que una elevada parte de la Deuda Pública que tiene España está a tipos de interés negativos, es decir, que no nos cobran intereses. De no haber sido por esta anomalía, el endeudamiento del país sería a estas alturas difícil de imaginar. No obstante, en uno o dos años se supone que los tipos de interés negativos desaparecerán, lo que nos enfrentará a un horizonte difícil de solucionar.

No obstante, incluso en la hipótesis de que los tipos de interés se mantengan en la situación actual, la devolución de esta deuda se presenta prácticamente imposible por lo que los futuros Gobierno deberán plantearse una acción enérgica en varias direcciones. Una de ellas es un inmediato recorte del desequilibrio entre ingresos y gastos, lo que todavía no ha sido planteado en los Presupuestos, al menos en los más inmediatos, los del año 2021.

La solución de este rompecabezas pasa por una actuación dual que afecte a los ingresos y a los gastos, es decir, aumentando los primeros por encima de lo que está aplicándose en la actualidad y frenando los gastos no financieros. Nada de esto se ha hecho en los Presupuestos del año 2021 por lo que a finales de este año que acabamos de empezar nos encontraremos con una situación bastante similar a la actual, es decir, con un déficit público nuevamente incrementado en torno a un 10% sobre el de cierre del recién finalizado año 2020, rumbo al 120% del PIB, tal y como estiman los analistas económicos.

La austeridad que exigirían unos Presupuestos más próximos al equilibrio que los actuales implicaría una tarea política tan compleja como enérgica, pero mejor será abordarla por voluntad policía propia que en condiciones de emergencia obligada por parte de los mercados. España no está lejos, financieramente, de un estado de suspensión o de insolvencia.