Hoja de ruta para el año 2021

Arranca el año 2021 con unas vacuas expectativas de mejora general que pocos se atreven a concretar. En lo económico hay más indicios de continuidad que de mejora, aunque el consuelo de que las cosas quizás no empeoren, tan mal estaban en la recta final del año 2020.

El centro de las expectativas radica, en todo caso, en el deseado éxito en la lucha contra la pandemia, primero para frenar su avance (algo improbable en las primeras semanas del año recién estrenado debido a los excesos navideños de movilidad y falta de concentración), luego para estabilizar las cifras mientras va ganando terreno la compleja tarea de la vacunación colectiva y, por último, el dominio mayoritario de la enfermedad, lo que pocos se atreven a pronosticar para antes de que finalice el año 2021, eso siempre que los efectos de la vacuna respondan a las estadísticas de curación que han aireado los diferentes laboratorios que han recibido el visto bueno de las autoridades sanitarias.

De lo bueno que cabe esperar para el año 2021, el impacto positivo de la vacunación será por lo tanto el elemento de mayor trascendencia, no solo por la curación y erradicación de la enfermedad sino porque aportará una importante dosis de moral de victoria al conjunto de la sociedad, que habrá demostrado su capacidad de superación ante una de las pruebas más difíciles a las que se ha enfrentado la Humanidad en su larga trayectoria.

Si la prueba se supera razonablemente bien y en plazo aceptable, el impulso de la actividad social y económica podría llegar a deparar un importante crecimiento a la economía mundial por dos razones. La primera será el retorno a la normalidad en la actividades económicas convencionales, lo que de por sí debería facilitar la recuperación de todo lo perdido en el último año. La segunda vendrá de la mano de la fructificación de los cambios a los que la economía habrá de enfrentarse tras los avatares de la pandemia.

Existe la sensación de que algunas o quizás bastantes cosas ya no serán iguales en el futuro. La movilidad de las personas, el teletrabajo, las relaciones entre los países, no son más que algunos de los escenarios en los que cabe esperar cambios, quizás importantes en algunos casos, en la economía y en el funcionamiento de la sociedad, en la productividad y en la velocidad con la que se pueden producir algunos procesos. No es fácil anticipar cuál será la reacción de la sociedad ante estos nuevos esquemas de trabajo pero algunos se empiezan a vislumbrar y ofrecen síntomas claros de cambio. El grado de desigualdad tanto social como geográfica que se han acelerado en los últimos meses demanda un efecto corrector en aras a la eficacia del que no podrán quedar ajenos los países desarrollados.

El año 2021 empieza, además, con dos cambios sustanciales a escala global que habrán de tener una incidencia importante en la economía. Por un lado, el importante cambio político y económico que puede derivarse del cambio en la conducción de la mayor economía del mundo. Estados Unidos afronta una nueva etapa y no dejará de provocar una influencia global apreciable. La segunda mutación radica en el cambio derivado de la ruptura de la Unión Europea con la salida británica de la organización y el probable rediseño de la organización en la que además se producirá un cambio de importancia sustancial, como es la jubilación política de Angela Merkel, el personaje que mayor influencia política ha desempeñado en Europa durante el último decenio.