La Bolsa, un complejo laberinto

La Bolsa española se ha quedado durante el año 2020 a la cola de los mercados internacionales de renta variable. Ha sido una de las más castigadas en el momento más crudo de lña reciente crisis sanitaria (finales de marzo) y ha reaccionado con fuerza, sobre todo en el mes de noviembre, pero sin la fuerza con que lo han conseguido otras Bolas en especial las de Estados Unidos y de algunas economías europeas.

Al indicador bursátil hay que darle algunas vueltas antes de llegar a conclusiones simplistas ya que no todas las economías son comparables a primera vista ni todos los índices bursátiles, en los que se recogen los precios de las compañías cotizadas, son susceptibles de ser equiparados para llegar a conclusiones válidas. El Ibex 35, que es el indicador más representativo de la Bolsa española, perdió este año un 15% mientras el índice de la Bolsa francesa perdía un 6% y el alemán subía un 4%. El índice global europeo, el EuroStoxx 50, ha encajado una caída de en torno a un 5%.

El indicador bursátil británico ha retrocedido algo menos que el español, en torno a un 13%, a pesar de los avatares por los que atraviesa desde hace unos meses la economía de las islas, en medio de una tormentosa separación de la UE, con el famoso Brexit, que conducirá a la economía británica a unos derroteros que los más eminentes expertos consideran de difícil gestión.

Al otro lado del Atlántico, las Bolsas crecían por lo general con fuerza, pero la estructura empresarial de Estados Unidos es muy diferente a la europea y aunque la economía ha tenido una evolución bastante similar, los valores que cotizan en las Bolsas responden a trayectorias muy diferentes. El hecho diferencial más importante es indudablemente el tecnológico, ya que entre las diez mayores empresa del país, que tienen un peso decisivo en los índices bursátiles, la mayoría son empresas del ámbito tecnológico, que a su vez ocupan posiciones de liderazgo internacional y a lo largo de esta crisis sanitaria han logrado capear mejor e incluso beneficiarse de los avatares económicos.

Echando un vistazo un poco detallado a lo sucedido en la Bolsa española durante este año que acaba de concluir se puede observar las enormes discrepancias existentes por su composición no solo entre la Bolsa española y las europeas o americanas sino las fuertes diferencias entre los valores que integran la Bolsa de nuestro país.

En el año 2020, el conjunto de las cotizaciones en la Bolsa española ha perdido un 15% de su valor. Pero de las 35 mayores empresas españolas, dos registraron ganancias que permitieron duplicar su valor de mercado (es decir, rentabilidades por encima del 100% y en un caso del 250%) mientras otro importante grupo de compañías, en especial las del sector financiero y algunas del sector servicios (como empresas hoteleras o del sector aeronáutico) se enfrentaron a fuertes caídas.

Dentro del grupo de los vencedores han destacado las ganancias de las empresas energéticas (las dos más alcistas se dedican a las energías renovables, sector estrella de la Bolsa este año) y algunas otras también destacadas están desarrollando cambios y proyectos importantes en el sector energético. Esta doble composición hace de la Bolsa española un agente económico difícil de comparar con otros mercados. Y además dificulta la formulación de algunos diagnósticos simplistas en los que se achaca la mala evolución de la Bolsa a la difícil situación de la economía.