Dividendos recortados para el año 2021

El año 2020 no ha sido un ejercicio cargado de satisfacciones para los inversores que tienen su patrimonio en Bolsa y que  tienen en el dividendo una de  sus fuentes de ingresos. En términos globales, las empresas cotizadas en Bolsa han reducido a la mitad  su reparto de dividendos entre los accionistas, lo que ha reducido a unos  15.000 millones de euros la renta que  percibirán en conjunto este año a punto de finalizar. Dado que en el año 2019 los dividendos repartidos superaron  los 31.000 millones de euros, las rentas percibidas por los inversores a lo largo de este año se habrán reducido en uno 16.000 millones de euros, una parte importante de cuyo recorte se debe a la prohibición que las autoridades han impuesto a los bancos, uno  de los sectores con mayor capacidad para repartir dividendos en la Bolsa española.

Es un duro golpe para un amplio sector de la clase media española que ha   destinado una parte de su ahorro a acumular  patrimonio, bien en forma de inmuebles, de acciones cotizadas o de  participaciones en fondos de inversiones y en planes de pensiones.   Este patrimonio  no está tan concentrado  como a veces  se afirma en  familias de alto poder adquisitivo sino que  tiene un alto grado de diversificación, que en los últimos  años ha basculado más a favor de las inversiones de tipo  mobiliario (Bolsa, activos financieros de diverso tipo,…)  en detrimento de la típica  inversión inmobiliaria que proporcionaba una renta modesta pero interesante para complementar otras rentas, como la de jubilación.

Este año que ahora termina  va a  suponer un golpe de cierta importancia en estos sectores de la sociedad que viven de las rentas del trabajo y de los ingresos procedentes de rentas pasadas que también procedían del trabajo ya que sirvieron para alimentar el ahorro que ahora aporta un interesante ingreso más o menos sistemático.  Ya se sabe que en esos sectores a los que se ha destinado el ahorro pasado existe un indudable componente cíclico. No se trata de rentas fijas y estables sino que son ingresos que el carácter cíclico de la economía somete a vaivenes cada cierto tiempo.

Y en el año 2020 este vaivén ha sido indudablemente negativo, con un recorte que en el caso de las rentas procedentes de los rendimientos bursátiles ha sido del 50% solo por la vía de los  dividendos. Si a estas se suma el valor de la cartera de inversión ya hemos visto como este año la Bolsa terminará con un recorte de su capitalización de hasta un 15% en términos generales, aunque en algunos momentos del año las valoraciones en la renta variable han  llegado a experimentar recortes superiores al 30%.

La cuestión es que para el año 2021 existen expectativas de mejora de la economía que pueden influir en la subida de los beneficios empresariales y, por lo tanto, existe la esperanza  de que los repartos de dividendos recuperen algo del terreno perdido. En el caso de los bancos posiblemente se mantenga la limitación aunque se han establecido algunos topes que  permitirán usar solamente el 15% de los beneficios.  Pero al margen del caso bancario,   parece bastante probable que el conjunto de los dividendos que repartan la mayoría de las empresas españolas cotizadas supere, aunque sea modestamente, los modestos pagos realizados en el año que ahora finaliza.

Pero las satisfacciones para los inversores y rentistas no van a llegar con la facilidad que algunos esperaban ya que el Presupuesto del año que viene  inaugurará un nuevo tributo destinado a elevar la carga impositiva sobre las transacciones financieras, lo que se estima que puede ocasionar un desgaste, según cálculos del Gobierno, de entre 500 y 1.000 millones de euros en la capacidad para repartir dividendos  durante el conjunto del año. El nuevo tributo, aunque es relativamente modesto, no es sin embargo una noticia estimulante para los inversores ni por supuesto para quienes cuentan con una cierta capacidad de recibir rentas para mantener o mejorar su nivel de vida.