La salida británica de la UE y su impacto en España

La ruptura entre la Unión Europea y Gran Bretaña está resultando bastante más accidentada de lo previsible que ya era mucho. La pandemia ha complicado en gran medida esta salida que casi nadie esperaba que fuera un acontecimiento de alta diplomacia, ya que la aparición en escena del virus ha generado importantes problemas de movilidad en toda Europa, en especial entre el Reino Unido y España, debido al importante flujo de turistas que vive temporalmente en España.

Para mayor complicación, la aparición en escena de una nueva variante del virus ha suscitado importantes problemas, agudizando la separación entre ambas partes con limitaciones masivas en los desplazamientos entre las islas y el continente e incluso provocando un tapón de proporciones gigantescas en los puertos por los que fluye el comercio entre la UE y Gran Bretaña, situación especialmente complicada para los exportadores españoles y para sus clientes británicos, dado el importante flujo de mercancías, en gran parte alimenticias, que asegura  el correcto abastecimiento del país isleño.

Con este clima de dificultades añadidas, la firma del acuerdo para una salida pactada de Gran Bretaña de la UE se ha enfrentado a nuevos desafíos. Quizás estas circunstancias hayan contribuido a acelerar las negociaciones entre las dos delegaciones, unas negociaciones que parecen muy cerca del acuerdo final y que posiblemente han dejado de lado algunas de las diferencias entre las partes para evitar una ruptura caótica y altamente conflictiva, del que ninguno de los dos países dejaría de contabilizar importantes quebrantos.

Para España, el acuerdo final tiene algunos puntos de enorme trascendencia económica, empezando por el más  trascendente, el de los intercambios turísticos, ya que España es una vía de escape para millones de ciudadanos ingleses, que aportan a la balanza de pagos española una importante corriente de divisas cada año, además de las actividades económicas asociadas, como la inversión inmobiliaria y la aportación a otras vertientes de la vida económica, como el consumo privado en nuestro país que protagonizan los turistas ingleses.

La actividad pesquera es otro de los puntos trascendentes de la relación entre ambas partes, dada la intensa actividad que las flotas pesqueras españolas realizan en los caladeros próximos a Irlanda y a Gran Bretaña. No es una fuente decisiva para la flota española, pero tiene un peso apreciable en el acopio de productos alimenticios de nuestro país, parte de ellos destinados a su vez a la exportación.

Hay además algunos sectores de la industria alimenticia que tienen en Gran Bretaña importantes núcleos de clientela que se verían afectados en el caso de que las barreras arancelarias  que se puedan implantar en el futuro provoquen  cambios en los flujos de abastecimiento.También la industria automovilística española, en especial el sector de componentes, cuenta con apreciable volumen de negocio exportador.

La salida de Gran Bretaña de la UE tendrá a la postre un importante impacto en la economía española pero no siempre el balance final debería verse en términos negativos para España. Hay vínculos entre ambas partes que difícilmente se van a desmoronar, al menos en el corto plazo.