Una nueva economía tras la pandemia

La pandemia que estamos viviendo desde hace unos meses está acercándonos a un mundo nuevo en lo económico, algunos de cuyos rasgos característicos son la creciente digitalización de muchas actividades, el aumento de las desigualdades en algunos aspectos de la sociedad y una activación de los movimientos empresariales. Los tres vectores incluyen numerosas vertientes de forma que la movilidad social está conociendo algunos cambios que conducen a avances que en pocos meses han cubierto etapas que hasta hace un año exigían ciclos temporales mucho más dilatados.

Una de las progresiones más llamativas es la relacionada con la movilidad y, en especial, una de sus variantes, el teletrabajo. Se han registrado progresos en este terreno que antes exigían largos meses e incluso años de pacientes avances. Por fortuna, España ha sido uno de los países con una mejor y más amplia red de comunicaciones que han hecho posible un acceso a las redes de internet a más del 90% de la población.

El teletrabajo conlleva algunas consecuencias sociales y económicas muy notables, como la reducción del transporte de las personas y con ello un descenso importante en las emisiones de gases y una mejora del medio ambiente, con implicaciones en la lucha contra el cambio climático. En este terreno, los avances conseguidos en meses son equiparables a los que anteriormente requerían años de esfuerzo y unos costes a veces muy considerables, que ejercían de freno sobre amplios sectores de la economía.

Con los avances del teletrabajo se han puesto también las condiciones para una importante mejora de la productividad y de la eficiencia en algunos sectores, que permiten adicionalmente avances en las tecnologías y en el posicionamiento de sectores enteros. En el sector servicios, sobre todo en el área de la hostelería y el ocio así como en la difusión cultural y el acceso de un nivel más extenso de conocimientos, que no tardará en provocar importantes cambios en el mundo de la educación y la enseñanza.

Una de las consecuencias que se están constatando, aunque solo en sus primeros pasos, es el aumento de las desigualdades entre sectores sociales y entre zonas geográficas, ya que la pandemia ha conducido a fenómenos de aislamiento y de pérdida de oportunidades que no se producían en el pasado, al menos con la intensidad con la que se están empezando a detectar en estos momentos.

A los Gobiernos se les abre una difícil tarea en la corrección de algunas de estas desigualdades, que de momento son la vertiente más negativa en lo económico y social del desarrollo de la pandemia. Puede ser el germen de una polarización política superior a la que se ha estado viendo en los últimos años con el desarrollo de la anterior crisis económica, uno de cuyos resultados menos amables fue el desarrollo de algunos movimientos populistas.

La movilidad empresarial ha sido otra de las consecuencias que se ha visto afectada de forma severa durante esta pandemia, ya que lejos de agrietar la moral de los gestores, las nuevas condiciones económicas y sociales han reforzado los fenómenos de concentración empresarial con el objeto de mejorar la eficiencia de algunas actividades y de aprovechar oportunidades de inversión para las empresas más dinámicas.

En el caso español, por fortuna han sido numerosas las iniciativas de concentración que se han ido desarrollando en los últimos meses, tanto en el plano interno (con diversas fusiones, no solamente bancarias) como en la proyección exterior de algunas compañías que están aprovechando reforzar su expansión no solo en el mercado europeo sino en Estados Unidos (en donde empresas españolas se han situado a la cabeza del impulso de las energías renovables), en Australia y en menor medida en Latinoamérica. La proyección exterior de la economía española recibirá muy probablemente un impulso fuerte como consecuencia de esta crisis.